Gertrude Bell: arqueóloga, espía y fundadora de Irak

Cuaderno de Historias
El Imperio Otomano en los inicios del siglo XX. Tras la IGM fue desintegrándose en diversos Estados (Wikimedia commons)

Hace exactamente un siglo, en los prolegómenos del estallido de la Primera Guerra Mundial, la arqueóloga y aventurera Gertrude Bell se encontraba en pleno Oriente Próximo, justo en un momento histórico en el que comenzaba la desintegración del que había sido el potente Imperio  Otomano. Supo jugar bien sus cartas, convirtiéndose en una de las principales protagonistas en la fundación de Irak.

Era excéntrica,  alocada y con un punto transgresor que hacían que no levantase sospechas sobre su doble identidad, la de espía al servicio de la Corona Británica. Esto le permitía colarse en casi cualquier lugar sin que las autoridades le cortasen el paso. Simplemente era para ellos una fanática de la arqueología en busca de reliquias y antiquísimas ciudades perdidas.

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Gertrude Bell: arqueóloga, espía y fundadora de Irak (Wikimedia commons)

Pero Gertrude de Arabia, como llegó a ser conocida, tenía una importante misión encomendada: conocer el máximo posible sobre las provincias orientales de cara a la formación de nuevas naciones tras el desmantelamiento otomano.

Para el Imperio Británico, el cual poseía algunas colonias en la zona, era de vital importancia tener recopilada el mayor número de información sobre la región con el fin de sacar rentabilidad estratégica de cara a incorporarse nuevos Estados.

Gertrude supo ganarse la amistad y confianza de influyentes personalidades del mundo árabe en una época en la que la mayoría de políticos y diplomáticos tenían el acceso limitado y/o vetado en muchos de los lugares a los que sí llegó a acceder la arqueóloga.

Uno de esos sitios fue el harem de Ha'il, un privilegiado lugar en el que se enteró de múltiples chismorreos, confidencias e importantísimas noticias de boca de las mujeres que allí habitaban, quienes se sinceraron con Gertrude tras ganarse la confianza.

Otra persona clave para sus planes y con la que intercambió numerosísima y valiosa información fue Thomas Edward Lawrence, conocido popularmente como Lawrence de Arabia, otro famoso arqueólogo arabista que trabajó como militar y espía para la Corona Británica.

Tras finalizar la IGM y la paulatina desmembración del Imperio Otomano, que participó en el conflicto bélico como aliado de los imperios Austrohúngaro y Alemán, Gertrude de Arabia tuvo un importante protagonismo en la fundación de nuevos Estados, aportando su experiencia a la hora de marcar los límites de cada frontera.

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El rey Faysal I de Irak fue amigo personal de Gertrude de Arabia (Wikimedia commons)

Hasta la hora de escoger al que sería el líder que dirigiría el destino del recién creado Irak, desde el Reino Unido designaron a Gertrude Bell como ‘administradora colonial’, quien recomendó a Faysal ibn Husayn como candidato perfecto para ser coronado rey durante el conocido como Mandato Británico de Mesopotamia.

Con el tiempo varios son los reproches que han hecho los historiadores a la gestión de Gertrude, entre ellos el haber diseñado unas fronteras alrededor de un Estado en el que han tenido que convivir una amalgama de pueblos, etnias y religiones muy diferentes entre sí (armenios, chiíes, kashgai, kurdos, turcomanos, suníes… por citar tan solo a media docena) provocando numerosos enfrentamientos internos.

Pero a pesar de esto Gertrude de Arabia consiguió ser recordada con afecto por parte del mundo árabe, algo sumamente difícil para la gran mayoría de occidentales y mucho más tratándose de una mujer, cuyo valor como persona, jurídico e incluso simbólico es casi nulo en gran parte de Oriente Próximo.

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El 12 de julio de 1926, a la edad de 57 años, Gertrude Bell fue encontrada muerta en su casa de Bagdad a causa de una ingesta de barbitúricos. Mucho se especuló sobre el motivo de su fallecimiento, señalando algunas fuentes que fue un suicidio provocado por una depresión que sufría desde el fallecimiento de su hermano y la mala situación económica de su familia. Su entierro fue un evento multitudinario al que acudió lo más selecto del mundo árabe, incluyendo su amigo personal el rey Faysal I de Irak.

 

Fuentes de consulta: thedailybeast / RT / latimes