Germania, la supercapital mundial que Hitler soñó construir

Alfred López
Cuaderno de Historias

Desde su llegada al poder, Adolf Hitler tuvo una obsesión que crecía con del tiempo: convertir a Alemania en la primera potencia mundial y construir una supercapital a la que llamaría Germania, siendo esta el fiel reflejo de los delirios de grandeza y ambición que padecía el Führer.

Para llevar a cabo tan ambicioso y colosal proyecto contó con la fiel colaboración del joven arquitecto Albert Speer. La estrecha colaboración entre ambos hizo que los primeros proyectos diseñados salieran adelante y viesen rápidamente la luz.

Las edificaciones debían ser un símbolo de prosperidad y grandeza del país bajo la supremacía nazi. Hitler deseaba que todos aquellos edificios que ideaba y transmitía a Speer fuesen construidos de manera majestuosa y con los mejores materiales. Su obsesión era crear lugares impresionantes que  intimidaran y sobrecogieran a sus visitantes; un símbolo de supremacía en la que él era su principal artífice.

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El objetivo estaba claro: copiar aquellas construcciones más simbólicas del planeta para levantarlas más grandes y mejores. Entre las primeras construcciones se encontraba la sede de las concentraciones nazis, construida en Núremberg, una mastodóntica construcción varias veces mayor que su inspiración, el Altar de Pergamo. Otra de las obras más deseadas por Hitler era el estadio olímpico. El dictador puso todo su empeño de cara a los JJ.OO que Berlín acogería en 1936, uno de los acontecimientos con mayor proyección mundial.

Berlín desde 0

El Führer detestaba Berlín como ciudad, ya que tan solo el 25% de sus ciudadanos le habían apoyado en las elecciones de 1933. Consideraba a la capital un lugar decadente, despreciable, y quería destruirla totalmente para construir una urbe indestructible, capital mundial y envidada por el resto de potencias europeas.

Otro de sus faraónicos proyectos fue la construcción de la Cancillería del III Reich, un lugar destinada a albergar su puente de mandos a la hora de dirigir el planeta. El edificio fue construido en un tiempo record de un año por más de 4.000 obreros que trabajaban día y noche para acelerar la finalización del edificio. Como reflejan las cifras el esfuerzo en mano de obra era mayúsculo, así como los esfuerzos y recursos de sus ingenieros.

El granito era el material preferido para todas esas nuevas edificaciones, pero se encontró con el problema de que no había suficiente en el país como para satisfacer los diferentes proyectos arquitectónicos. Ante la posibilidad de quedarse sin abastecimiento de ladrillos (su materia prima principal) mandó crear una fábrica en el Campo de Concentración de Sachsenhausen, donde los prisioneros trabajaban como esclavos día y noche.

Existían más planos y maquetas ideadas por Speer, pero el inicio de la Segunda Guerra Mundial frenó la construcción de muchas de ellas y acabó con parte de lo que ya había sido edificado. Uno de los proyectos que no llegaron a construirse estipulaba el levantamiento de un Arco del Triunfo en pleno centro geográfico de Germania que imitaría al que se encuentra en París, pero con dimensiones que doblaban el alto y cuatriplicaban el ancho del original.

La Gran Sala debía ser la gran construcción arquitectónica de la supercapital mundial, una cúpula abovedada tan grande y majestuosa en cuyo interior podría caber la Torre Eiffel y con una capacidad para albergar a 180 mil personas. El proyecto debía simbolizar la grandeza del imperio nazi, algo que no llegó a ver la luz tras la pérdida de la guerra por parte de los alemanes.

A raíz del documental "La superciudad de Hitler" de la serie 'Mundos perdidos' del Canal Historia.