Gatito Acústico, la fracasada operación que avergonzó a la CIA

Alfred López
Cuaderno de Historias

Durante los años de la Guerra Fría el dinero gastado por ambos bloques para realizar innumerables proyectos de espionaje y contraespionaje fue astronómico, quintuplicando en la mayoría de los casos al presupuesto destinado en sanidad, educación y otras partidas básicas.

Lo triste del asunto es que la mayoría de esos proyectos se quedaron por el camino, tras haber invertido un gran número de años, esfuerzos, personal y sobre todo dinero. Uno y otro bando ponían en marcha hilarantes operaciones, que más bien parecían haber nacido de la mente de cualquier guionista de Hollywood.

El hecho de tener información privilegiada y de primera mano, para así poder situarse por delante del rival, hacía que los gobiernos (tanto norteamericano como soviético) no escatimasen en gastos a la hora de invertir en nuevos métodos y tecnología.

[Relacionado: Los perros-bomba que los soviéticos utilizaban contra los tanques del ejército nazi]

Uno de esos fracasados proyectos es el que llevó a cabo la CIA, entre los años 1961 y 1966, y que fue bautizado con el nombre de “Gatito Acústico” (Acoustic Kitty), una operación que consistió en convertir a un entrañable minino en un micrófono andante, para así poder grabar todas las conversaciones potencialmente peligrosas que mantuvieran personas afines a los intereses de la Unión Soviética en lugares públicos.

La operación estaba más cerca de ser un guión cinematográfico que de la realidad, pero finalmente se hizo todo lo posible para llevarlo a cabo, ante la convicción de su éxito final, por parte de los equipos de investigación de la CIA a cargo del proyecto.

A lo largo de cinco años y con un presupuesto gastado que se acercó a los 20 millones de dólares, se experimentó quirúrgicamente con un gato al que se le instaló un pequeño micrófono en su pabellón auditivo, con un cable que recorría toda su columna hasta llegar a la cola, la cual se modificó para convertirla en una antena, y otro cable que llegaba hasta el pecho del animal, donde se le colocó un transmisor y las baterías.

Las primeras pruebas realizadas acabaron en un fracaso absoluto, debido a que el minino, en lugar de situarse cerca del objetivo a espiar, se dedicaba a buscar comida por los alrededores, algo que pudieron subsanar a través de una nueva operación quirúrgica que anuló la sensación de hambre del animal, pudiendo así centrarlo más en su cometido.

Cuando no era otro animal que pasaba por allí era cualquier ruido, pero la cuestión fue que, una tras otra, las pruebas realizadas no llegaban a buen término por las continuas distracciones del gato, con lo que se invirtieron un gran número de horas y recursos en adiestrarlo, con el fin de que el animal obedeciera todas las órdenes dadas por sus instructores y realizase la misión impecablemente.

Tras cientos de pruebas llegó el momento en el que se tenía que llevar a cabo una misión utilizando al ‘gatito acústico’. La CIA conoció el encuentro entre dos espías que se realizaría en un parque en las inmediaciones de la Embajada de la URSS, así que puso en marcha todo el dispositivo y se soltó al felino desde una furgoneta aparcada al otro lado de la calle.

Tal y como estaba cruzando para dirigirse a su objetivo, el gato espía fue atropelladlo por un taxi que pasaba en aquel momento por allí, matando en el acto al pobre animal.

Perplejos y estupefactos, los agentes de la CIA salieron rápidamente de la furgoneta y recogieron el cuerpo sin vida, con la intención de que no fuese interceptado por los soviéticos y descubriesen su elaborado plan de espionaje.

[Relacionado: El experimento de Muroc Lake: los murciélagos bomba]

Todo un fiasco que costó millones de dólares al erario público de los Estados Unidos y cinco largos años de investigación, adiestramiento y puesta en marcha. Un año después, en 1967, se canceló definitivamente el proyecto, convirtiéndose en toda una vergüenza para los miembros de la CIA que participaron, quedando archivado como secreto de Estado hasta el 2001, año en el que se desclasificó solo parte de la información.

Posiblemente en los documentos que quedan por desclasificar sobre este asunto se podría comprobar cómo se realizaron otros muchos experimentos con otros animales, algo cruel e inservible como quedó demostrado al ver el nefasto resultado de la operación gatito acústico.

Fuentes: mentalfloss / gizmodo