Enrico de Pedis, un padrino enterrado entre Papas

Alfred López
Cuaderno de Historias

La ficción está llena de momentos cinematográficos o literarios en el que se vincula a grandes capos de la mafia con miembros de la jerarquía eclesiástica. Unos personajes despiadados que ordenan secuestrar o asesinar a alguien, algo que se contradice con la imagen de devoción religiosa que realmente muchos de ellos profesan.

Es una de esas situaciones en las que se puede aplicar esa expresión tan repetida que dice: "A Dios rogando y con el mazo dando"…  Y es que son muchos los casos en los que la realidad supera la ficción y deja de ser un simple estereotipo sacado de una novela o un film.

Enrico de Pedis es uno de esos casos en el que un importante miembro de una organización criminal tiene un fuerte vínculo con la Iglesia, hasta tal punto que, tras morir asesinado, se arregló todo para que fuese enterrado en la Basílica de San Apolinar de ciudad de Roma, un lugar exclusivo y destinado al descanso eterno de papas y cardenales.

[Relacionado: Un cráneo enterrado en el jardin resuelve un asesinato de 1879]

Enrico (conocido familiarmente como Renatino) fue una de las piezas fundamentales de una organización criminal que operó a lo largo de 14 años en la ciudad de Roma (1976-1990), siendo uno de los cabezas visibles de un grupo mafioso conocido como la 'Banda Magliana'.

Durante los años 80, Renatino  lideró la banda de un modo que no satisfacía a otras fracciones de la misma que estaban repartidas a lo largo de la capital italiana.

Varios fueron los miembros de su propia banda que prometieron acabar con la vida de Enrico y el ansiado ajuste de cuentas llegó el 2 de febrero de 1990, momento en el que fue acribillado a balazos por dos sicarios contratados por ex compañeros de la banda Magliana.

No obstante, antes de fallecer muchos fueron los crímenes que llevaron el sello inconfundible de Enrico de Pedis, un personaje que consiguió mantener fuertes vínculos de amistad y negocios con importantes miembros de la iglesia romana, estando detrás de las guerras de intereses que había entre importantes miembros del  Banco Ambrosiano, propiedad de la Santa Sede.

A menudo se ha vinculó a Renatino  con la desaparición en 1983 de Emanuela Orlandi, una adolescente de 15 años e hija de un funcionario que trabajaba para el Vaticano. Mucho se ha especulado sobre que el secuestro de la joven se debía a un intento de chantaje por parte de la banda Magliana para que se liberase a Alí Agca, autor del atentado, contra el Papa Juan Pablo II el 13 de mayo de 1981.

El asesinato de Enrico de Pedis en 1990 fue el primer paso para la disolución definitiva de la banda Magliana, yendo a parar sus miembros a otros clanes criminales que operan en la ciudad de Roma.

En un principio, el cuerpo de Renatino fue enterrado en el Cementerio monumental del Verano de la capital italiana, pero unas importantes gestiones por parte de su viuda, acompañadas de una suculenta y generosa donación de más de 660 mil dólares al cardenal Ugo Poletti, hizo que, secretamente, los restos mortales de Enrico de Pedis fueran trasladados hasta la Basílica de San Apolinar, lugar donde también reposan insignes miembros que alcanzaron los más altos honores dentro de la cúpula del la Santa Sede.

Fuente: librered