El Washington que pudo ser

Alfred López
Cuaderno de Historias

Washington es una ciudad imponente, llena de importantes edificios, impresionantes monumentos y grandes obras arquitectónicas.

Pero la capital de los Estados Unidos podría ser muy diferente a lo que es hoy en día, y su paisaje urbano distar mucho de cómo lo conocemos actualmente. Un buen puñado de proyectos arquitectónicos se quedaron por el camino, pero de haberse dado el visto bueno, hoy en día se podría admirar un Washington diferente al que realmente hay.

Gracias a la recopilación que ha hecho el National Building Museum se han recuperado un número importante de diseños y proyectos para construirse en la ciudad y los ha presentado al público a través de una interesante exposición llamada "Unbuilt Washington" (Washington sin construir).

Entre las propuestas que no vieron la luz está un memorial en homenaje a Abraham Lincoln, un vistoso monumento en forma de pirámide escalonada que fue diseñado en 1912 por el arquitecto John Russell Pope y el cual nos lo encontraríamos junto al río Potomac y en el mismo lugar que hoy tiene su emplazamiento el conocidísimo monumento en forma de templo griego, también dedicado al que fuera decimosexto Presidente de los Estados Unidos, y en el que Martin Luther King dijo su famosa frase "Yo tengo un sueño" y que pronunció el 28 de marzo de 1963.

El monumento dedicado a otro de los padres de la patria, George Washington, también sería muy diferente a como finalmente se construyó en 1848. Dos años antes se había presentado un proyecto en el que el famoso obelisco iba a ser muy diferente al actual. El primer boceto presentado por el arquitecto, Robert Mills, daba una altura de 183 metros, en lugar de los 169 que finalmente tuvo.  En la base habría una estructura circular con 30 columnas, una por cada estado de la Unión que había en 1845 y,  sobre ésta, una estatua del presidente Washington en un carruaje tirado por caballos.

En 1959, el arquitecto Edward Durrell Stone presentó el que tendría que haber sido el Centro Nacional de Cultura que años después acabó siendo el conocido Kennedy Center y que se inauguró en 1971. El diseño estético era muy diferente, teniendo una fisonomía mucho más curvilínea en lugar del edificio rectangular que terminó siendo.

Durante la última década del siglo XVIII muchos fueron los que presentaron sus proyectos para construir el Capitolio, el lugar donde se discutirían y aprobarían las leyes que debían regir el país. Incluso Thomas Jefferson presentó el suyo propio, pero entre los múltiples diseños destaca el de James Diamond; un edificio al que bautizaron con el nombre de "el grito del pollo" debido a la veleta con un gallo que había situado en la cúpula.

La Casa Blanca también tuvo otras opciones a la hora de ser escogido el diseño que llevaría finalmente el edificio que debía albergar el lugar de residencia y despachos del Presidente de los Estados Unidos.

Entre 1922 y 1930 se llevo a cabo el ambicioso proyecto de erigir un memorial en homenaje a las madres. Un faraónico diseño que finalmente no vio la luz a causa de la grave crisis que originó la Gran Depresión y la falta de suficientes donaciones.

Pero, sin lugar a dudas, uno de los proyectos arquitectónicos más estrambóticos presentados para transformar la imagen urbanística de Washington, fue el que presentó Léon Krier en 1984, con motivo de la celebración del bicentenario de la capital y con el que pretendía remodelar la imagen de la ciudad e incluirle unos cuantos elementos que cambiarían su fisonomía; entre ellos un canal de estilo veneciano por el que navegarían góndolas.

Fuentes de consulta y más info: National Building Museum / washingtonpost / dailymail