El soldado japonés que permaneció escondido en la selva durante 28 años

Alfred López
Cuaderno de Historias

Durante la Segunda Guerra Mundial el ejército japonés invadió en 1941 la isla de Guam, en el archipiélago de las Marianas (Océano Pacífico). A lo largo de los siguientes tres años un contingente de 19.000 soldados formó parte de la misión, hasta que, el 21 de julio de 1944, Estados Unidos decidiese recuperarla.

La batalla de Guam duró hasta el 10 de agosto de aquel mismo año, en el que el ejército norteamericano tomó el control de la isla. Hubo muchísimas bajas por ambos bandos y se apresó a un considerable número de soldados nipones. Otros, los más afortunados, pudieron huir.

Pero un pequeñísimo grupo de soldados japoneses quedaron escondidos en la isla. Su honor no les permitía huir ni rendirse ante el enemigo, pero si eran vistos sabían que tendrían un trágico final, como muchos otros de sus compañeros.

Entre ese reducido grupo de hombres se encontraba Shoichi Yokoi, el único de todos ellos que acabaría siendo un superviviente escondido en lo más profundo de la isla a lo largo de los siguientes 28 años.

Se mantuvieron a base de alimentarse de ratas, sapos y todo aquel animal que podían coger, ya que era sumamente peligroso acercarse hasta la playa para pescar. Tras los primeros años, el grupo se redujo a siete personas, que convivieron precariamente a lo largo de los siguientes 20 años. Poco a poco fueron muriendo el resto de integrantes hasta que en 1964, tras el fallecimiento de sus últimos dos compañeros,  el único que quedó allí con vida fue Shoichi.

A partir de ese momento, tendría que hacer frente en solitario a todos los peligros que le deparase aquel lugar, que se había convertido en su hogar tras dos décadas viviendo allí.

Fabricó con todo tipo de materiales que iba encontrando un verdadero entramado de trampas para poder cazar y, en contadas ocasiones, se acercaba hasta el río para intentar pescar alguna anguila.

Fue todo un auténtico proceso de supervivencia que lo llevó a confeccionar su propia ropa con corteza de árbol, gracias a los conocimientos de sastre que había aprendido de joven en Japón.

Construyó un refugio subterráneo que le ayudaba a esconderse cada vez que presentía algún peligro cercano. También era el lugar donde quería que reposasen sus restos en caso de fallecer, ya que, como soldado japonés, consideraba que sería una auténtica deshonra ser apresado y no poder defender al emperador nipón.

El 24 de enero de 1972, mientras se encontraba pescando en el río, fue visto por dos cazadores que pasaban por allí. Al verlos con el rifle Shoichi quiso huir, pero lo redujeron rápidamente. Cuando les explicó todo el relato sobre el tiempo que llevaba oculto en aquel lugar no podían creerle.

Había estado allí cerca de 28 años.

Shoichi Yokoi fue llevado a Japón y se le rindió un homenaje como héroe nacional. Allí, se reencontró con su esposa y fue invitado a participar en numerosos programas de televisión, charlas universitarias e incluso llegó a publicar un libro donde relataba todo lo vivido.

El próximo 23 de septiembre se cumplirán 15 años de su fallecimiento. Las crónicas y obituarios cuentan que nunca llegó  a acostumbrarse a la vida tecnológica y moderna del Japón.

Fuentes: wanpela / BBC

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