El sabotaje alemán al arsenal norteamericano de la isla de Black Tom en 1916

Alfred López
Cuaderno de Historias

Dos años después de haberse iniciado la Primera Guerra Mundial y con Estado Unidos como simple observador de la brutal contienda que se estaba llevando a cabo en gran parte de Europa, un grupo de ciudadanos de origen alemán (leales al imperio del Káiser Guillermo II) llevaron a cabo un acto de sabotaje en territorio norteamericano, con el propósito de destruir gran parte del arsenal armamentístico fabricado para ser vendido a los países que conformaban la Triple Entente (coalición conformada por Gran Bretaña, Francia y Rusia).

El presidente norteamericano Woodrow Wilson quería mantener a su país como neutral en la guerra, al menos hasta que las elecciones a la reelección hubiesen pasado, motivo por el que todavía no habían tomado partido, aunque sí mostrado apoyo a los que serían sus aliados.

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En más de una ocasión Wilson había declarado que esa guerra, ni las causas por las que había estallado, les concernían ni tenían nada que ver con los EEUU. La neutralidad del país no era tampoco escusa para poder hacer negocio y obtener unos pingües beneficios, por lo que se habían puesto en marcha numerosas factorías en las que se fabricaba todo aquel armamento y explosivos que les hacía falta a británicos, franceses y/o rusos para poder ganar la guerra ante las Potencias Centrales conformadas por los imperios austrohúngaro, alemán, otomano y el Reino de Bulgaria.

Por tal motivo, desde el Imperio Alemán, se planeó atacar y destruir el lugar en el que se encontraba almacenado todo ese material armamentístico, para lo cual se preparó a un grupo de agentes secretos que hasta allí fue trasladado y que, junto a un grupo de emigrantes alemanes que residían en las proximidades, lo llevaron a cabo.

En la isla Black Tom (ubicada entre Nueva Jersey y Nueva York y frente a la Estatua de la Libertad y Ellis Island) se encontraba el mayor almacén de material explosivo que se producía en los Estados Unidos. En aquel lugar, la National Dock & Storage Company había levantado una serie de almacenes en los que se depositaba todo el armamento, munición y material de guerra producido por los norteamericanos y cuyo destino debía ser el bloque aliado.

A partir de la medianoche del recién estrenado domingo 30 de julio de 1916 una serie incendios fortuitos repartidos por la isla comenzaron a propagarse alrededor de los almacenes. Poco después tuvo lugar el segundo paso del sabotaje, provocando varias potentes explosiones que se fueron desencadenando a partir de las dos de la madrugada.

Esto hizo que el escaso personal, que en ese momento estaba de guardia, tuviese que repartirse entre los numerosos focos de incendios y explosiones, dejando sin vigilancia aquellos puestos de mayor interés para los saboteadores.

La mayor de las explosiones tuvo lugar a las 2:12 horas, la cual provocó numerosísimos destrozos, no solo en Black Tom, sino que la onda expansiva alcanzó los 40 kilómetros a la redonda, llegando a causar daños en la mismísima Estatua de la Libertad y en un gran número de edificios de Manhattan o Nueva Jersey, como si de un terremoto se hubiese tratado.

Según la versión oficial, se calculó que los daños ocasionados rondaron los 20 millones de dólares (al cambio actual estarían alrededor de los 400 millones), aunque muchas fueron las fuentes que aseguraban que el daño causado fue muy superior, incluso triplicando las cantidades ofrecidas por el gobierno norteamericano, quien ocultó datos sobre lo sucedido, debido a la proximidad de las elecciones presidenciales e incluso se aseguró que, debido a este motivo, la propia administración no reconociese que tenía conocimiento de antemano sobre este sabotaje, aprovechándolo para poder justificar su inminente entrada en el conflicto bélico y como argumento de peso en los debates y mítines electorales (algo que aseguraría la reelección de Woodrow Wilson).

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El ataque a la isla Black Tom es uno de esos casos que ha pasado a la Historia con infinidad de interrogantes sin resolver y con un velo de incertidumbre sobre quiénes fueron realmente los saboteadores. Algunas fuentes apuntan a que un número indeterminado de vigilantes que prestaban servicio esa noche eran de origen germano, por lo que muy posiblemente éstos ayudaron a llevar a cabo el ataque. También existen indicios de la colaboración de algunos nacionalistas irlandeses, cuyo propósito era perjudicar a los intereses del Reino Unido, debido a que la mayoría de material bélico iba destinado al ejército británico.

En la actualidad, la isla Black Tom es conocida como Liberty State Park, un lugar de visita obligada por todo aquel que viaja hasta Nueva York y realiza la típica ruta turística en ferry por las diferentes islas. Tan solo una placa conmemorativa sobre la fatídica noche del 30 de julio de 1916 es lo que queda de aquellos viejos almacenes que sirvieron de depósito armamentístico y cuya explosión sobresaltó en plena madrugada a los ciudadanos de las poblaciones cercanas.

Fuentes de consulta: fas.org / njcu.edu /