El pueblo que fue masacrado como consecuencia de una rabieta de Hitler

Alfred López
Cuaderno de Historias

Durante la Segunda Guerra Mundial muchas fueron las devastadoras consecuencias producidas por los ataques, batallas y masacres que se realizaron por parte de cualquiera de los dos bandos, con unos nefastos resultados que afectaron y acabaron con la vidas de millones de personas inocentes y las poblaciones donde vivían.

El relato que os traigo hoy a este blog ha pasado a la posteridad bajo el título de ‘la masacre de Lidice’ y es una de esas historias que no dejan de indignar y avergonzar por muchas décadas que hayan transcurrido desde que tuvo lugar.

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Los hechos acontecieron en lo que se conocía como ‘Protectorado de Bohemia y Moravia’, por aquel entonces Checoslovaquia y actualmente República Checa. Tras la entrada y toma de control por parte del ejército nazi en toda aquella zona, la resistencia checa se organizó para realizar pequeñas acciones que desestabilizasen a los alemanes.

Para ello, a finales de 1941, fueron captaros varios miembros de la resistencia para ser adiestrados por la SOE (la organización de operaciones especiales británica creada por Winston Churchill). Jozef Gabčík y Jan Kubiš eran dos de esos milicianos dispuestos a combatir al enemigo nazi y que recibieron un específico entrenamiento.

El primer objetivo de Gabčík y Kubiš sería acabar con la vida de Reinhard Heydrich, lugarteniente de Hitler en la región y que era conocido con sobrenombres como «la bestia rubia» o «el carnicero de Praga».

Era fundamental para los intereses de los Aliados en la zona poder dar un golpe de efecto, atacando una de las piezas fundamentales en el organigrama del Führer, por lo que sabían que atentar contra Heydrich podría ser vital para el posterior devenir de la guerra.

Con lo que no contaban fue con la desproporcionada reacción de Hitler y las nefastas consecuencias que comportaría para miles de personas inocentes.

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El 27 de mayo de 1942, mientras Reinhard Heydrich se desplazaba en su automóvil por las calles de Praga voló por los aires al explotar una granada de mano lanzada por Jan Kubiš, tras encasquillarse el fusil de Jozef Gabčík. Ambos habían llegado a la ciudad tras lanzarse en paracaídas desde un avión del ejército británico.

Tras una semana de agonía en un hospital, el 4 de junio fallece Heydrich de septicemia y Adolf Hitler ordena organizarle un gran funeral de Estado que se celebraría el día 9.

Consternado, lleno de rabia y con sed de venganza, el Führer ordenó a los miembros de la SS destacados en Bohemia y Moravia encontrar a los responsables materiales del atentado y arrasar por completo con todo el país.

No quería que quedase en pie ni una sola edificación, todos los adultos mayores de 16 años deberían ser fusilados y los niños menores que no tuviesen rasgos ‘arios’ serían enviados a la cámara de gas.

El 10 de junio se procedió con la primera de las masacres ordenadas por Hitler y el primer lugar elegido fue la tranquila y pequeña población de Lidice. Unas falsas pistas llevaron a los nazis hasta allí creyendo que era el lugar en el que se escondían Gabčík y Kubiš, pero en realidad éstos se habían refugiado en una iglesia ortodoxa de Praga, en donde se creían a salvo y eran desconocedores de las terribles órdenes del Führer.

Cientos de efectivos nazis rodearon Lidice, sin dejar ni una sola salida libre y procedieron a hacer salir a todos los habitantes a la calle, desde donde estos verían como sus casas comenzaban a arder y eran ejecutados, mediante el fusilamiento, la mayoría de ellos.

Kurt Daluege, el nuevo Gobernador de la región tenía instrucciones explícitas de arrasar con todo, pero el sentido común (si es que se puede llamar así) lo llevó a no ejecutar la masacre en todo el país y convencer a Hitler de la inconveniencia de llevarlo a cabo. A cambio le prometió dar con los responsables del atentado y acabar con sus vidas y las de todos aquellos que hubiesen colaborado o ayudado.

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En los días posteriores se realizaron batidas por toda la región con el fin de dar con los responsables y fue el 18 de junio cuando se localizó a Jozef Gabčík y Jan Kubiš en la iglesia ortodoxa.

Daluege ordenó a las SS que asaltasen el templo y diesen con los ‘asesinos’ de Reinhard Heydrich. Tras un feroz y largo tiroteo que duró seis horas, y al verse sin escapatoria alguna tras ser alcanzados por una granada, Gabčík y Kubiš decidieron suicidarse, aunque el segundo no murió en el acto y fue llevado al hospital por los nazis, quienes querían que permaneciese vivo para hacerle hablar de los planes de los Aliados en la zona y posteriormente torturarlo.

Por fortuna para él, Kubiš falleció desangrado en el hospital pocas horas después.

La infame masacre de Lidice quedó en el recuerdo colectivo como todo un símbolo de lo injusta que puede llegar a ser una guerra y, sobre todo, la rabieta de un dirigente desequilibrado por la muerte de uno de sus hombres de confianza.

Muchas son las poblaciones de todo el planeta que, a modo de homenaje, tras finalizar la IIGM adoptaron el nombre de Lidice.

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