El primer cementerio para mascotas que se abrió en París

Alfred López
Cuaderno de Historias

Una de las frases más famosas y conocidas de la historia es la que se refiere a que ‘el perro es el mejor amigo del hombre’, pronunciada el 23 de septiembre de 1870 por el abogado George Graham Vest, durante el transcurso de un juicio. Sin lugar a dudas, esta expresión resume a la perfección la fidelidad dada por los canes hacia los seres humanos.

Y es ese amor incondicional de los perros lo que llevó a finales del siglo XIX a que un grupo de personas pusieran en marcha a las afueras de la ciudad de París un lugar en el que pudiesen reposar los restos de sus amadas mascotas una vez fallecidas, convirtiéndose en el primer cementerio para animales del mundo.

Hasta entonces los entierros de animales de compañía solían realizarse en los jardines particulares (aquellos que eran poseedores de uno) o simplemente se lanzaban al río, lagos o fosas comunes, con el perjuicio de insalubridad que ello comportaba.

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A ocho kilómetros de la capital francesa y situado en medio de un islote en pleno río Sena se construyó el ‘Cimetière des Chiens et Autres Animaux domestiques’ (Cementerio de perros y otros animales domésticos), un lugar en el que reposaran los restos mortales de las mascotas de todas aquellas personas que querían rendirles un último y emotivo homenaje.

Una de las más fervientes impulsoras de este cementerio fue la actriz, periodista y sufragista Marguerite Durand, conocida por su extravagancia y muy popular entre su círculo de amigos al ser poseedora de una leona llamada ‘Tiger’, la cual tenía como animal de compañía y sacaba a pasear con frecuencia por las calles parisinas.

Durand se había estado planteando seriamente dónde descansarían los restos de su querida Tiger y, sobre todo, quería saber qué sería de ellos, algo que le empujó a llevar a cabo la búsqueda de un lugar idóneo en las proximidades de París y junto a otros ilustres de la época y la inestimable colaboración de un buen puñado de particulares que también quisieron invertir sus ahorros, contactó con el ayuntamiento de la ciudad para proponer la construcción de un cementerio de mascotas.

Debido a que los inversores pertenecían a diferentes culturas, etnias y religiones, se decidió que aquel sería un lugar en el que no podría exhibirse ningún símbolo religioso y tan solo estaría permitido erigir, junto a las tumbas, monumentos, placas o mausoleos dedicados a los animales.

De ahí la belleza atípica del lugar, en el que cualquier visitante puede encontrar auténticas joyas escultóricas realizadas por los más prestigiosos artistas.

Pero la leona de madame Durand no es el único animal de compañía que ha tenido cierta relevancia en la Historia. Allí también se encuentra enterrado Moustache, el fiel perro de Napoleón Bonaparte, que aunque falleció bastantes décadas antes de la inauguración del Cimetière des Chiens, sus restos fueron trasladado hasta allí posteriormente.

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Otro de los famosos canes que descansan en aquel lugar es ‘Rin tin tin’, el pastor alemán que triunfo en la gran pantalla con una saga de película en la década de los años 20 y que llegó a tener las huellas de sus patas en el Paseo de la Fama de Hollywood.

Quien tiene erigido un monumento en aquel cementerio, pero no está enterrado allí, es Barry, un famosísimo perro San Bernardo que alcanzó una gran fama tras salvar la vida a 41 personas de morir congeladas en la nieve de las montañas de los Alpes franceses. Fue concretamente el último al que salvó quien sin saber las intensiones de Barry, víctima de un ataque de pánico le asestó un golpe en la cabeza que resulto finalmente mortal, aunque al perro todavía le dio tiempo a llegar al convento para avisar a los monjes de que había encontrado a una persona herida en la nieve. A los pies de su monumento figura la leyenda "Salvó la vida de 40 personas. Fue asesinado por la 41".

El cuerpo de Barry se encuentra en realidad disecado y expuesto en el Museo de Historia Natural de Suiza en Berna, en donde lo muestran con el típico barrilito, aunque en realidad jamás ningún perro San Bernardo ha llevado un barril de brandy colgado al cuello.

En el Cimetière des Chiens tampoco faltan los monumentos y tumbas con los restos de animales que se convirtieron en héroes de guerra. Muchos son los utilizados tanto en la Primera como en la Segunda Guerra Mundial y que descansan allí.

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Más de cien mil son los animales enterrados en aquel lugar, el cual se convirtió durante muchísimo tiempo en un lugar de visita obligada de miles de turistas que viajaban hasta París y sufragaban los gastos que comportaba el mantenimiento a través de los donativos y el pago de una entrada para poder acceder al recinto.

Fuentes: memory-animalier / chiens-des-champs / elbauldejosete

Fuentes de las imágenes: elbauldejosete / Wikimedia commons / jkroll (Flickr) / chiens-des-champs

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