El niño judío que se convirtió en mascota de las SS

Alfred Lopez
Cuaderno de Historias

En infinidad de ocasiones desconocemos si detrás de la apacible apariencia de un tipo normal y corriente puede haber un gran secreto que esconde una extraordinaria historia: el médico que resultó ser un asesino en serie, un pastor evangelista que escondía a un espía o un humilde verdulero que había sido un valiente héroe de guerra. En el post de hoy os traigo el relato de un sencillo reparador de televisores que, tras jubilarse, dio a conocer que en su niñez había sido una mascota de un batallón de las SS. Esta es su historia…

Tras la entrada del ejército alemán en Bielorrusia, el 20 de octubre de 1941, centenares fueron los hogares en los que los soldados accedieron de manera violenta, arrasando con todo lo que encontraban a su paso y asesinando a diestro y siniestro a las personas que allí vivían. Los hombres adultos eran llevados a un improvisado paredón donde eran fusilados, mientras que las mujeres junto a sus hijos eran asesinadas cruelmente en sus propias casas (muchas de ellas también violadas).

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Esto es lo que vivió y presenció el pequeño Ilya Galperin cuando tenía tan solo cinco años de edad, siendo el único miembro de su familia que logró huir cuando los nazis entraron en su casa e hicieron una masacre con su madre y hermanos (al padre se lo llevaron para fusilarlo).

Se escondió en un bosque cercano, alimentándose de hierbas y frutos que caían de algunos árboles y para abrigarse utilizaba ropa que cogía de los cadáveres que se iba encontrando. En alguna ocasión se acercó hasta alguna aldea, donde pedía un trozo de pan o algo para comer. En una de esas ocasiones fue cuando alguien dio aviso a las autoridades y el niño fue capturado por un soldado lituano llamado Jekabs Kulis (cuerpo que había sido incorporado a las SS tras la entrada de los nazis).

Jekabs comprobó de inmediato que se trataba de un niño judío, pero se vio incapaz de delatar al pequeño, por lo que decidió mentir a sus compañeros respecto al origen del pequeño. Les dijo que era un huérfano ruso llamado ‘Uldis Kurzemnieks’.

Bajo esta identidad el pequeño Ilya (ahora Uldis) pasó los siguientes años entre el escuadrón de las SS que le dio cobijo, lo vistió con un uniforme nazi hecho a su medida y le proporcionó una pistola, como si de un verdadero soldado se tratase, convirtiéndose en la mascota de todos aquellos hombres que velaban por él.

A cambio les ayudaba en pequeñas tareas, los entretenía cantándoles o hacía recados para ellos. Eso le proporcionaba al niño un techo bajo el que dormir, comida y la tranquilidad de seguir con vida.

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Pero al mismo tiempo sus inocentes ojos eran testigos mudos de todas las atrocidades que cometían sus protectores, viendo cómo arrasaban aldeas enteras, violaban a sus mujeres y asesinaban indiscriminadamente.

¿Cómo podía ser que personas que eran tan buenas con él pudiesen ser al mismo tiempo tan despiadadas y crueles? Nunca llegó a comprenderlo.

Cuando la Segunda Guerra Mundial estaba llegando a su fin, para evitar que Uldis cayese en manos de los Aliados, Jekabs Kulis le proporcionó una familia lituana de adopción, quienes lo acogieron durante los siguientes años, pero en 1949 (con 13 años de edad) decidió abandonarlos e irse en busca de una nueva vida hasta Australia, donde adoptó una nueva identidad y a partir de entonces pasó a llamarse Alex Kurzem.

Allí empezó de cero, sin que nadie supiera nada de su pasado como mascota de las SS, el terrible destino de sus familiares e incluso siguió ocultando su ascendencia judía.

Trabajó como reparador de televisores y se casó con una mujer católica con la que tuvo tres hijos. Pero ningún miembro de su familia supo jamás sobre su oculto pasado, hasta que en 1997 (tras medio siglo ocultándolo a todo el mundo) decidió explicarlo y así poder liberarse de la pesada carga que le suponía haberlo ocultado durante tantísimos años, algo que le había provocado innumerables noches de insomnio y pesadillas.

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Tras una exhaustiva y ardua investigación junto a su hijo Mark (que estudiaba en la Universidad de Oxford) poco a poco pudo ir recomponiendo toda su infancia, conocer dónde habían sido enterrados su madre y hermanos y saber cuál fue el verdadero paradero de su padre, que no murió fusilado (tal y como él creía) sino que había ido a parar al campo de concentración de Auschwitz. Muchas fueron las trabas que encontró durante el tiempo en el que investigó aquellos años, topándose con personas que negaban que ese fuese su verdadero pasado, pero finalmente pudo hallar los datos y pruebas suficientes que confirmaron que se trataba de Ilya Galperin y que durante la IIGM fue un niño judío que se convirtió en mascota de las SS.

De esta sorprendente historia surgió el documental (2002), y posterior libro (2007) titulado ‘The mascot’ cuyo autor fue su propio hijo Mark Kurzem (fallecido en 2010 a la edad de 52 años).

Fuentes: telegraph / archivosincreibles