El matrimonio que permaneció unido más allá de la muerte y sus creencias religiosas

Alfred Lopez

Cuando algún viajero llega a la encantadora población de Roermond, en el sudeste de los Países Bajos, uno de los sitios que las guías recomiendan de obligada visita es el viejo cementerio de la ciudad, un lugar lleno de encanto, con un gran número de tumbas y mausoleos que representan autenticas obras de arte y, sobre todo, porque guarda entre sus paredes una historia de amor que fue mucho más allá de la muerte y las creencias religiosas de sus protagonistas.

Una de las cosas llamativas de este cementerio, y muy común en otros muchos de la zona y construidos por la misma época, es ver el muro que delimita el lado en el que se realizaban los entierros católicos, el de los protestantes y la parte correspondiente para los judíos. Todos están en un mismo camposanto pero con pequeñas divisiones que no dejan de ser curiosas.

[Te puede interesar: Romeo y Julieta en Auschwitz]

Y es precisamente este muro el que, una vez fallecidos, se interpuso entre medio de las tumbas en las que fueron enterrados los cuerpos del matrimonio compuesto por el coronel de caballería JWC Van Gorcum y su esposa JCPH Van Aefferden (tan solo figuran sus iniciales y en ningún documento/crónica aparecen sus nombres de pila).

El coronel profesaba la religión protestante y ocupó el cargo de embajador en la Provincia de Limburgo. Gracias a su posición conoció a la joven Van Aefferden, quien era católica y perteneciente a una de las familias nobles más importantes de la región.

A pesar de que a causa de sus diferentes condiciones sociales y, sobre todo, religiones, contaron con toda la oposición de sus respectivos entornos, entre ambos surgió el amor total e incondicional, contrayendo matrimonio en 1842 cuando él contaba con la edad de 33 años y ella 22.

A lo largo de los siguientes 38 años vivieron un matrimonio lleno de sinsabores a causa de la oposición familiar de ambos a esa unión, pero lleno de cariño, respeto y mucho amor que se profesaban el uno al otro.

[Te puede interesar: Quiénes son las cuatro mujeres enterradas en la Basílica de San Pedro del Vaticano]

En 1880 fallecía el esposo, a la edad de 71 años y tal y como marcaba la tradición tuvo que ser enterrado en el lado del cementerio de Roermond que estaba destinado para los protestantes. Se buscó una ubicación ideal junto al muro que limitaba ambas áreas.

Ocho años después, en 1888, moría ella a la edad de 68 años y tras haber pasado casi una década recordando y añorando a su esposo durante cada uno de los días que habían transcurrido desde su marcha.

Antes de fallecer, Van Aefferden había dispuesto todo para ser enterrada lo más cerca posible de su amado compañero, por lo que previamente había adquirido el espacio que estaba justo al lado de donde estaba su sepultura, pero al otro lado del muro.

Mandó levantar dos monumentos fúnebres a cada lado que convergen por encima del muro de separación en dos brazos que se cogen de la mano. De este modo sabía que permanecería unidos a través de la eternidad, más allá de la muerte y sus creencias religiosas.

Fuentes de consulta e imágenes: todaunaamalgama / wikipedia / rijksmonumenten

[Te puede interesar: El criminal nazi que acabó enterrado en un cementerio judío]