El lucrativo negocio de tráfico de cadáveres de dos asesinos en serie del siglo XIX

En el argot utilizado por los especialistas en homicidios podemos encontrarnos la palabra ‘burking’, la cual se utiliza para describir un tipo de crimen que se realiza comprimiendo el pecho de la víctima hasta asfixiarla, mientras se le impide respirar tapándole la boca y nariz.

El término se acuñó por ser la técnica que utilizaba para realizar sus crímenes un famoso asesino en serie de origen irlandés llamado William Burke (de su apellido salió ‘burking’), quien, junto a su socio William Hare, acabó con la vida de 16 personas entre noviembre de 1827 y octubre de 1828.

Estos dos criminales (ayudados por sus respectivas parejas) fueron considerados los más crueles asesinos en serie de Edimburgo en el siglo XIX, y aún hoy en día, múltiples son las exposiciones y rutas turísticas que se realizan en la capital de Escocia alrededor de estos escalofriantes personajes.

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Pero lo curioso del asunto de estos peculiares individuos es el motivo por el que cometieron esos crímenes: por puro afán lucrativo, ya que habían montado un fructífero negocio que les proporcionaba pingües beneficios.

Era muy común, hacia el primer cuarto del siglo XIX, el tráfico de cadáveres que iban a parar a las facultades de medicina como material de práctica de los estudiantes en las clases de anatomía. Normalmente, la forma de realizar este tipo de negocio era desenterrando el cuerpo de una persona recién fallecida (mayoritariamente reos que morían ejecutados) y llevarlo a la correspondiente escuela de medicina.

Aquellos que realizaban este tipo de trabajo eran conocidos como ‘los resucitadores’, pero el caso de los protagonistas de nuestra historia, aunque similar, era muy diferente, ya que estos cuando se quedaban sin dinero no esperaban a que muriese alguien para vender su cuerpo después, sino que se encargaban ellos mismos de matarlo.

Estos dos personajes, que se habían conocido poco tiempo atrás, enseguida comenzaron a congeniar y el hecho de gustarles vivir cómodamente y acudir con frecuencia a la taberna hizo que pusieran a trabajar sus mentes para elaborar algún plan que les proporcionase algún beneficio económico sin tener que esforzarse demasiado.

Y la casualidad llevó a que falleciera un huésped de avanzada edad, quien se alojaba en una de las habitaciones que alquilaba el matrimonio Hare. En lugar de dar sepultura al difunto se les ocurrió llevarlo directamente a la facultad de medicina, donde un famoso anatomista llamado Robert Knox les pagó la nada despreciable cifra de 7 libras y 10 chelines (un muy buen precio para la época).

Esto les dio la idea de acudir al cementerio y desenterrar cadáveres para venderlos posteriormente, pero muchos eran los que se dedicaban al oficio de ‘resucitador’, lo que provocaba que pocos fuesen los muertos en buen estado que encontrasen, algo que fue el detonante para cambiar de estrategia en su recién estrenado negocio. Si no había cuerpos que vender, ellos mismos se encargarían de proporcionarlos.

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El Dr. Knox estaba interesado en todo tipo de cuerpos (hombres, mujeres, niños, ancianos, pobres, ricos, indigentes o discapacitados…) y su discreción era absoluta, a la vez de que garantizaba un espléndido pago por cada cadáver proporcionado.

Ahí es donde comenzó un año en el que 16 fueron las personas que fallecieron a manos de William Burke y William Hare, con la inestimable ayuda de sus respectivas parejas.

En la mayoría de ocasiones el plan consistió en invitar a tomar una copa en el hostal regentado por los Hare y allí, tras varios tragos, el propio Burke se encargaba de asfixiar a sus víctimas con la técnica descrita al inicio de este post. Dos hombres y once mujeres de mediana edad, un joven discapacitado de 18 años y una anciana junto a su pequeño nieto fueron sus víctimas en poco menos de un año que duraron sus asesinatos.

Tras ser descubiertos, gracias a las sospechas que suscitaron en un matrimonio que se alojaba en el hostal y que podrían haber sido las siguientes víctimas, se produjo la detención de Burke, Hare y sus esposas, pero la falta de pruebas concluyentes hizo que las mujeres quedasen en libertad.

Con los dos hombres en prisión, sin demasiado argumento donde poder agarrarse para condenarlos y ante la falta de pruebas, el fiscal llegó a un acuerdo con Hare para que declarase en contra de Burke a cambio de quedar en libertad. Y así lo hizo.

A pesar de que todas las acusaciones fueron verbales, debido a que ya no existían los cadáveres al haber sido seccionados por el Dr. Robert Knox, quien afirmó desconocer la procedencia de los cuerpos suministrados, William Burke fue condenado a morir colgado.

Como hecho anecdótico, el cadáver de Burke fue diseccionado públicamente por el propio Dr. Knox en la Universidad de Edimburgo, conservándose y estando expuesto en su museo el esqueleto de William Burke.

Fuentes de consulta: burkeandhare.com / Anatomical Museum / nationalgalleries

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