El japonés que se arrepintió y pidió perdón tras bombardear los EEUU

La fotografía que encabeza el post de hoy en el Cuaderno de Historias recoge el momento en el que, en 1962, el ex piloto japonés Nobuo Fujitaentrega su katana a un representante norteamericano de la población de Brookings a modo de arrepentimiento por haberlos bombardeado dos décadas antes. Este es el relato de cómo se produjo la historia y posterior encuentro…

Hasta el 9 de septiembre de 1942 el suelo continental de los Estados Unidos jamás había recibido bombardeo alguno por parte de ningún avión enemigo. Existía el precedente en el que nueve meses antes la base norteamericana en Pearl Harbor en Hawái, a 4.000 kilómetros de allí, sufrió el ataque que desembocó en la entrada del país en la IIGM.

El hombre que había logrado la gesta de colarse, sobrevolar y bombardear suelo situado dentro de la costa del Pacífico fue Nobuo Fujita, oficial de aviación de la Armada Imperial Japonesa, quien iba a los mandos de un hidroavión trasladado hasta las inmediaciones metido dentro de un submarino portaaviones.

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Nobuo llegó hasta el Monte Emily, en las inmediaciones de la población de Brookings (Estado de Oregón), y dejó caer una serie de bombas incendiarias con el propósito de que todo aquel bosque comenzase a arder y provocar el caos, destrucción y muerte en toda aquella zona.

Pero la fortuna se situó del lado de los norteamericanos. A pesar de caer las bombas incendiarias y comenzar a arder, un guardabosque que se encontraba en las inmediaciones fue testigo del ataque y pudo avisar rápidamente a los servicios de socorro, acudiendo éstos a sofocar el fuego. Lo que podía haber sido un incendio de grandes dimensiones causó finalmente unos daños menores.

Veinte días después, el mismo piloto volvió a realizar una segunda incursión sobre territorio norteamericano con las mismas intenciones que la primera vez, dejó caer unas bombas incendiarias y dio media vuelta. Una vez más el ataque japonés sobre suelo continental norteamericano se quedó en aguas de borraja, no provocando daño de consideración alguno.

Pero la guerra entre los EEUU y Japón ya llevaba en marcha unos cuantos meses y este ataque se convirtió en una afrenta todavía mayor para el orgullo yanqui, viendo en ello una clara provocación y una declaración hostil de intenciones.

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De sobras es conocido cómo acabo el conflicto bélico entre ambos y el lanzamiento de las dos bombas atómicas sobre las ciudades de Hiroshima y Nagasaki el 6 y 9 de agosto de 1945.

Tras el punto y final de la Segunda Guerra Mundial ambas naciones intentaron sobreponerse a la misma tomando caminos muy diferentes y, aunque parecía que jamás volvería a haber entendimiento entre los dos países, el fin del Imperio del Japón facilitó las cosas para conseguirlo con el tiempo.

Pero Nobuo Fujita, el único hombre que había logrado bombardear suelo continental norteamericano, no vivió tranquilo los siguientes años. El recuerdo de su acto, aunque éste no había llegado a convertirse en una tragedia, no lo dejó descansar ni conciliar bien el sueño. Era consciente de que, de haber salido bien, hubiese podido provocar un gran desastre en el que muy posiblemente la vida de muchísimas personas hubiese peligrado.

En los años posteriores a la guerra, Nobuo salió del mundo militar para convertirse en hombre de negocios, pero a pesar de la buena marcha de su empresa a lo largo de los siguientes años no hubo ni un solo día en el que no se arrepintiese y recordase las fatídicas fechas en la que atacó a los EEUU a bordo de un hidroavión.

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A pesar del terrible enfrentamiento entre EEUU y Japón durante la guerra, ambas naciones supieron superar todo tipo de obstáculos y firmar sendos acuerdos de colaboración muy fructíferos, dejando en el olvido viejas rencillas y hostilidad alguna. Esto facilitó que en 1962 una comisión de ciudadanos de la población de Brookings quisiera conocer al hombre que intentó destruirlos dos décadas antes y ofrecerle el perdón, por lo que se le envió una invitación formal a Nobuo Fujita para que los visitase.

Pero el ex piloto no tenía muy claro cuáles eran las intenciones de los norteamericanos y, ante el temor de ser recibido hostilmente, decidió acudir provisto de una katana que había pertenecido a su familia desde hacía cuatro siglos, dispuesto a hacerse el harakiri en caso de no recibir el perdón y como muestra de arrepentimiento, tal y como marcaban las ancestrales reglas de honor japonesas.

Sorprendentemente, fue recibido de forma amigable y aquella visita se convirtió en el bálsamo que curó todas sus pesadillas e insomnios. Tras la visita al Monte Emily y una cordial recepción, el japonés se comprometió a invitar a algunos escolares de Brookings a visitar Japón, aunque para ello tuvo que pasar veintitrés años, debido a una gran crisis económica que sufrió la empresa de Nobuo.

En 1985, cuando pudo reunir el dinero suficiente, financió el viaje a tres estudiantes llamadas Robyn Soifeth, Lisa Phelps y Sarah Cortell que lo visitaron acompañadas de una carta del mismísimo presidente de los Estados Unidos, Ronald Reagan, en a que le expresaba admiración por su amabilidad y generosidad.

Tras el fallecimiento de Nobuo Fujita en 1997, a la edad de 86 años, las autoridades de Brookings tuvieron a bien nombrarlo ‘ciudadano honorífico’, celebrándose poco después una emotiva ceremonia en la que se esparcieron parte de sus cenizas sobre el lugar que cinco décadas atrás intentó destruir.

Fuentes de consulta: historiasdelahistoria / zweiterweltkrieg / offbeatoregon

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