El humorista que estuvo a punto de ser presidente de la República Francesa

Alfred Lopez
Cuaderno de Historias

Cada vez que se pone en marcha algún proceso electoral siempre hay algún candidato que no proviene del mundo de la política y que es incluido en alguna lista con el fin de arañar un buen puñado de votos gracias a su popularidad. El de los artistas es el colectivo del que más se ha echado mano encontrándonos con actrices porno, cantantes, actores consagrados e incluso en horas bajas y algún que otro humorista.

Y precisamente un humorista fue el que irrumpió en la campaña electoral francesa de 1981 con el propósito de alcanzar la presidencia de la república, sacudiendo la misma como si de un tsunami se tratase y haciendo temblar al resto de candidatos.

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El personaje en cuestión fue Michel Colucci, más conocido por el nombre artístico de Coluche, quien, cansado de ver cómo su país cada vez estaba más empobrecido y millones de personas sufrían la crisis y la exclusión social, decidió anunciar el 30 de octubre de 1980 que se postulaba como candidato en las elecciones presidenciales que se celebrarían el 24 de abril del siguiente año.

Francia estaba atravesando una de sus peores crisis económicas, con una tasa del paro elevadísima y afectada de lleno por las dos famosas ‘crisis mundial del petróleo’ de 1973 y 1979. La etapa como presidente de Valery Giscard d'Estaing había provocado que se creasen un gran números de plataformas de franceses descontentos e indignados que recordaba a la serie de protestas y revueltas que tuvieron lugar en mayo de 1968.

Coluche se presentaba a Presidente de la República con un programa transgresor y con el propósito de acabar con las corruptelas y abusos de poder que llevaban sufriendo en los últimos años. En boca de todos los franceses estaba el escándalo que relacionaba al Giscard d'Estaing con el dictador, del Imperio Centroafricano, Bokassa quien le había regalado al presidente algún que otro diamante.

El mensaje electoral del humorista iba dirigido a todas aquellas personas que solían encontrarse excluidas de las políticas sociales, en definitiva y en palabras del propio Coluche esperaba el voto de: los vagos, los sucios, los drogados, los alcohólicos, los maricones, las mujeres, los parásitos, los jóvenes, los viejos, los artistas, las bolleras, los presos, los aprendices, los negros, los peatones, los árabes, los franceses, los melenudos, los locos, los travestis, los ex comunistas, los abstencionistas convencidos y todos los que no cuentan para los políticos.

En un principio el resto de candidatos se tomaron la candidatura de Coluche como una broma de mal gusto y apenas le prestaron atención, convencidos que a las pocas semanas se cansaría de hacer el payaso y dejaría la política a los profesionales.

Pero según cómo iban pasando los días los apoyos a la candidatura del humorista eran cada vez mayor, hasta tal punto que en uno de los primeros sondeos realizados en el mes de diciembre el 16% de los electores declararon su intención de votar y apoyar al peculiar aspirante.

Esto hizo tambalear a los otros candidatos, sobre todo al gran pretendiente a la presidencia François Mitterrand, quien contaba en aquel momento con un respaldo del 25%, un margen demasiado estrecho y que podría peligrar si Coluche decidía seguir adelante, por lo que se le intentó convencer, sin éxito, de que el Partido Socialista se comprometía a llevar en su programa electoral la mayor parte de los puntos propuestos por el humorista, a cambio de que éste se retirase de la carrera electoral.

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Desde los medios de comunicación afines a los dos grandes partidos se empezó una campaña contra el molesto e incomodo candidato, vetándolo y trataron de sacar sus trapos sucios, siendo lo peor que encontraron de él una multa de 3.000 francos que se le había impuesto un año atrás por ‘desacato a la autoridad’. Un hecho que, cuando se hizo público, reforzó más aún el liderazgo del humorista como alguien contra el sistema y representante de los indignados e ignorados del país.

Pero mientras la popularidad de este candidato políticamente incorrecto iba subiendo como la espuma, siguió la presión y veto por parte de un gran número de medios. A pesar de ello decidieron seguir adelante. Nadie los callaría y así lo decían en los cada vez más multitudinarios mítines que ofrecía.

El cerco de acoso contra Coluche iba en aumento, hasta que se produjo una auténtica desgracia en el entorno del humorista: René Gorlin, su representante, y amigo, apareció asesinado con dos tiros en la nuca. La policía, que nunca encontró al culpable, cerró el caso atribuyéndolo a un crimen pasional.

A esto le siguieron amenazas de muerte anónimas por carta y teléfono, seguimientos, acoso y grupos de extrema derecha reventando los mítines y aquellos actos en los que acudía.

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Cuando quedaban tan solo tres semanas para las elecciones convocó una rueda de prensa en la que anunció la retirada de su candidatura. La presión, amenazas y la muerte de Gorlin pudieron con él, pero sobre todo quiso hacer un acto de responsabilidad política, ya que la mejor de las encuestas lo situaban en el tercer lugar en intención de voto, lejos de sus aspiraciones y con el convencimiento de que si se presentaba restaría votos al otro candidato con muchísimas posibilidades de arrebatar el triunfo al derechista Giscard d'Estaing, por lo que tras su retirada pidió el voto de toda la izquierda y los descontentos para Miterrand, quién acabó ganando las elecciones en la segunda vuelta.

A partir de ese momento la vida de Michel Colucci ‘Coluche’ no fue la misma. No le faltó trabajo como humorista, pero ya no se divertía como tiempo atrás, volcando la mayor parte de tiempo a la mayor de sus aficiones: montar en motocicleta. Y fue a bordo de una donde encontró la muerte en un trágico accidente el 19 de junio de 1986. Evidentemente, desde entonces mucho se ha especulado sobre un posible asesinato, debido a que una de las muchas amenazas que había recibido cinco años antes le advertía que cualquier día podría caerse y/o tener un accidente de moto.

Fuente de consulta: lesitecoluche /Gente Despierta (RNE1)

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