El hombre que predijo el hundimiento del Titanic 20 años antes

Alfred López
Cuaderno de Historias

Coincidiendo con las conmemoraciones que se están realizando en recuerdo a las víctimas del hundimiento del Titanic, justo cuando se cumple un siglo desde el trágico suceso, son muchas los artículos que se publican y que están directamente relacionados con los pasajeros que iban a bordo del transatlántico en tal fatídico viaje.

El post que os traigo hoy es sobre la historia de una de esas personas que tuvo un protagonismo especial en los hechos acaecidos, pero lo más curioso es que una parte fundamental del relato que comienza a vincularlo con el hundimiento del Titanic se traslada a dos décadas antes del accidente.

William Thomas Stead, uno de los pioneros del periodismo de investigación y considerado como uno de los articulistas de más renombre en la prensa británica, publicó infinidad de artículos, pero cabe destacar uno de 1892 bajo el título "Del viejo mundo al nuevo". En él relataba la aventura de cómo el buque Majestic rescataba a los supervivientes de otro barco que había colisionado con un iceberg.

Un cúmulo de coincidencias entre el relato y la historia real del Titanic hace afirmar a más de una persona que se trataba más de una predicción que de una simple casualidad.

Entre esas casualidades se encontraba que el nombre de la naviera White Star Line y el del capitán coincidían en ambos casos.

En un relato anterior, de 1886, también hablaba sobre del hundimiento de un barco y la pérdida de muchas vidas a causa de la falta de suficientes botes salvavidas.

William T. Stead, pese a su racionalidad, fue una persona a la que le atrajo de manera sorprendente el mundo del espiritismo, en el que se involucró y hasta creó una revista sobre el tema llamada Borderland.

Su inclusión en los círculos espiritistas de la época hizo que se especulase posteriormente sobre su posible predicción del accidente que sufriría el transatlántico Titanic,  tal y como quedó reflejado a través del artículo anteriormente mencionado.

Pero lo más sorprendente del caso es que el propio Stead viajaba a bordo del Titanic con el propósito de intervenir en un congreso sobre la paz que iba a celebrarse el 21 de abril en Nueva York, invitado personalmente por, el entonces presidente  de los Estados Unidos, William Howard Taft.

Su conducta durante las angustiosas horas en las que el barco comenzó a hundirse fue ejemplar, llena de coraje y humanidad, pasándose gran parte del tiempo ayudando a subir a los botes salvavidas a las mujeres y niños e incluso en un acto de suma generosidad cedió su sitio en uno de los botes para que otra persona salvase su vida.

En lugar de subir en un bote prefirió relajarse en el salón de fumadores mientras leía un libro.

Uno de los supervivientes del fatal accidente aseguró que la última vez que vio a William T. Stead fue aferrado a un trozo de madera y con la mayor parte de su cuerpo congelado. Jamás se pudo recuperar su cadáver.