El gran engaño de la patata gigante de 1894

La construcción del ferrocarril que atravesaba el Estado de Colorado, en 1877, propició que nacieran muchas nuevas poblaciones alrededor de las estaciones de tren. Una de estas fue Loveland, una pequeña ciudad agrícola a la que pusieron ese nombre en honor a William A.H. Loveland, presidente de la Colorado Central Railroad.

En poco más de dos décadas, Loveland se convirtió en un próspero lugar en el que ya residían cerca de un millar de personas y en el que se celebraba una feria agrícola que año tras año concentraba a los más destacados e importantes agricultores de la zona, así como de compradores de todos los rincones del Estado.

1894 fue un año especialmente bueno en cuanto a recolección de patatas para el protagonista de nuestra historia, Joseph B. Swan, quien se encontraba orgulloso de haber tenido una magnífica siembra de la que había conseguido más de diez mil kilos de ese tubérculo, además de ser las de mayor tamaño de toda la región.

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Pero no todos los habitantes de Loveland se creían todo lo que explicaba el bueno (a la vez que exagerado) del señor Swan, ya que famosos eran sus continuos fanfarroneos sobre lo magnificas que eran sus siembras e incluso llegó a decir que había recogido una patata gigante, cuyas dimensiones eran de 70 centímetros de largo por 35 cm de ancho, con un peso cercano a los cuarenta kilos.

Y fue precisamente esta broma que solía gastar entre sus amistades la que lo hizo inmensamente famoso, dando la noticia de la patata gigante la vuelta al mundo, gracias a un ingenioso engaño en el que se involucró W.L. Thorndyke, editor del periódico “Loveland Reporter”, quien propuso a Joseph B. Swan publicitarse en la feria agrícola con una fotografía trucada en la que apareciese sujetando sobre su hombro la famosa patata de dimensiones desproporcionadas.

Contrataron los servicios de Adam H. Talbot, un fotógrafo local, quien se prestó a ayudar en el ‘engaño’ a Swan y Thorndyke. Para ello tomó una fotografía de una patata y la amplió a las dimensiones que daba el agricultor cuando hablaba de su ‘tubérculo gigante’.

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Acto seguido cortó una tabla de madera del mismo tamaño y forma, pegando con cola la fotografía. Una vez hecho esto, hizo cargársela sobre el hombro derecho a Joseph B. Swan y gracias al grosor de la madera y el peso de ésta, el rostro del agricultor reflejaba el peso que portaba sobre él, haciendo muchísimo más creíble la imagen.

Increíblemente, la patata gigante de la fotografía parecía real, si tenemos en cuenta que se tomó en 1894, un siglo antes de que los retoques fotográficos como el photoshop existiesen. Fue un trabajo totalmente manual y artesanal, lo que le confirió a la foto una total realidad y credibilidad por parte de los escépticos que no habían creído en la fantástica historia que explicaba el señor Swan acerca de su patata gigante.

Ese año, durante la feria agrícola de de Loveland, el agricultor fue el que más patatas y semillas vendió, gracias a los carteles que anunciaban sus productos como los mejores y más grandes.

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Por su parte, el fotógrafo mostraba orgulloso en el escaparate de su negocio un poster con su creación, algo que hacía que los curiosos que pasaban frente a él entrasen y pidiesen una copia de esa fotografía, hasta que una de ellas fue a parar a manos de un reportero de la prestigiosa revista “Scientific American”, quien propuso redactar un artículo hablando de la prodigiosa patata gigante, refiriéndose a la misma como un hecho singular y digno de investigar por parte del colectivo científico.

Como imaginaréis, a pesar de ser finales del siglo XIX y no haber la red de difusión que tenemos actualmente, un buen número de ejemplares de la revista que incluían la fotografía dieron rápidamente la vuelta al planeta, dejando boquiabiertos a muchos expertos que querían saber más sobre ese prodigio de la naturaleza.

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Ya no solo viajaban hasta Loveland los agricultores de un gran número de Estados norteamericanos, sino que científicos y periodistas de cualquier rincón deseaban entrevistarse con Joseph B. Swan e investigar en profundidad sobre este curioso tema.

La noticia corrió como la pólvora, siendo publicada por numerosos medios escritos y por mucho que se empeñaron los tres iniciadores del engaño en decir que se había tratado de una broma para atraer más clientes a la feria agrícola, el daño ya estaba hecho.

Incluso la propia revista Scientific American publicó una nota aclaratoria en la que se disculpaban por el grave error y en la que se desmentía por completo la veracidad de la historia de la patata gigante, la cual estuvo en boca de miles de personas a lo largo de los siguientes años, convirtiéndose en uno de los ‘hoaxes’ (bulos) más famosos de la época y con un sorprendente efecto viral.

Varios fueron los años que tuvieron que transcurrir para que la gente dejase de hablar del tema como algo cierto y quedase en el olvido. Algo que persiguió a Joseph B. Swan y sus bromistas socios a lo largo de las siguientes décadas.

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Fuente: museumofhoaxes

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