El día que Gran Bretaña se convirtió en la tercera potencia nuclear del planeta

Alfred Lopez

Tras iniciar en 1951 su segunda etapa como Primer Ministro, Winston Churchill tenía un propósito que llegó a convertirse en una autentica obsesión: devolver al Reino Unido los años de esplendor de la que había sido tiempo atrás la mayor potencia del planeta.

El hecho de que su nación hubiese sido uno de los principales artífices del triunfo aliado en las dos grandes guerras y haberse quedado a remolque, y por detrás, de norteamericanos y soviéticos, lo consumía y hería su enorme orgullo patrio.

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Su predecesor en el cargo, el laborista Clement Attlee, se había encargado de perder una de las más importantes colonias británicas al consentir la independencia de la India en 1947, pero ese mismo año también había empezado a desarrollarse el programa nuclear con el que querían estar a la misma altura que los EEUU y la URSS.

Churchill heredó dicho programa casi concluido y a punto de ver la luz, aunque para ello tuvo que poner todo su empeño para llevarlo adelante, debido a varias discrepancias con algunos miembros de su propio gobierno que preferían que la nación se mantuviese al margen de la carrera nuclear. Pero el Primer Ministro contó con el inestimable apoyo de la joven reina Isabel II, coronada a principios de 1952 y que dio el visto bueno para llevar a cabo el colocar a la nación en el lugar que le correspondía.

Eminentes científicos británicos, que años atrás habían trabajado para los norteamericanos en el Proyecto Manhattan, habían regresado al país para colaborar en la creación de la primera bomba nuclear británica. Se pusieron manos a la obra y dispusieron de carta blanca para desarrollar el plutonio e incorporarlo a una bomba. El centro de operaciones era la planta de reprocesamiento conocida como ‘B204’ que se encontraba en el centro nuclear Windscale, actualmente llamado Sellafield.

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Se marco como fecha límite de entrega y finalización del proyecto el 1 de agosto de 1952, pero para entonces todavía no había sido producido todo el plutonio necesario, por lo que se recurrió al que tenía Canadá, que lo cedió para que fuese incorporado a la bomba que devolvería el lugar que le correspondía al Reino Unido dentro del escalafón de las potencias mundiales.

Una vez construida la bomba, a la que llamaron ‘Blue Danube’, había que mostrarla al mundo a través de un ensayo. Bautizaron la operación bajo el nombre de ‘Hurricane’ y lo dispusieron todo para hacerla explotar. El lugar elegido era el archipiélago de las Islas Montebello, al noroeste de Australia y fue transportada hasta allí a bordo de la fragata de la Royal Navy HMS Plym (K271).

Se preparó todo para que a las cero horas del 3 de octubre de 1952 explotasen los 25 kilotones de la primera bomba nuclear construida por el Reino Unido. Se había elegido esta potencia ya que era la misma que había tenido la que lanzó Estados Unidos en Nagasaki el 9 de agosto de 1945.

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Con ello le lanzaban un mensaje a todo el planeta, anunciando que los británicos estaban dispuestos a batallar con quien fuese por tener el lugar que les correspondía dentro de la jerarquía mundial. Con la detonación de la bomba, ese día Gran Bretaña se convirtió en la tercera potencia nuclear del planeta.

Tanto estadounidenses como soviéticos, los dos bloques enfrentados durante la Guerra Fría, no vieron con buenos ojos ese desafío británico. En el caso de la URSS era obvio, debido a la animadversión política que existía entre ambos países. Quien tampoco se lo tomó demasiado bien fue el presidente de los EEUU, Harry S. Truman, con el que Churchill no había acabado de alcanzar la excelente relación que había mantenido con Franklin D. Roosevelt durante todos los años que duró la IIGM.

Truman siempre se mantuvo crítico con el hecho de que los británicos quisieran desarrollar por su cuenta la carrera nuclear al margen de los norteamericanos. Pero el Primer Ministro inglés conocía a la perfección los entresijos de la política internacional y sabía que quien en aquel momento era su aliado en cuestión de minutos, y por el motivo más insospechado, podría convertirse de la noche a la mañana en un enemigo hostil.

Fuentes de consulta: nuclearweaponarchive / montebello / ctbto

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