El cuerpo de élite escocés que defendió los intereses del trono de Francia durante cuatro siglos

De sobras es conocida la famosa Guardia Suiza que vela por la seguridad del Vaticano. Este cuerpo de élite, formado en su origen por mercenarios, fue instaurado hacia finales del siglo XV por el papa Pio IV, quien temía por su integridad física y no se fiaba de los servicios de seguridad de Roma.

Pero el suizo no fue el primer cuerpo compuesto de extranjeros que sirvió a los intereses de una jerarquía, siendo muy común que monarcas de cualquier parte del mundo contratasen mercenarios extranjeros para hacerse cargo de su seguridad personal.

En la entrada de hoy os hablaré de un cuerpo de élite escocés que, varias décadas antes de instaurarse la Guardia Suiza en el Vaticano, fueron contratados para velar por la seguridad del rey Carlos VII de Francia.

De sobras era conocida la animadversión de los escoceses hacia sus vecinos de Inglaterra y aunque no participaron directamente, como un ejército representando a su país, en la Guerra de los Cien años, sí que fueron muchos los mercenarios que quisieron defender los intereses franceses en contra de los ingleses.

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Esto fue algo tenido en cuenta por el rey francés a la hora de crear su propio cuerpo de seguridad, teniendo a su disposición un preparado grupo que fue bautizado como Guardia Escocesa (Garde Écossaise).

De este grupo, 25 formaron la ‘Garde de la manche’, cuyo acometido era ser la sombra del propio monarca, estar pegados a él y velar en todo momento por su integridad física. Otros75 miembros eran arqueros a caballo. La protección del rey era total y no existía ni un solo punto flaco por el que se pudiese atentar contra el monarca.

Los excelentes resultados de este grupo de élite de guardaespaldas reales llevaron a que, la buena relación entre las casas reales de Francia y Escocia, propiciase un acuerdo por el que Jacobo II enviase varias compañías de soldados escoceses a luchar por los intereses galos, trasladándose hasta allí un efectivo de cerca de 8.000 soldados.

Incluso la propia Juana de Arco (heroína local de la época) tuvo a su disposición a un nutrido grupo de soldados de la Guardia Escocesa que lucharon junto a ella para expulsar a los ingleses del territorio francés.

Los miembros de la Guardia Escocesa contaban con todo tipo de privilegios que les eran asignados por el propio monarca francés, llegando a disponer de un excelente salario y formidables villas en las que vivían y donde tenían trabajadores a su cargo.

La vida útil como guardaespaldas personal del rey no era excesivamente larga, ya que para ese trabajo era imprescindible ser joven y tener unas excelentes aptitudes físicas. Esto hacía que se retirasen del servicio tras unos pocos años en activo, pero con una gran compensación por los servicios prestados y la dedicación exclusiva hacia la seguridad del monarca.

Varios fueron los posteriores reyes que se plantearon disolver tal cuerpo de seguridad y sustituirlo por otro autóctono, pero cada vez que se intentó ocurría algo que demostraba la eficiencia del grupo y la necesidad de seguir manteniéndolo como seguridad personal.

El propio Luis XI, tal y como heredó el trono de su padre (Carlos VII), estaba decidido a acabar con la Guardia Escocesa (algo que planeaba desde mucho antes de ser nombrado rey). No alcanzaba a comprender como un cuerpo de hombres extranjeros podía ser el encargado de mantener la seguridad del estamento más importante del país.

Pero la participación y entrega de los soldados escoceses durante la batalla de Montlhéry fue tal que hizo cambiar de opinión al monarca, manteniendo las diferentes divisiones dentro de su ejército y, sobre todo, a sus guardaespaldas personales.

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A lo largo de cuatro siglos (1418-1830) la Guardia Escocesa fue la encargada de custodiar fielmente los intereses de todos los monarcas que ocuparon el trono de Francia.

Tras la huida de Carlos X (el último Borbón francés) el nuevo Lugarteniente General del Reino de Francia, Luis Felipe I se hizo cargo del país a instancia de la Cámara de los Pares y una de sus primeras medidas fue la de disolver el cuerpo de la Guardia Escocesa, pasando la seguridad de Versalles a manos de soldados franceses.

Fuentes: chevalier15 / jean-claude.colrat

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