El bandolero catalán que se ganó la simpatía de Cervantes

Alfred López
Cuaderno de Historias

La figura del bandolero está muy ligada con la imagen que tenemos de aquellos forajidos que camparon y asaltaron por los montes y caminos a lo largo y ancho de la geografía española. De entre la larga lista de famosos bandidos José María ‘El Tempranillo’ es, posiblemente, uno de los más conocidos; aunque a más de uno le habrá venido a la cabeza el nombre del recordado ‘Curro Jiménez’, que, a pesar de tratarse de un personaje de ficción, estaba basado en la vida de Andrés López, más conocido como ‘el barquero de Cantillana’.

Erróneamente, un gran número de personas creen que en España el bandolerismo tan solo actuó en la zona de Andalucía (Despeñaperros, Sierra Morena o la Serranía de Ronda), pero otros muchos insignes forajidos también camparon por las tierras de Galicia, los montes de Toledo e incluso Cataluña.

Y es precisamente en esta última zona geográfica donde nació y pasó la mayor parte de su vida el protagonista del relato de hoy en el Cuaderno de Historias, un bandolero catalán llamado Perot Rocaguinarda (muchos son los que hacen semejanzas con el personaje de Robin Hood por robarle a los ricos para repartirlo entre los más desfavorecidos) y cuya fama llegó hasta oídos del mismísimo Miguel de Cervantes, quién incluyó un personaje basado en este bandido en la segunda parte del Quijote bajo el nombre de Roque Guinart.

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A Perot Rocaguinarda le tocó vivir en una zona y época donde la rivalidad entre los intereses feudales hicieron surgir dos bandos enfrentados entre sí: los nyerros y los cadells. La nobleza catalana estaba dividida y para ello contaron con numeroso apoyo por parte de campesinos, la clase media y la población urbana, formándose algunos grupos de bandoleros que atacaban y asaltaban intereses de uno u otro bando, dependiendo a quien representasen . En el trasfondo de toda esta confrontación, y moviendo los hilos desde la sombra, se encontraban destacados miembros de la iglesia.

Recién estrenado el siglo XVII Perot, quien apenas tenía 20 años de edad, se unió a los nyerros, con los que se dedicó a enfrentarse a todo aquello que representase a los cadells. Cabe destacar que, estos últimos, eran favorables a la monarquía hispánica, por lo que, a pesar de operar con grupos de bandoleros, frecuente era el apoyo que les era enviado por Hèctor de Pignatelli, duque de Monteleón y virrey de Cataluña, quien quería acabar con el bandolerismo y llegó a poner precio por la cabeza de Perot Rocaguinarda y la banda que llegó a liderar.

Fue tal la fama alcanzada por el joven bandolero que entre la recompensa ofrecida por el virrey estaba el recibir mil libras y el perdón de todos los delitos de quien lo denunciase y/o entregase, así como el de las tres personas que escogiera.

Incluso a Perot le llegó la excomunión por parte del Obispo de Vic, algo que le afectó muchísimo debido a su profunda religiosidad, a pesar de ser un bandolero. Se había convertido en un héroe para muchos, pero en un villano para la otra parte de la población, habiendo cada vez más personas interesadas en darle caza y recibir la preciada recompensa. Esto lo obligó a tener que huir a esconderse en Francia.

El fallecimiento de Pignatelli y nombramiento de un nuevo virrey de Cataluña (el Arzobispo de Zaragoza, Pedro Manrique) hizo que éste llegase a un acuerdo con nobles que intercedieron por Perot con el fin de conseguirle un indulto. Entre ellos se encontraba Pedro Fernández de Castro, conde de Lemos y virrey de Nápoles, quien ofreció llevárselo como oficial de los tercios españoles al servicio de Felipe III de España y II de Nápoles.

La carrera militar de Perot bajo el amparo del conde de Lemos fue todo un éxito, llegando incluso a ser nombrado capitán.

Fue precisamente en ese periodo de tiempo en el que conoció a Miguel de Cervantes (apodado ‘el manco de Lepanto’) quien recibía el mecenazgo de Fernández de Castro y le unía una estrecha relación de amistad con éste (le dedicó varias de sus obras).

La historia que precedía a Perot Rocaguinarda asombró al dramaturgo, quien decidió incluir un personaje, al que llamó Roque Guinart, en la segunda parte de su ilustre obra Don Quijote de la Mancha y en 'La cueva de Salamanca', esta vez como Roque Guinarde. La descripción que se hace del bandolero en la novela es totalmente favorable a éste.

Como dato curioso, cabe destacar que existe en la ciudad de Barcelona (barrio de Ciutat Vella) una calle llamada ‘Perot lo Lladre’ y la mayoría de historiadores apuntan a que está dedicada a Perot Rocaguinarda, siendo, posiblemente, ese el apodo que recibiría, hipótesis de la que disienten otros historiadores (como Roca y Comas) que señalan que con total probabilidad el personaje al que se dedicó dicha calle sea el caballero aragonés (y gran amigo de Jaime II) Pedro Ladrón Ridaure y se basan en que esa calle ya llevaba dicho nombre antes del siglo XVII.

Fuentes de consulta: nomenclátor Bcn / libertaddigital / wikipedia