Eduardo Propper, el Schindler español

Alfred López
Cuaderno de Historias

El próximo 30 de noviembre se cumplirán veinte años de la fecha en la que se estrenó el galardonado film dirigido por Steven Spielberg ‘La lista de Schindler’. Desde entonces muchas son las historias que han ido surgiendo y que nos han dado a conocer a otras muchas personas que también arriesgaron sus vidas con el fin de salvar las de un buen número de inocentes judíos, condenados a morir por culpa de un absurdo genocidio llevado a cabo por el régimen nacionalsocialista liderado por Adolf Hitler.

La popularización de este film convirtió rápidamente el apellido Schindler en un adjetivo, aplicándose a todas aquellas personas que consiguieron burlar a las autoridades y ayudaron a salvarse a cientos de miles de inocentes.

Nombres como el del británico Nicholas Winton (que salvó a 669 niños judíos y del que espero hablaros en un próximo post), Madeleine Truel (de origen peruano y que cooperó con la Resistencia Francesa), Albert Göring (hermano del todopoderoso Hermman, lugarteniente de mismísimo Hitler) o el propio papa Pio XII, son unos pocos ejemplos de los muchos que hay.

Pero hoy quiero hablar en Cuaderno de Historias de Eduardo Propper de Callejón, un diplomático español que desempeñó el cargo de Primer secretario en la embajada española en París y arriesgó su vida con el fin de proteger a miles de judíos.

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Cabe destacar que Propper en su desempeño laboral estaba representando los intereses españoles, que en aquellos momentos era el régimen franquista, siendo el gobierno afín a los nazis que estaban aterrorizando a media Europa con el holocausto nazi. A pesar de ello, el diplomático prefirió desmarcarse de la línea política que le dictaban desde España y decidió jugarse el pellejo con el fin de salvar un buen puñado de vidas inocentes.

Pero no solo salvó vidas, sino que ante la entrada de los nazis en París y para evitar el expolio de obras de arte por parte de éstos, tal y como venían haciendo en todos aquellas ciudades por las que pasaban y arrasaban, Propper declaró el castillo de Rayaumont (al norte de la capital francesa) como su residencia oficial, convirtiéndose así en sede diplomática y por lo tanto con inmunidad ante cualquier eventual ataque.

Allí puso bajo buen recaudo numerosas obras de gran valor que pertenecían a su propia familia (sobre todo a sus suegros, los propietarios del castillo) y algunos judíos que las depositaron allí para que se las guardasen.

Ante la entrada alemana del país el cónsul español en burdeos decidió huir, algo que provocó que Eduardo Propper tuviese que trasladarse hasta allí junto a su esposa e hijos, con el fin de ocuparse de esa oficina diplomática.

Centenares eran las personas que se agolpaban frente a las puertas de la sede consular en busca de un visado que les permitiese cruzar la frontera y poder transitar por España en dirección a Portugal, desde donde salían barcos hacia los Estados Unidos.

Propper encontró un buen aliado en el cónsul portugués, Arístides de Sousa, quien le ayudó infatigablemente a firmar todos los visados, que cada vez eran más ante la noticia que corrió como la pólvora e hizo que los congregados en el consulado fuesen miles.

Tantas como treinta mil personas fueron las beneficiadas a lo largo de cuatro días (del 18 al 22 de junio de 1940) en el que ambos hombres estuvieron despachando visados las 24 horas del día. Algunas crónicas indican que llegó un momento en el que Eduardo Propper firmaba con ambas manos para así ir más deprisa.

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Pero tras la firma del armisticio recibe órdenes para incorporarse a la embajada española en Vichy, donde solicitó al embajador, José Félix de Lequerica, poder seguir expidiendo visados de tránsito y aunque éste no le concedió un permiso oficial sí que hizo la vista gorda y miró hacia otro lado, como si no estuviera enterado de lo que realizaba Propper.

La preocupación en aquel momento del embajador no eran los judíos franceses que querían huir de los nazis, sino los republicanos españoles exiliados en Francia, a quienes debía dar caza y detener.

Pero las cosas cambiaron para Propper a partir del mes de febrero de 1941, cuando Franco nombró Ministro de Asuntos Exteriores a su cuñado Ramón Serrano Suñer, conocido por su simpatía hacia la ideología nazi y ser un antisemita declarado.

Serrano Suñer al ser conocedor de los tejemanejes realizados por el Primer secretario de la embajada española en Vichy mandó una carta a de Lequerica ordenándole que pusiese fin a la expedición de visados y suspendiese a Propper de sus funciones, enviándole degradado a Larache (en el protectorado español de Marruecos).

Pero dicha orden coincidió con la concesión de una distinción honorífica a Eduardo Propper de Callejón de manos del Jefe del Estado en Vichy, Philippe Pétain, y así se lo comunicó de Lequerica al ministro Serrano Suñer, aunque éste hizo caso omiso y mandó que se cumplieran sus órdenes.

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Las siguientes dos décadas Propper desempeñó cargos inferiores a su categoría en varias embajadas y consulados, jubilándose en 1965 y retirándose a vivir a Londres, donde falleció en 1972 a la edad de 77 años.

Eduardo Propper de Callejón, fue uno de esos muchos ‘Schindlers anónimos’ y jamás se le reconoció en vida ninguno de sus sacrificios por salvar la de decenas de miles de judíos.

Fuentes: raoulwallenberg / holocaustoenespanol / judiosenelnortedesefarad