El cura que organizó ‘el Grito de Dolores’, el acto que dio pie a la independencia de México

Óleo de JJ del Moral que representa 'el Grito de Dolores' (Wikimedia commons)
Óleo de JJ del Moral que representa 'el Grito de Dolores' (Wikimedia commons)

Bien es sabido del potencial colonialista de España, cuando éste era un imperio en el que no se ponía el sol, poseyendo territorios en un gran número de lugares del planeta.

Un dominio sobre las colonias que se mantuvo desde principios del siglo XV y hasta finales del XIX, perdiendo y cediendo paulatinamente el control sobre un gran número de territorios a raíz de tratados o guerras, algunas de ellas contra grupos insurgentes que habían luchado por la independencia de sus tierras.

México es uno de esos lugares que durante tres siglos tiempo perteneció a Nueva España, el virreinato de la Corona española en el continente americano, cuyos habitantes tenían la aspiración de dejar de ser una colonia y recuperar su identidad propia.

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Durante varios siglos los mexicanos se vieron sometidos al capricho y designios de los colonialistas que desde hacía un par de años, con la invasión napoleónica de España y la coronación como rey de José Bonaparte, habían convertido las relaciones entre los representantes del virreinato y la población en insostenibles y tensas.  Poco a poco fue surgiendo entre el pueblo la idea de sublevarse contra el abusivo dominio de los españoles y luchar por la independencia.

Miguel Hidalgo el Padre de la Patria mexicana (Wikimedia commons)
Miguel Hidalgo el Padre de la Patria mexicana (Wikimedia commons)

El 16 de septiembre de 1810 es la fecha considerada como el día que se dio el primer paso hacia la tan ansiada independencia que llegó tras 11 largos años de guerra.

La madrugada de ese día tuvo lugar lo que se conoce como ‘el Grito de Dolores’, el acto insurgente que venía precedido tras las detenciones que se habían realizado en la población de Santiago de Querétaro, donde llevaba algún tiempo tramándose una conspiración.

Una traición y el chivatazo por parte de un empleado de correos mandaron al traste los planes y comenzaron a apresarse a aquellos que estaban involucrados en la rebelión.  Un emisario que logró escapar pudo llegar a la población de San Miguel después de cabalgar durante parte de la noche. Allí pudo comunicar a Juan Aldama, uno de los cabecillas insurgentes, lo ocurrido en Querétaro y éste corrió a darle la noticia a  Miguel Hidalgo, otro de los personajes claves de la conspiración y cura de la parroquia de la población de Dolores.

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Tras ser conocedor de las malas noticias, el religioso pensó que ya era hora de pasar a la acción, por lo que solicitó la ayuda de sus feligreses quienes se reunieron frente a la puerta principal de la parroquia y desde allí los incitó a sublevarse.

Este punto es algo confuso en la Historia de los hechos, debido a que según el historiador y época en la que se relatan estos sucesos se modifican las palabras pronunciadas por el cura Hidalgo, el lugar en el que las dijo e incluso el número exacto de personas que lo secundaron.

Mural conmemorativo del fusilamiento de Miguel Hidalgo (Wikimedia commons)
Mural conmemorativo del fusilamiento de Miguel Hidalgo (Wikimedia commons)

Lo que si que se sabe con seguridad es que logró reunir a un buen número de parroquianos que lo ayudaron a liberar a ochenta presos encarcelados por conspiradores y se propusieron apresar a lo ‘gachupines’, un término utilizado para referirse despectivamente a los españoles procedentes de la península ibérica.

Ese ‘grito’ que profirió el cura Miguel Hidalgo, como reclamo de ayuda con el fin de revelarse contra el virreinato y que dio inicio a las revueltas que llevaron al estallido de la Guerra y posterior Independencia de México, es lo que pasó a la Historia como  ‘el Grito de Dolores’, un acto que anualmente se conmemora cada 16 de septiembre, celebrándose el recuerdo del decisivo día que todo empezó a cambiar y en memoria del insigne hombre que gracias a su gallardía el pueblo salió a las calles a luchar.

 Miguel Hidalgo se convirtió en mucho más que un símbolo y es considerado por los mexicanos como el ‘Padre de la Patria’. El 21 de marzo de 1811 era apresado y tras ser juzgado por el Tribunal de la Inquisición y un Tribunal Militar fue condenado a muerte, siendo fusilado el 30 de julio de ese mismo año.

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