Cuando los soviéticos crearon sus propios Premios Nobel

Cuaderno de Historias
Sellos conmemorativos al Premio Stalin y Premio Lenin de la URSS (Wikimedia commons)

Tras su fundación en 1922, los mandatarios de la recién constituida Unión Soviética eran conscientes de que gran parte del planeta daría la espalda y no valoraría adecuada y ecuánimemente los logros y descubrimientos que los científicos soviéticos realizasen, ya que estaban convencidos que la mayor parte de los reconocimientos internacionales que se realizaban, entre ellos los Premios Nobel, estaban al servicio del poder capitalista.

De hecho comprobaron cómo ningún investigador de ascendencia rusa había ganado ni un solo premio internacional en los últimos años y mucho menos desde que Rusia se enzarzó en la revolución y posterior guerra civil que la llevó a convertirse en un Estado federal marxista-leninista.

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La suma de todo ello motivó a los líderes del Comité Central del PCUS y del Sóviet de Comisarios del Pueblo a crear unos premios propios con los que galardonar y destacar el trabajo de aquellos soviéticos que iban despuntando en los diferentes campos de la investigación científica.

En octubre de 1925 se crearon los Premios Lenin, bautizados con ese nombre en memoria del líder y máximo dirigente de los primeros años de la URSS y que había fallecido un año antes.

Medalla que se entregaba a los galardonados con el Premio Lenin (Wikimedia commons)

Pero los Premios Lenin no consiguieron el eco internacional que se pretendía, pasando prácticamente inadvertidos en comparación a la importante repercusión que la prensa de todo el planeta le daba a otros premios como los Nobel. De ahí que tan solo estuvieran en vigencia entre los años 1926 y 1934, siendo más de una treintena los científicos galardonados, entre ellos Vladimir P. Vorobyev, el anatomista encargado de embalsamar el cuerpo de Lenin.

En los siguientes años diversos y de diferente carácter fueron los galardones y premios que desde la URSS se iban creando con el objetivo de proyectar internacionalmente a sus compatriotas, visto que desde el extranjero no se les valoraba como se merecían, hasta que cayeron en la cuenta que si creaban unos premios en los que desde la Unión Soviética se reconociese personalidades extranjeras quizás desde fueran verían con otros ojos a los suyos y comenzarían a distinguirlos.

En la década de los años 40 fue creado el  Premio Stalin del Estado, posteriormente reconvertido en Premio Stalin y con el que comenzaron a ser premiadas docenas de personalidades de nacionalidad extranjera (británicos, franceses, chinos, estadounidenses, brasileños…) eso sí, todos esos personajes tenían ciertas simpatías por el modelo político soviético.

Parece ser que el cambio de estrategia funcionó y, de la noche a la mañana, a partir de mediados de la década de los 50 comenzaron a ser reconocidos y premiados internacionalmente personas de nacionalidad soviética.

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A partir de 1956 se decidió cambiar el nombre a dichos Premios Stalin y pasaron a ser llamados Premio Lenin de la Paz, al mismo tiempo que fueron restablecidos los antiguos Premios Lenin que ya no solo se entregarían por logros científicos sino que abarcarían las artes, literatura, arquitectura y tecnología.

Cabe destacar que tres fueron los españoles distinguidos con el Premio Lenin de la Paz: Pablo Picasso en 1962 y Rafael Alberti y Dolores Ibárruri (la Pasionaria) dos años después.

Los premios estuvieron en vigencia y entregándose hasta la disolución de la Unión Soviética a principios de la década de los 90. El último premiado fue Nelson Mandela, aunque no se realizó el acto de entrega hasta el año 2002.

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