Cuando los rusos incendiaron Moscú para evitar la invasión de Napoleón

Cuaderno de Historias
Napoleón entrando con sus tropas en Moscú mientras la ciudad está en llamas (Wikimedia commons)

Cuando Napoleón Bonaparte llegó a Moscú el 14 de septiembre de 1812, tras el éxito de su ejército en la sangrienta Batalla de Borodinó, se sentía eufórico de la gesta conseguida y tan solo esperaba ansioso el momento en el que el zar Alejandro I lo recibiese y capitulase la capital rusa.

Pero ese encuentro no llegaba y una de las victorias más esplendorosas del emperador francés se convirtió en una amarga humillación personal.

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Estaba acostumbrado a la sistemática claudicación de los otros mandatarios tal y como entraba con su victorioso ejército en las capitales, pero aquel gesto del zar era mucho más que una ofensa para Napoleón, quien dio carta blanca para que sus soldados saqueasen todo lo que quisieran y pudieran de Moscú.

A pesar de que el ejercito zarista se había retirado de la capital, sus ciudadanos no podían permitir que los invasores franceses se apropiasen de sus tesoros, pertenencias y hogares, motivo por el que se fueron creando pequeños grupos de insurgentes que decidieron defender lo que más querían destruyéndolo y así evitar que cayesen en manos enemigas.

Napoleón contempló el incendio de Moscú mientras esperaba la capitulación (Wikimedia commons)

Fue por ello que se desató un incendio en diversos puntos de la ciudad que poco a poco se fue convirtiendo en devastador y acabó calcinando tres cuartas partes de Moscú.

A lo largo de cuatro largos días la ciudad estuvo en llamas y dificultó que Napoleón y su imperial ejército (conocido como Grande Armée) tomase posesión de la capital con todos los honores.

Esto provocó que Moscú se convirtiera en un lugar inhóspito donde permanecer un tiempo prolongado y poder seguir adelante con la invasión de Rusia. Tras cinco semanas sin conseguir la capitulación oficial de la ciudad y debido al frío que comenzaba a adelantarse al que sería un duró y gélido invierno, Napoleón fue consciente de lo lejos que quedaban sus bases logísticas y todo aquello que podría ayudarlos a pasar la desapacible estación invernal, decidiendo abandonar la ciudad con el orgullo gravemente herido.

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Cabe destacar que a lo largo de toda la campaña de Napoleón en Rusia, una de las tácticas más efectivas empleadas por el ejército zarista consistió en ir prendiendo fuego a todo aquel terreno que el emperador iba conquistando, con el propósito de que les fuese prácticamente imposible poder abastecerse.

Pintura que representa la humillante retirada de Napoleón de Moscú (Wikimedia commons)

Mucho se ha especulado sobre quién fue el artífice de tal magnifica estrategia que incendió Moscú y obligó la retirada de Napoleón Bonaparte. La mayoría de historiadores apuntan a Fiódor Rostopchín, quien ocupaba el cargo de gobernador general desde hacía dos años.

Rostopchín ante la entrada en la ciudad de los franceses ordenó abrir todas las prisiones y dejar libres a los presos, armó a gran parte de la población y mandó destruir el edificio del cuerpo de bomberos.

Otros apuntan a que el incendio se originó como un acto social, en el que fueron los propios ciudadanos quienes decidieron prender fuego a la ciudad antes de que los franceses se apoderasen totalmente de ella y que fue posteriormente, una vez ya iniciado el fuego, cuando Rostopchín se unió a la iniciativa.

Por último hay quienes dan por seguro que los diferentes incendios en la capital moscovita se originaron a raíz de los saqueos por parte de los soldados franceses, quienes prendían fuego a los edificios tras hacerse con los pertinentes botines; algo que no concuerda demasiado con el desesperado propósito de Napoleón para que dichos incendios fuesen extinguidos.

Sea como fuere el motivo e ideólogo del famoso incendio de Moscú, lo que sí es seguro es que fue una efectiva estrategia para evitar la invasión de Napoleón, dándole así la primera estocada del que, a partir de entonces, comenzaría a ser el declive del emperador.

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