Cuando en El Retiro de Madrid se instaló un zoológico que exhibía humanos

Alfred Lopez
Cuaderno de Historias

Tiempo atrás os hable en un post del Cuaderno de Historias de un singular personaje llamado Phineas Taylor Barnum que destacó, sobre todo, por el poco escrúpulo que tuvo a la hora de hacer negocio y ganar grandes fortunas exhibiendo en su circo ambulante a todo tipo de extraños y extravagantes personajes.

Las grandes sumas de dinero las ganó gracias a la curiosidad innata de las personas que llenaban día tras día las funciones. La misma curiosidad que provocó que otros muchos también quisieran hacer negocio y pusiesen en marcha otro tipo de espectáculos, entre ellos diversos zoológicos en los que no se exhibían animales sino seres humanos.

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El hecho de que alguien tuviera un color de piel diferente al caucásico o perteneciera a otra etnia ya era excusa para mostrarlo y cobrar una entrada por ello.

Uno de los más prolíficos empresarios fue Carl Hagenbeck, zoólogo alemán que en 1874 montó un circo-zoo ambulante en el que, además de exhibir animales (o fieras, como se le llamaba por aquel entonces) también mostraba diferentes tipos de personas pertenecientes a otras culturas y continentes.

Una gira triunfal por las principales capitales europeas lo trajo en 1887 hasta España, instalándose durante una temporada en el Parque del Retiro de Madrid.

La prensa de la época anunciaba el evento como algo inaudito y en el que se podía ver en vivo a negros salvajes traídos directamente desde África, caníbales australianos, indígenas filipinos y pigmeos enfurecidos que atacaban a los visitantes (según ponía en la publicidad), entre otros muchos ejemplares de peculiares personas.

Cabe destacar que, tal y como figura recogido en crónicas de la época, las personas exhibidas en Madrid por Hagenbeck fueron tratadas de un modo mucho mejor a como lo habían hecho otros países, siendo incluso recibidos en audiencia por la regente María Cristina de Habsburgo-Lorena, madre del futuro rey Alfonso XIII.

Hoy en día esto sería fácilmente denunciable, pero en aquel tiempo se estilaba este tipo de exhibición (recordemos los muchos humanos disecados que ha habido en innumerables museos, entre ellos el recordado ‘negro de Banyoles’ que tanta polémica generó o el famoso español disecado y exhibido en el museo francés d’Allard).

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Como nota curiosa, añadir que en diciembre de 1889 el circo ambulante del famosísimo Buffallo Bill se instalo durante varias semanas en Barcelona, siendo uno de los números principales el que exhibía a indios salvajes de las tribus Sioux, Cheyenne y Arapaho.

Cabe destacar que la práctica de exhibir personas en zoológicos humanos se extendió hasta mediados del siglo XX, siendo una de las últimas ocasiones el que se montó en la Expo de Bruselas celebrada en 1958, en la que se llevaron un buen número desde las colonias belgas en África. En la imagen de la derecha puede observarse a numerosísimo público que asistió a este zoo donde a una niña congoleña que era exhibida le daban plátanos, como si de un primate se tratase.

Fuentes: cultureandhistory / zonaretiro / Google Books