Cuando la corrupción en el Antiguo Egipto provocó la primera huelga de la Historia

Múltiples eran los obreros asalariados que trabajaban en el Antiguo Egipto (Wikimedia commons)
Múltiples eran los obreros asalariados que trabajaban en el Antiguo Egipto (Wikimedia commons)

Raro es el día en el que en la prensa no aparezca alguna noticia relacionada con algún conflicto laboral o alguna huelga convocada por un sindicato para obtener ciertas mejoras laborales. También famosas fueron aquellas huelgas y reivindicaciones que se produjeron en un gran número de ciudades a raíz de la Revolución Industrial hacia finales del siglo XVIII y, sobre todo, bien entrado el XIX.

Pero esos paros reivindicativos, aunque si eran los primeros en hacerse de manera organizada y con el respaldo de sindicatos, en realidad no fueron los primeros en realizarse en la Historia, debido a que hay textos que datan la primera huelga (documentada) en el Egipto del siglo XII a.C.

Fue concretamente en el año 1166 a.C., bajo el reinado del famoso faraón Ramsés III, y tuvo lugar entre los obreros del que fuera el más próspero poblado de obreros y artesanos del Antiguo Egipto: Deir El-Medina.

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A través del cine y las novelas se nos ha dado la errónea imagen de que en el Egipto de los grandes faraones la mano de obra que trabajó levantando las pirámides y los grandes templos estaba compuesta por esclavos.

Ilustración de distintos oficios en el Antiguo Egipto (Wikimedia commons)
Ilustración de distintos oficios en el Antiguo Egipto (Wikimedia commons)

En realidad el número de cautivos que trabajaron en esos lugares es mínimo, siendo mayoritariamente las labores a las que estaban encomendados las de estar en las canteras picando y trasladando los bloques de piedra que posteriormente serían colocados por los artesanos y trabajadores asalariados. Cabe recordar que el mayor grueso de esclavos provenía de haber sido hecho prisioneros en las guerras, comprados en el extranjero o capturados en las diferentes expediciones que realizaban en otros países.

Sin embargo el trabajo de levantar las construcciones faraónicas estaba a cargo de mano altamente cualificada. Si hoy en día podemos contemplar esas grandes obras es gracias a que fueron realizadas por diferentes profesionales.

El próspero imperio egipcio no alcanzó su esplendor por el trabajo realizado por los esclavos (que, evidentemente fue de vital importancia) sino por la profesionalidad de los trabajadores asalariados. Hay que tener en cuenta que no solo se levantaron grandes edificaciones, sino que había todo un tejido social, mercantil, agrícola y empresarial alrededor de las principales ciudades de Egipto.

Pero el salario que percibían todos aquellos profesionales no era en metálico sino en especies, en forma de hogazas de pan, sacos de cereales, litros de cerveza, pescado, carne, vestimenta y utensilios para el hogar. Dependiendo de la categoría laboral del trabajador se percibía mayor o menor cantidad de víveres.

Y aunque esto tenía lugar alrededor de 3.200 años atrás, hay algo que por aquel entonces ocurría al igual que en nuestros días: la corrupción.

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La mano de obra cualificada estaba retribuida en el Antiguo Egipto (Wikimedia commons)
La mano de obra cualificada estaba retribuida en el Antiguo Egipto (Wikimedia commons)

Algunos fueron los administradores, encargados de distribuir el salario de los trabajadores que aprovecharon para hacer desaparecer gran parte de las mercancías, mercadear con ellas y privar a los obreros de percibir aquello que les correspondía. Cada vez llegaba con mayor retraso sus víveres, además de ver que los mismos eran mucho menores a lo estipulado.

Esto provocó el enfado de los trabajadores que decidieron parar y personarse en el Templo de Thutmose III el día 10 del mes de Peret en el año 29 de Ramsés III, según el calendario egipcio, y que correspondería a la primera semana de enero del año 1166 a.C., si lo trasladamos a nuestro calendario.

Allí hicieron públicas sus quejas y, según recoge un documento de la época conocido como ‘papiro de la huelga’ y que actualmente se conserva en el Museo Egipcio de Turín, comunicaron a las autoridades: Tenemos hambre, han pasado dieciocho días de este mes... hemos venido aquí empujados por el hambre y por la sed; no tenemos vestidos, ni aceite, ni pescado, ni legumbres. Escriban esto al faraón, nuestro buen señor, y al visir, nuestro jefe. ¡Que nos den nuestro sustento!.

Tras ocho días de huelga los trabajadores percibieron parte de lo que se les adeudaba, pero, tal y como indican las crónicas, los retrasos en los pagos se volvieron a producir nuevamente en más ocasiones y hasta tres fueron las huelgas realizadas.

De lo que no hay constancia es de cómo se solucionó finalmente el conflicto laboral y en qué momento los huelguistas se reincorporaron a sus puestos de trabajo.

Fuentes: museoegizio / archivodeinalbis / unaderomanos / paleorama

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