Cuando Charles Dickens hizo un abrecartas con su gato fallecido

Cuaderno de Historias
Dickens usaba a diario su abrecartas, por lo que se sentía muy cerca de su añorado gato (Jen Carlson / Gothamist)

Charles Dickens fue sin lugar a dudas una de las mentes más brillantes de la literatura, convirtiendo la mayoría de sus novelas en auténticas obras maestras. Si había algo que no le faltaba al escritor inglés era imaginación y talento para saber plasmarlo en sus obras.

Pero la genialidad de Dickens no estaba exenta de excentricidad, debido a que son muchos los momentos de su vida en los que hizo o dijo algo que no se adecuaba a las normas de lo establecido como ‘correcto’ en la estirada época Victoriana en la que le tocó vivir.

Ese fue uno de los motivos por el que escribió bajo el seudónimo de ‘Boz’ unas jugosas crónicas sobre la hipócrita sociedad inglesa que se publicaban en un periódico y que terminaron convirtiéndose en un exitoso libro.

Muy discutido fue un hecho acontecido en 1862, el mismo en el que cumplió 50 años de edad, y que hizo que fuese señalado por algunos como  ‘loco extravagante’. Ese año falleció uno de los grandes y más fieles amigos que Charles Dickens tenía: su gato Bob.

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Abrecartas que mandó hacer Charles Dickens con su gato Bob tras morir (New York Public Library)

El escritor, al que todos en su casa lo llamaban ‘el maestro’, debido a la costumbre que tenía de explicar las cosas como si estuviera explicando una lección (algunas fuentes apuntan sin embargo que era en clara referencia al personaje Maestro Bates),  era un gran amante de los animales y, por tal motivo, cuando un amigo le llevó una camada de gatitos recién nacidos para que se los cuidase no pudo negarle el favor. Pero poco después tuvo que repartirlos entre sus conocidos ya que en la casa había varios pájaros (entre ellos un cuervo que tenía como mascota) y las aves corrían peligro al tener pululando alrededor de ellas a los pequeños y juguetones felinos.

Tan solo se quedó con uno de ellos, aunque en un principio no le puso nombre y al que los demás miembros de la familia Dickens (tenía cinco hijos) lo bautizaron como ‘el gato del maestro’, nombre que no era del agrado del escritor, por lo que terminó llamándolo Bob.

Pero lo de ‘llamarlo’ era un decir, ya que el gatito era sordo. Pasaron un buen puñado de años juntos y fue un fiel compañero, siguiéndolo por todas partes como si de un perro se tratase y mostrándose la mar de cariñoso con su amo, quien lo recompensaba con mimos y caricias.

Ese amor incondicional que le mostró el gatito a Dickens, el cual era reciproco, fue lo que le rompió el corazón el día que Bob falleció. Quería guardar un recuerdo de su fiel amigo, por lo que decidió utilizar una parte de sus restos para que lo acompañasen para el resto de su vida.

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Tras contactar con un taxidermista que ya había disecado a varias de sus mascotas (entre ellas el cuervo) éste quiso hacer algo diferente con el gato y utilizó los huesos de una de las patas para hacer una empuñadura y soldarla a un filo de marfil que se convirtió en un abrecartas en el que le incluyó una pequeña inscripción que ponía: CD In Memory of Bob 1862

Dickens fue un personaje muy popular en su época, por lo que la correspondencia que recibía diariamente era numerosa, algo que hizo que su nuevo y especial abrecartas fuese frecuentemente utilizado.

Este peculiar objeto, junto a otros muchos, forma parte de una exposición sobre el genial escritor que suele estar expuesta en el British Museum o la Biblioteca Pública de Nueva York.

Fuentes de consulta: openculture / gothamist / slate

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