Cuando Carlos III llenó Sierra Morena de colonos alemanes

Alfred López

En el siglo XVIII Sierra Morena era una zona semi despoblada, en la que se ocultaban un alto número de bandoleros.

En 1767 el rey Carlos III puso en marcha un ambicioso proyecto cuyo principal objetivo era poblar toda aquella zona con colonos provenientes de otros puntos geográficos de Europa, con el fin de dar a la región la oportunidad de convertirse en un puntal económico, social y cultural, según los ideales de la Ilustración que se estaban llevando a cabo en gran parte del viejo continente.

Para llevar a cabo su plan de modernización, el monarca financió el traslado de unas seis mil personas desde Centroeuropa (principalmente alemanes y flamencos) hasta Sierra Morena.

Desde la corona se tenía el convencimiento de que el paso de Despeñaperros que se había abierto, y que fluía la comunicación entre Andalucía y el centro de la península, quedaría más protegido del asalto de los bandoleros si toda aquella región era habitada.

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Los grandes impulsores del proyecto fueron el Presidente del consejo de Mesta y miembro del gobierno reformista, Pedro Rodríguez de Campomanes, y Pablo de Olavide, político de origen peruano, quienes a petición de Carlos III dirigieron todo el entramado para trasladar hacia el sur de la península a numerosas familias centroeuropeas.

La idea de colonizar y poblar zonas desiertas de Andalucía surgió del bávaro Johann Kaspar von Thürriegel, un aventurero con ganas de hacer fortuna que llegó hasta el monarca haciéndose pasar por el esposo de la condesa de Schwanefeld.

Thürriegel, tras pasar todos los filtros, pudo codearse con la flor y nata de la corte, siendo un habitual de las recepciones del Palacio Real y pudiendo acceder a los hombres de confianza de Rodríguez de Campomanes, a quien convenció para que el monarca financiase su proyecto de poblar aquellos terrenos sin habitantes de la corona española.

Se barajaron tierras tan lejanas como la Patagonia argentina o Puerto Rico (por aquel entonces colonias españolas), pero el rey tenía la esperanza de que este ambicioso plan se realizase en la península ibérica, pudiendo crear una sociedad modélica conformada por los ejemplares trabajadores germanos y flamencos.

De ese modo nacieron localidades como La Carolina (Jaén), La Carlota (Córdoba) y La Luisiana (Sevilla), que se convirtieron en las cabeceras de otras muchas poblaciones que crecieron alrededor de éstas.

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Conocida como la quinta provincia de Andalucía, ya que por entonces estaba formada por los cuatro reinos de Sevilla, Córdoba, Jaén y Granada, no tardó en prosperar y albergar a los nuevos pobladores.

Las conocidas como "Nuevas Poblaciones de Andalucía y Sierra Morena" se llenaron de centroeuropeos provenientes del norte de Francia, Países Bajos, Austria, Italia, Suiza y en su mayor parte de Bélgica y Alemania. Pero hasta allí llegaron (en menor número) algunas familias procedentes de Cataluña y Valencia.

A cada familia instalada se le dotó de vivienda, tierras suficientes para el cultivo y explotación y varios animales de granja, además de quedar exentos de cualquier tributo al fisco, gracias al fuero especial que se les había asignado.

Pero no todo fue un camino de rosas para el proyecto colonizador, debido a que los habitantes naturales de las zonas anteriormente pobladas veían como se encontraban en inferioridad de condiciones respecto a los extranjeros y se opusieron desde un principio a recibir en aldeas cercanas a esos privilegiados pobladores.

Estaban convencidos de que la diferencia idiomática de aquellos 'intrusos' provocaría una difícil convivencia y traería más vandalismo y sabotaje a la zona.

Finalmente, gracias a una inyección de inversiones gubernamentales, se consiguió una convivencia en armonía entre unos y otros; motivo por el que gran número de los actuales residentes en la zona portan apellidos centroeuropeos.

La gran gestión ejercida propició el éxito del proyecto, convirtiendo a las nuevas colonias en ejemplo a seguir. En 1835, a raíz del fin del fuero especial al que estaban acogidos, la zona comenzó a perder privilegios y entró en una profunda crisis económica que obligó a muchos de los descendientes de los primeros colonos a emigrar hacia otros puntos de España e incluso volver a la tierra de origen de sus padres y/o abuelos.

Fuentes: realsociedadeconomicajaen / aquifuetroya