Cuando en la Alemania nazi los animales tenían más derechos que las personas

Cuaderno de Historias
Los grandes amores de Hitler Eva Braun y su perro Blondi (Wikimedia commons)

 

Varios eran los miembros del Partido Nazi que se distinguían por ser unos acérrimos defensores de la ecología, los animales y el vegetarianismo, entre ellos el propio Adolf Hitler, quien lo llevaba a rajatabla y al que le gustaba que quienes le rodeaban también lo profesasen, como si de una religión se tratase.

Estando todavía en la oposición, durante los años de la República de Weimar, varias fueron las ocasiones en las que los representantes nacionalsocialistas realizaron diferentes peticiones al gobierno con el fin de crear leyes específicas que protegieran los derechos de los animales, entre las que se encontraba la prohibición de la vivisección, la técnica de disección de animales estando todavía vivos, algo que tachaban de repugnante tortura.

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Tras el nombramiento de Hitler como Canciller de Alemania, el 30 de enero de 1933, se comenzó a poner en marcha la máxima protección hacia los animales que desde el gobierno se les pudiera dar, aprobándose el 24 de noviembre de ese mismo año la Ley del Reich de Protección de los Animales, conocida como ‘Reichstierschutzgesetz’.

Ilustración en la que Hermann Göring es saludado por los animales de laboratorio salvados de la vivisección (Biblioteca de la Universidad de Heidelberg)

Hermann Göring, otro animalista convencido, aplicó con rigurosidad las leyes de protección y sancionó con dureza todo tipo de sufrimiento animal durante su etapa como primer ministro de Prusia.

Incluso en toda Alemania se convirtió en obligatorio estudiar una asignatura en las escuelas y universidades en la que se inculcaba el amor y respeto hacia todos los animales.

El  3 de julio de 1934 se aprobaba la ley Das Reichsjagdgesetz, por la que se regulaba y limitaba la caza. Con todas estas leyes se pretendía desde el Tercer Reich liderar el movimiento animalista del planeta.

Pero mientras todo esto tenía lugar, en el mismo instante miles de seres humanos eran sometidos a todo tipo de torturas y experimentos sin ningún tipo de miramiento ni compasión.

En la Alemanía nazi liderada por Hitler no había sitio para personas judías, homosexuales, gitanos, negros o cualquier otro colectivo que el Führer pensase que estaba fuera de los estándares de la raza aria.

Alemania se había convertido en pionera y ejemplo mundial de la protección animal y de la conservación de la naturaleza, de la que también se aprobó su correspondiente ley (Reichsnaturschutzgesetz) el 1 de julio de 1935, pero sin embargo no sentían sus jerarcas ni el más mínimo resquicio de sentimiento por las innumerables personas a las que estaban torturando y sometiendo a atroces experimentos, muriendo muchos de ellos tras someterlos a la vivisección, el mismo método que habían prohibido realizar a los animales.

A pesar de lo contradictorio que era el hecho de proteger al máximo los animales y por otro tener un desprecio absoluto hacia la vida de las personas, el propio Hitler lo tenía muy claro y había declarado en más de una ocasión que sentía mucho más amor y apego por su perro que por muchos de los seres humanos que lo rodeaban. 

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De todos los canes que el Führer tuvo, Blondi, un pastor alemán que le regaló en 1941 Martin Bormann, fue al que más quiso y el más conocido de todos ellos, debido a que fueron numerosas las veces en las que Hitler salió fotografiado con el animal.

Era tal la devoción que sentía por Blondi que una de sus mayores preocupaciones, cuando decidió suicidarse en el Führerbunker situado bajo la Cancillería de Berlín, era saber qué le depararía a su perro, siendo consciente que si caía en manos de los aliados, y mucho peor de los soviéticos, someterían al animal a todo tipo de torturas. Por ese motivo decidió que un miembro de las SS suministrara veneno a Blondi poco rato antes de quitarse él mismo la vida junto a Eva Braun.

Fuentes de las imágenes: Wikimedia commons / Biblioteca de la Universidad de Heidelberg

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