¿Cuántos y quiénes fueron los dobles que utilizó Hitler?

Alfred Lopez
Cuaderno de Historias

La costumbre de disponer de un ‘doble’ que ocupase en algún momento concreto el lugar de importantes mandatarios ha sido una práctica muy común a lo largo de la Historia y muchos son los que han sido utilizados, aunque en la mayoría de casos se ha tratado de guardar como un secreto de Estado.

Posiblemente uno de esos personajes que tuvo más dobles a su disposición fue Adolf Hitler, un hombre obsesionado por su seguridad y al que además le interesaba estar en todos aquellos lugares en los que su presencia fuese decisiva.

Pero claro, el Führer no era omnipresente ni poseía el don de la bilocación, por lo que en un gran número de ocasiones era muy difícil poder explicarse cómo había logrado estar en dos lugares distintos al mismo tiempo y además distantes entre sí por centenares de kilómetros.

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Muchos son los expertos en la figura de Hitler que apuntan a que tenía a su disposición a todo un equipo de perfectos dobles que eran capaces de imitar cualquiera de sus movimientos, muecas e incluso la forma de hablar y dar los discursos, por lo que la figura del líder nazi podía estar presente en numerosos lugares donde lo aclamaban.

Poco ha trascendido sobre la cantidad e identidad de esos ‘gemelos’ que fueron adiestrados a la perfección para ser idénticos al Führer, pero hay un nombre que a lo largo de las últimas décadas ha sonado como el del perfecto y preferido doble de Hitler.

Se trata de Ferdinand Beisel, a pesar de que tras su figura no existe una biografía consistente ni convincente para la mayoría de historiadores, habiendo un buen número de éstos que dejan un pequeño margen a la posibilidad de que verdaderamente pudiese haber sido real su presencia y trabajo como doble de Hitler.

Según cuentan algunas crónicas, Beisel era un tipo de lo más común, pero con una peculiaridad… tenía un gran sentido del humor y una habilidad innata para realizar divertidas imitaciones de otras personas. Era el centro de atención en las reuniones que realizaba en la cervecería habitual donde acudía tras terminar su jornada laboral.

Allí explicaba divertidos chistes y encarnaba los más dispares personajes de la época, entre los que se encontraba, como no, Adolf Hitler, a quien imitaba a la perfección, dándole la misma entonación y consiguiendo poner las mismas caras y muecas.

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Esta práctica realizada por Ferdinand llegó a oídos de la Gestapo, mandando a la cervecería a dos de sus miembros con la orden de detener al hombre que se burlaba en público del líder del Tercer Reich. La sorpresa vino cuando comprobaron que, chistes aparte, la forma de imitar a Hitler era impecable y que tras pulirlo un poco podrían conseguir de ese hombre al mejor de cuantos dobles tenía el Führer.

Por lo poco que se sabe realmente del caso, parece ser que resultó ser un éxito, apareciendo Ferdinand en un gran número de lugares donde se esperaba a Hitler sin que nadie se percatase de que no se trataba de éste, sino de un imitador.

Uno de los inconvenientes que surgieron fue el hecho de que Adolf Hitler tenía una prodigiosa memoria para recordar cada uno de los rostros de las personas a las que había conocido a lo largo de su vida, así como retener el nombre de las mismas. Algo que en cierta ocasión puso en peligro una de las apariciones de Ferdinand como doble del líder nazi, ya que no reconoció ni saludó a un miembro de las SS a quien había condecorado pocos días antes el verdadero Hitler.

También se especula que lo mismo ocurrió el 20 de julio de 1944, día en el que Claus von Stauffenberg intentó acabar con la vida del Führer en la conocida como Operación Valquiria. Hitler conocía al militar pero ese día parece ser que no prestó le atención alguna ni saludó, por lo que todo apunta a que quien realmente estaba en la sala donde explotó la bomba no era el verdadero canciller de los alemanes sino su doble.

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Otra de las hipótesis con la que se especula a menudo es con la posibilidad de que el cadáver encontrado en el bunker de Berlín, el 30 de abril de 1945, no era realmente el cuerpo sin vida de Hitler sino que pertenecía a Ferdinand Beisel, mientras que el verdadero genocida huía del país para permanecer escondido el resto de su vida (hay quien asegura que su destino fue Argentina e incluso se habla de España, como lugar donde se refugió). Cogió tal fuerza esta teoría que incluso el ejército de los EEUU manipuló algunas fotografías de Hitler para cambiar su apariencia con el fin de distribuirlas y saber cómo podría haber modificado su rostro, con el fin de localizarlo.

Respecto a los innumerables dobles con los que supuestamente contaba Hitler, algunas fuentes señalan que fueron eliminados poco antes de finalizar la IIGM para que jamás pudieran explicar nada sobre el trabajo que desempeñaron.

Pero, evidentemente, todo esto forma parte de las numerosísimas teorías e hipótesis que existen en torno a la figura de Adolf Hitler, sus dobles y el verdadero destino de uno de los hombres más crueles y perversos que ha dado la Historia.

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