La cineasta que ayudó a encumbrar a Hitler

Cuaderno de Historias
Leni Riefenstahl fue la cineasta que encumbró a Hitler (Wikimedia commons)

En un tiempo en el que no existía internet y los fenómenos virales se realizaban gracias al boca a boca, un líder político se encumbró en lo más alto del escalafón de la popularidad, siendo admirado durante largo tiempo por muchos que después negaron haberlo hecho, fue nombrado hombre del año 1938 por la prestigiosa revista TIME e incluso llegó a ser candidato a ganar el Premio Nobel de la Paz.

Como bien imaginaréis me estoy refiriendo a Adolf Hitler, quien llegó a la cima gracias a un entramado plan perfectamente organizado haciendo llegar su mensaje a los ciudadanos de una forma directa y eficaz.

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Para ello contó con la inestimable colaboración de Joseph Goebbels, ministro de propaganda durante el Tercer Reich, quien diseñó toda la campaña propagandística del régimen e hizo llegar el mensaje nacionalsocialista a todos los rincones.

Pero otra de las personas claves en el encumbramiento del nazismo y la figura de Hitler fue Leni Riefenstahl, una directora cinematográfica que había llegado al mundo del cine por pura casualidad y que terminó siendo una de las más reputadas profesionales.

Tras rodar su primera película La luz azul’ en 1932 y recibir los más preciados elogios por parte de la crítica internacional, el aparato propagandístico nazi quiso contar con ella para que fuese la encargada de rodar en celuloide el mensaje que se quería retransmitir al país e, indirectamente, al resto del planeta.

Avalaban a la joven directora dos pesos pesados dentro del organigrama del Reich, Albert SpeerRudolf Hess, quienes hicieron de intermediarios entre ella y el Führer. Tras interesarse éste por el trabajo de Riefenstahl dio el visto bueno a un ambicioso  proyecto de llevar a la gran pantalla los congresos que el Partido Nazi celebraría en Núremberg.

Bajo el título global de ‘La Trilogía de Núremberg’, Leni Riefenstahl rodó entre 1933 y 1935 lo que se ha considerado el más efectivo documental propagandístico que mostraba las virtudes y grandeza del pensamiento nacionalsocialista y que mostró al mundo la capacidad de la nación para convertirse en la más grande y potente del planeta.

Coincidiendo con el auge que estaba tomando Riefenstahl dentro de los círculos más intimos de Hitler aumentaba su enemistad y animadversión con Goebbels, quien la veía como una firme competidora que eclipsaría el trabajo realizado por él dentro de la cúpula del Reich. Esto motivó que designase a Walter Frentz  como camarógrafo oficial del régimen, un puesto que todos tenían el convencimiento de que debía haber sido para la directora.

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Leni Riefenstahl fue esencial en el aparato propagandístico nazi (Wikimedia commons)

Pero el momento de gloria de Leni le llegó en 1938 tras los Juegos Olímpicos de Berlín de dos años antes, conocidos como las ‘Olimpiadas de Hitler’, en el que se le había encargado que filmara una película sobre ese gran acontecimiento. El resultado fue Olympia, un film documental realizado en dos partes y con una duración cercana a las cuatro horas que se convirtió en un auténtico éxito en todo el planeta.

Leni Riefenstahl se estaba convirtiendo en la persona que mejor estaba transmitiendo a la sociedad el concepto y la idea del nazismo, algo que la beneficiaba de cara al Reich pero que le perjudicó en sus aspiraciones de trabajar internacionalmente.

A pesar de que los productores de Hollywood estaban interesados en  contar con ella para grandes proyectos les frenaba la estrecha relación que la unía a Hitler, quien cada vez iba teniendo más detractores debido a la persecución que se estaba haciendo a los judíos en el país.

Esto fue alejando paulatinamente a Leni del nazismo y su entorno y, a pesar de estar casada con un oficial de la Wehrmacht, se desencantó por completo de lo que representaba. Había asumido el papel que le tocaba ejercer y trabajaba por encargo, sin creer ni ser afín al gobierno de Hitler.

Una vez terminada la Segunda Guerra Mundial, durante los Juicios de Núremberg se la acusó de ser simpatizante del nazismo librándose de otra acusación mucho peor que era la de colaboradora, esto hizo que el dictamen fuese muy diferente. Se valoró el enorme valor universal que había alcanzado su obra, aunque fue sometida a la desnazificación.  

En 1954 terminó de rodar la que prometió que sería su última y única película después del nazismo. ‘Tiefland’ había estado en fase de producción desde 1934 pero debido al encargo recibido por parte del Tercer Reich, posterior guerra y posguerra no pudo terminarla hasta dos décadas después. Con este film decidió abandonar definitivamente el mundo del cine y dedicarse a la fotografía. La etiqueta de ser la cineasta que ayudó a encumbrar a Hitler era una losa que pesaba demasiado.

Vivió hasta los 101 años de edad (falleció en 2003) y a lo largo del resto de su vida realizó una gran carrera como fotógrafa. Cabe destacar que coincidiendo con su cumpleaños número 100, y haciendo una excepción a la promesa que había hecho de no volver a dirigir, decidió filmar una película documental sobre el mundo submarino tras medio siglo sin hacerlo.

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