Chicago, la ciudad que se levantó a pulso

Alfred López

La tercera ciudad en importancia y habitantes de los Estados Unidos fue construida en pleno auge de expansión de la población y sin tener en cuenta el mal terreno sobre el que se estaban alzando, asi como su escaso desnivel con respecto a las vías de agua. Eso llevó a tener que idear un proyecto de ingeniería para levantar a pulso gran parte de los edificios e instalar una red de canalizaciones y alcantarillado. Esta es la curiosa historia de cómo se llevó a cabo…

A caballo entre los siglos XVIII y XIX varias docenas de colonos franceses se asentaron y comenzaron a construir sus viviendas en unas tierras del Estado de Illinois, una población que por su ubicación y cercanía al lago Michigan y a los ríos Des Plaines y Chicago acabó recibiendo el nombre de este último.

Tan solo hicieron falta tres décadas para convertir a esa nueva ciudad en uno de los puntos neurálgicos de Norteamérica y con la llegada y paso del ferrocarril terminó de convertir a Chicago en una población emergente con gran futuro laboral.

En pocos años el lugar vio como se habían instalado en aquel lugar alrededor de cien mil nuevas personas, lo que propició un boom inmobiliario que hizo construir nuevas viviendas de manera desmedida y sin control alguno.

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Con la masificación inmobiliaria y su nula planificación no se pensó en el inexistente desnivel que tenían las calles allí construidas, no pudiendo desaguar y drenar toda el agua que iba a parar hasta allí de las lluvias y el uso cotidiano en los hogares y fábricas.

Gran parte de la ciudad se estaba empantanando y eso provocaba que muchos transeúntes, caballos y carruajes quedasen atrapados o hundidos en el fango.

Esa situación y el desastroso estado de las calles propiciaron que en 1854 se propagase una terrible epidemia de cólera que afectó a una gran parte de la población. La insalubridad del agua estancada llevó a las autoridades a pensar un modo en el que se pudiese drenar todo aquello sin que afectase por más tiempo a los ciudadanos.

Hasta allí viajó desde Boston el ingeniero Ellis S. Chesbrough, con el fin de diseñar y llevar a cabo la red de alcantarillado y desagüe que necesitaba Chicago. Pero se encontró con un problema con el que no se contaba: al no tener desnivel alguno respecto al lago, sería prácticamente imposible conseguir una buena infraestructura que ayudase a la ciudad a canalizar todo el exceso de agua hacia otro punto.

Dicha red de cañerías debía pasar por debajo de la ciudad, pero para ello había que subir el nivel de las calles y para hacerlo solo se contemplaban dos posibles soluciones… tirar abajo todos los edificios y volverlos a construir tras la colocación del alcantarilladlo o levantar la mayoría de los bloques un par de metros sobre el suelo, respecto a la posición que tenían en ese momento.

Por extraño que parezca, se optó por la segunda opción, una idea que a priori parecía descabellada pero con el tiempo se comprobó que fue la más acertada. La colaboración inestimable en el proyecto de George Mortimer Pullman hizo que finalmente fuera todo un éxito.

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En 1856 se puso en marcha el proyecto y para ello se barajaron múltiples posibilidades de cómo "levantar" cada uno de los edificios afectados y poder construir bajo ellos toda la red de alcantarillado que drenaría todo las aguas hacia el exterior de la ciudad.

El primer edificio que sería levantado a pulso, gracias a la ayuda de 200 gatos mecánicos y varios centenares de trabajadores, estaba construido de ladrillos y su peso era de 750 toneladas.

Fue una milimétrica operación de ingeniería en el que todos los operarios trabajaron al unísono e hicieron funcionar los respectivos gatos que elevarían la construcción a una altura de 1,88 metros del suelo.

Las siguientes veces se realizó con edificios de mayor envergadura y se comenzaron a utilizar gatos hidráulicos para levantarlos.

El éxito de la operación llevó a que un gran número de edificios fuesen levantados del mismo modo e incluso hubo propietarios que propusieron que sus viviendas (de varios pisos de altura) fueran movidas a otro punto de la ciudad.

Muchas son las ilustraciones y los artículos que se publicaron en los periódicos de la época en los que aparecían los edificios siendo arrastrados sobre troncos, que hacían la función de rodillos, mientras sus propietarios se encontraban en el interior de la vivienda observando cómo eran trasladados a otra ubicación.

Una vez finalizada toda la macro-operación de construir la red de alcantarillas de la ciudad, Chicago siguió evolucionando para convertirse en uno de los principales ejes económicos del país. Pero tuvo que ser construida de nuevo tras el devastador incendio que asoló gran parte de la ciudad el año 1871.

Fuentes: jonathanriley / Cabovolo / chicagotribune