La historia de las armas que quedaron desperdigadas tras la Guerra fría

Alfred López
Cuaderno de Historias

El 8 de diciembre de 1991, los presidentes de Rusia, Ucrania y Bielorrusia se reunieron para firmar el Tratado de Belovesh por el que se declaraba oficialmente la disolución de la Unión Soviética.  Desde los Estados Unidos permanecían como atentos espectadores a todo el proceso que se estaba realizando al otro lado del telón de acero.

El desmantelamiento de la URSS tras más de 40 años de 'guerra fría' dejaba en el aire una pregunta que necesitaba una respuesta coherente: ¿Qué va a pasar con todo el material nuclear y armamentístico que hay desperdigado por las diferentes ex-federaciones  soviéticas?

El gobierno del presidente norteamericano, George H. W. Bush, a pesar de las reticencias de éste, intentó tender un puente de diálogo al nuevo mandatario ruso Boris Yeltsin, ofreciéndole ayuda económica a las diferentes ex-repúblicas con el fin de evitar que el arsenal nuclear fuese a parar a terceros países interesados en desarrollar un programa con armas nucleares.

Sobre la mesa tenían el dibujo de un mapa en el que, un gran número de países que habían pertenecido a la Unión Soviética disponían de un numerosísimo material nuclear que, de no ser controlado, podría acabar en el mercado negro.

De la noche a la mañana, Ucrania se había convertido en la tercera potencia mundial en lo que respecta a armamento nuclear, pero su precaria economía la imposibilitaba para que pudiera hacerse cargo de todo el arsenal que había en su territorio, lo que hizo temer a los estadounidenses una fuga de material y la venta ilícita de éste.

Norteamérica se comprometió a inyectar una buena cantidad de dólares (que acabaron convirtiéndose en miles de millones) a cambio del control total y absoluto por parte de Moscú de todo lo que tenía desperdigado la Unión Soviética.

El inicio de pruebas nucleares por parte de países como Irán o Corea del Norte, hacían sospechar de la fuga de cerebros y científicos soviéticos hacia estos países, debido al empobrecimiento que pasaron a tener aquellas naciones que pertenecieron un día a la extinta URSS y que habían dejado de recibir la inyección económica de la todopoderosa Rusia.

El que fuera Embajador de EEUU en Ucrania, Steven Pifer, en unas declaraciones recientes comentó, en referencia al robo o venta de armas nucleares a terceros países o grupos terroristas, que de haberse producido, estos lo hubiesen utilizado tan pronto como les hubiera sido posible.  Aseguraba que nadie se abastece de armas nucleares ilegalmente para luego tenerlas guardadas.

El respaldo recibido por parte de Washington para eliminar las armas nucleares estratégicas de Bielorrusia, Kazajstán y Ucrania fue total, siendo vital el aporte estratégico y económico que inyectó en estos países. Pero el hueso más duro de roer fue Ucrania, con la que se luchó en una auténtica batalla diplomática.

Era un país endeudado al máximo, el mal recuerdo del desastre nuclear ocurrido en Chernobyl pocos años antes (1986) había dejado mermada la economía y la población ucraniana no estaba interesada en mantener las armas nucleares, por lo que había que deshacerse de ellas, pero no a cualquier precio.

Leonid Kravchuk, el entonces presidente de Ucrania, denunció la presión a la que fueron sometidos por parte de los representantes diplomáticos, los cuales presionaban y amenazaban de sanciones internacionales. Pero estos querían recibir una compensación por despojarse de algo que había enriquecido a Rusia y que era vital para los norteamericanos.

Fueron años complicados en los que la incertidumbre permanecía en el ambiente de todas las reuniones.

Finalmente, Ucrania se salió con la suya y recibió una compensación que alcanzó los miles de millones de dólares y el desmantelamiento progresivo del armamento nuclear comenzó a realizarse paulatinamente.

La entrada del nuevo presidente en EEUU, a principios de 1993, Bill Clinton, facilitó las conversaciones y los encuentros entre las delegaciones de ambos países.

Recientemente con el nuevo acuerdo START, firmado por los presidentes Barack Obama y Dimitri Medvedev y que entró en vigor el año pasado, se continuó con la reducción paulatina del número de armas nucleares en manos de ambos lados.

Fuente:  Yahoo!