Una variación genética incrementa el riesgo de daños cerebrales tras una operación de corazón

J Peláez

Desde que hace ya 60 años, Francis Crick y James D Watson salieran corriendo al Pub Eagle de Cambridge a anunciar entre cervezas que habían descubierto la estructura de lo que ellos mismos llamaron la “molécula de la vida”, nuestros conocimientos en genética han experimentado pasos asombrosos.

En la actualidad no sólo hemos conseguido descifrar la secuencia completa de los más de 20.000 genes que conforman el genoma humano sino que diariamente surgen avances y noticias en el campo de la genética aplicables a casi cualquier aspecto de la ciencia.

Evidentemente, no todo lo que somos está escrito en nuestro ADN, por supuesto hay numerosos factores ambientales y culturales que deben sumarse a esta larga secuencia de letras guardada en nuestras células. Sin embargo, existen ciertas características genéticas que, lo queramos o no, van a influir decisivamente en factores muy específicos de nuestra vida.

Uno de estos condicionantes genéticos acaba de ser noticia en la reunión anual de la American Society of Anesthesiologists que se ha celebrado en San Francisco, y tiene como desafortunados protagonistas a los pacientes operados del corazón.

Hace unos meses en este mismo Cuaderno de Ciencias tratábamos los problemas que trae consigo un infarto de miocardio, y cómo el corazón queda dañado de forma permanente elevando el riesgo de nuevos ataques y complicaciones.

Además, y para empeorar algo más la actual situación, las estadísticas indican que dentro de los cinco años siguientes a una operación de corazón, un alto porcentaje de pacientes (que oscila entre el 30 y el 50%) experimentan, en mayor o menor medida, daños en sus capacidades cognitivas.

Estas complicaciones neurológicas pueden ir desde la pérdida de memoria en diferentes grados, dificultades para entender y comunicarse, disminución en la atención, hasta incluso llegar a provocar afasias severas o perdida en las capacidades motoras del intervenido.

La relación entre estas cirugías cardiacas y la aparición de daños neurológicos en los años siguientes a la operación, ha sido objeto de numerosos debates médicos sin que aún se sepa la causa exacta. Se barajan diversos motivos como los efectos secundarios de la propia cirugía, la anestesia o la progresión de enfermedades neurológicas diferentes, pero hasta el momento todavía no se ha llegado a una solución.

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Ahora y gracias a una nueva investigación en el Duke University Medical Center, lo que sí podemos afirmar es que en esta conexión entre operación cardiaca y daños cerebrales está implicada una variación concreta en el gen encargado de sintetizar la Apolipoproteína E4 (APOE4).

Intentaré explicarlo de manera sencilla diciendo que la tarea más importante que llevan a cabo nuestros genes es guardar la información necesaria para expresar las proteínas. Cada gen posee la información para producir una proteína específica que es la responsable de que tengamos, por ejemplo, un determinado color de ojos.

Así pues las proteínas son las principales protagonistas de las reacciones químicas que se producen en nuestro organismo, determinando la forma y la función de nuestras células y dirigiendo la mayoría de los procesos vitales que nos construyen y nos hacen funcionar.

Sin embargo, en el proceso de copia de esa información depositada en nuestros genes pueden surgir variaciones, haciendo que las proteínas se sinteticen de maneras inesperadas y causando así las conocidas enfermedades de origen genético.

En el caso que nos ocupa, la Apolipoproteína E4 (APOE4) ocupa un importante lugar en el control del colesterol y los triglicéridos, y es sintetizada por un gen localizado en el cromosoma 19, llamado ApoE (en minúsculas), que también está conectado con enfermedades de la mente como el alzhéimer.

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Los resultados del estudio del Duke University, presentados en la reunión anual de Anestesiología, indican que las personas que nacen con una variación en este gen ApoE encargado de sintetizar la Apolipoproteína E4, son mucho más proclives a experimentar daños neurológicos después de una operación de corazón.

En la investigación se analizaron variaciones en este gen ApoE, entre 233 pacientes a los que se había realizado cirugía cardiaca, encontrando que el índice cognitivo de los pacientes sin la variación genética fue de 0.16, mientras que en los pacientes que poseen la varación del gen ApoE era de un 0.08.

Los datos indican que en los cinco años siguientes a la operación, los pacientes con variaciones en este gen experimentan el doble de deterioro cognitivo que aquellos que no las tienen. Además, y según los propios investigadores, este estudio podría zanjar la cuestión a debate puesto que “estos daños en las capacidades cognitivas se relacionan más con la genética del paciente que a la propia intervención quirúrgica”.

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Referencia científica:

American Society of Anesthesiologists (ASA). People born with certain gene more likely to suffer cognitive decline after heart surgery. ScienceDaily. Retrieved October 18, 2013