¿Se pueden predecir los terremotos?

Hace siglos, a los habitantes de la Tierra les habría parecido magia nuestra capacidad actual para predecir el clima. Sin embargo, cuando se trata de predecir terremotos, poco o nada ha cambiado a pesar de nuestra ciencia avanzada. ¿Va a ser esto siempre así?

Por Miguel Artime.

Desafortunadamente, la predicción de terremotos es una de esas pocas áreas de la ciencia en las que los expertos muestran cierto consenso. Ahora mismo, poco o nada se puede hacer, salvo prepararnos para sus efectos mejorando nuestras técnicas de construcción y planificación urbana.

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Prueba del pesimismo de los científicos al respecto es lo sucedido en el año 1996, cuando cuatro expertos en sismología publicaron en la revista Science un artículo titulado simplemente: "No se pueden predecir los terremotos". Y esto es así porque los terremotos suceden a cada momento. La Tierra padece 500.000 terremotos al año, de los cuales apenas 100.000 se sienten en superficie.

Pasándolo a cifras fácilmente comprensibles, esa liberación de energía que se da cuando las placas tectónicas del interior de la corteza terrestre se agitan y que llamamos terremoto, sucede una vez por minuto en nuestro planeta. La mayoría de ellos en las zonas calientes de subducción, como la tristemente famosa placa del pacífico que existe bajo Japón.

El problema es que de los anteriormente citados 100.000 temblores perceptibles, solo un par de docenas superan la magnitud 7.0 en la escala de Richter. Ese es el punto a partir del cual sus efectos comienzan a ser realmente peligrosos. La tarea de predecir los verdaderamente catastróficos de entre todos los que suceden es pues similar a encontrar una aguja en un pajar.

Y todo ello teniendo en cuenta que no existe correlación conocida entre los terremotos y las fases de la luna, el clima, la época del año, los ciclos solares o el periodo transcurrido desde el último temblor.

Y tampoco parece ayudar que conozcamos datos sobre la presión de los fluidos subterráneos, la conductividad eléctrica del terreno, etc. El comportamiento de los terremotos sigue siendo un misterio que tal vez necesite del desarrollo de herramientas y de matemáticas completamente nuevas.

En este sentido, la importancia de la teoría del caos es una tenue luz al final del túnel. Pero tampoco conviene emocionarse demasiado, estos modelos podrían servir para hacer predicciones globales a largo plazo. Es decir, se podría predecir el número de terremotos que podrían suceder en ciertas áreas geográficas en un periodo de tiempo dado, probablemente marcando un pico máximo de magnitud, pero no se podrá anunciar cuándo sucederá el próximo gran temblor.

Curiosamente la historia de la predicción sismográfica solo cuenta con un éxito, y en este momento muchos expertos consideran que aquel triunfo fue en realidad fruto de la casualidad.

En 1974 el gobierno chino contrató a unos 100.000 observadores dispuestos a vigilar el comportamiento de los animales, el aspecto de las aguas en los pozos (turbia o clara), la aparición de rayos eléctricos cielos despejados, etc.

Poco después, en diciembre de 1974, los informes sobre esta clase de eventos comenzaron a llegar. Apenas unos meses más tarde, en febrero de 1975, después de una serie de temblores pequeños, los funcionarios chinos tomaron la decisión de desalojar la ciudad de Haicheng, en el norte del país, cuya población excedía el millón de personas.

El día después de la evacuación, un terremoto de magnitud 7.3 sacudió la ciudad. Los expertos cifraron la cantidad de muertos que podría haberse producido, de no haber realizado la evacuación, en más de 150.000 personas.

Se considera la única predicción exitosa de la historia, aunque se sigue debatiendo si el mismo se debió a los pequeños temblores que antecedieron al grande, al resto de extrañas observaciones, o a ambos hechos.

Lamentablemente, en julio del año siguiente, dos temblores de magnitud 7.8 golpearon la ciudad china de Tangshan, al norte del país, y esta vez no hubo ningún éxito en la predicción, por lo que 250.000 personas murieron y 164.000 resultaron heridos. Así que el optimismo inicial se vino abajo ante tamaña muestra de realidad. Por eso muchos expertos consideran el éxito de Haicheng una afortunada casualidad.

La ciencia de la predicción de temblores se encuentra en su más tierna infancia, harán falta décadas de observaciones y millones invertidos en el desarrollo de nuevos instrumentos, para que empiece a acercarse a los éxitos conseguidos por la climatología.

Hasta el momento aquellos científicos prestigiosos en este campo que se atrevieron a hacer predicciones, destrozaron sus carreras cuando se atrevieron a anunciar temblores que nunca llegaron, causando además pánico en las poblaciones locales.

Tal vez, por eso mismo, ahora todos están de acuerdo es que hay que evitar falsas alarmas. No es agradable admitir que la ciencia tiene límites, especialmente cuando el problema que se trata de combatir puede causar cientos de miles de muertes, pero es muy importante que entendamos y reconozcamos esas limitaciones para centrarnos en aspectos que sí podemos controlar.

Puede parecer de poco consuelo, especialmente después de lo que hemos visto estos últimos días en Japón, pero ser conscientes de nuestros límites e invertir en prevención es siempre mejor que creer en las falsas promesas de la pseudociencia.

Basado en un artículo visto en Io9.com

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