Reviven musgos antárticos congelados desde los tiempos del Imperio Romano

Cuaderno de Ciencias

Imagina eres un biólogo viajero y que llegas navegando a una remota isla llamada Signy, situada a unos 1370 kilómetros al sur del Cabo de Hornos (es decir a escasos cientos de kilómetros del polo sur) con la intención de encontrar a un ser vivo que yace enterrado a casi metro y medio de profundidad (en estado latente) desde los tiempos del Imperio Romano. ¿Crees que sobreviviría si simplemente lo desentierras y lo dejas expuesto a la luz? Aunque pueda parecer sorprendente, la respuesta es sí, y el artífice de semejante "superpoder" es un musgo de la especie Chorisodontium aciphyllum.

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¿Cómo es posible? Bien, espero que estés preparado para aprender un nuevo palabro científico, ahí va: criptobiosis, que según la wikipedia: "es el estado consistente en la suspensión de los procesos metabólicos a la que algunos seres vivos entran cuando las condiciones medioambientales llegan a ser extremas". Ahí está el secreto.

Los autores del descubrimiento, pertenecientes a la institución British Antartic Survey y a la Universidad de Reading en Berkshire, Reino Unido, creen que la 'resurrección' de este musgo fuerza a replantearse los conocimientos que teníamos sobre el período máximo que las plantas pueden sobrevivir congeladas, para revivir después al ser simplemente expuestas a la luz.

Peter Convey, coautor del estudio cree que a pesar de que existen varios registros de microbios extraídos de muestras de hielo y permafrost, que vuelven a la vida al recibir calor, esta es la primera vez que sucede con organismos multicelulares y sin necesidad de ingeniería genética.

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Tras desenterrar las muestras a una profundidad de casi metro y medio y protegerlas para evitar su contaminación, las llevaron al laboratorio donde las cortaron con herramientas esterilizadas, las calentaron con una incubadora y simplemente las dejaron a la luz, imitando las condiciones habituales a las que vive esa especie. Transcurridas entre tres y seis semanas surgieron nuevos brotes.

Cuando llevaron a datar muestras de las raíces marrones de las que habían brotado los nuevos tallos, descubrieron que la edad de las obtenidas a mayor profundidad se correspondían con el año 300-450 de nuestra era, es decir con el crepúsculo del Imperio Romano.

Esa capacidad de resucitar tras largos períodos de tiempo congelada no es un truco al alcance de los animales pluricelulares. A pesar de que algunas especies de rana pueden sobrevivir congeladas a un invierno, o que los huevos de camarón de la salmuera sobreviven hasta 2 años en seco, lo más lejos que podemos llegar en período de latencia dentro del reino animal es a una década (como mucho), logro que solo está al alcance de los tardígrados.

Los autores del estudio creen que el musgo autor de este récord podría superarlo fácilmente si pudiesen excavar a más profundidad y recuperar muestras más antiguas. Los bancos de musgos más antiguos del Antártico podrían tener hasta 6.000 años.

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Podéis leer el paper en la edición online de Current Biology.

Me enteré leyendo National Geographic.