¿Puede una mascota destruir un ecosistema?

Las mascotas exóticas son un tipo especial de especies invasoras. Como su propio nombre indica, son animales domésticos, que son soltados y acaban invadiendo y afectando a los ecosistemas en que se asientan. El ejemplo que siempre se cita, y quizá el caso más definitorio del efecto que pueden tener es el del gato de Mr. Lyall, farero de la isla de Stephens y responsable de la extinción de una especie de ave.

La pequeña isla de Stephens se encuentra entre las dos principales de Nueva Zelanda, en medio de una ruta de navegación, por lo que era necesario que tuviese un faro. A finales del siglo XIX el señor Lyall, ornitólogo aficionado, fue designado como farero. Para mitigar su soledad, solicitó permiso para llevar con él a Tibbles, su gato doméstico.

Al poco tiempo de llegar a la isla Tibbles, como buen gato doméstico, ofreció a su dueño una captura a modo de trofeo. Se trataba de un pequeño pájaro, regordete, con alas pequeñas y redondeadas y casi sin cola. Parecía no poder volar, o en todo caso hacerlo de manera muy torpe, ya que sus hábitos insectívoros no lo hacían necesario.

El señor Lyall nunca había visto ningún pájaro igual. Le recordaba, por sus características, a un chochín (Xenicus sp.), y así decidió etiquetarlo cuando lo envió al Club de Ornitología de Londres, con la intención de pasar a la historia de esta disciplina por haber descubierto una nueva especie. Del mismo modo, conservó todos los ejemplares que su gato le traía.

Pero, de repente, Tibbles dejó de traerle ejemplares de dicho pájaro. Lyall comenzó una búsqueda por toda la isla, para encontrar nuevos individuos que sumar a su colección, del mismo modo que hicieron muchos recolectores enviados por distintos museos. Ninguno consiguió encontrar de nuevo a dicha especie, y así ha sido hasta la actualidad. Toda la especie resultó extinta por un sólo individuo, el gato del farero Lyall.

En este ejemplo, perfectamente documentado, se encuentran muchos factores que la han convertido en un lugar común en biología de la conservación. Además de ser un claro ejemplo del efecto pernicioso que una sola especie puede tener en un ecosistema, también ayuda a introducir otro de los factores principales de las especies invasoras, lo que se conoce como "distintividad".

La distintividad hace referencia a la falta de cohabitación de un depredador introducido con sus presas. Cuanto menos parecido a otros depredadores presentes en el ecosistema sea una especie invasora, mayores serán sus efectos. Esto explica por qué para Tibbles el gato resultaba tan sencillo cazar a estas pequeñas aves. Ellas no reconocían un peligro en él.

El caso de la isla de Stephens puede resultar un poco extremo, y es cierto que no es muy común que un sólo individuo extinga a toda una especie. Sin embargo, el efecto que las mascotas exóticas tienen sobre nuestros ecosistemas es patente. En España, por ejemplo, tenemos los casos de los galápagos americanos, especialmente el galápago de Florida (Trachemis scripta), responsables del decline en las poblaciones de los galápagos europeo (Emys orbicularis) y leproso (Mauremys leprosa), así como del descenso en la calidad de las aguas de numerosos ríos y lagunas. La lista es muy extensa, y esto no es más que un botón de muestra.

La introducción de especies es uno de los cuatro factores principales de peligro para los ecosistemas, y quizá el caso en el que podamos contribuir más cada uno de nosotros para evitarlo.

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