¿Puede un ciego total percibir la luz sin saberlo?

No todos los ciegos son iguales, ni ven (o no ven) lo mismo. En realidad hay varios niveles de ceguera.

Un ciego funcional por ejemplo, en realidad puede ver un poco pero no lo bastante como para poder manejarse en un mundo de libros impresos. Así pues, aunque puedan distinguir trazas de luz, estos ciegos leen braille y oyen libros grabados en cintas.

En Europa se define la ceguera legal como la falta de agudeza visual correspondiente a un nivel 6/60. Esto significa: cualquier persona con discapacidad visual que necesite estar a una distancia de 6 metros de un objeto para poder verlo de un modo similar a lo que lo haría una persona con visión normal desde 60 metros.

Luego está la variedad de pérdida parcial de visión: pacientes que sufren de cataratas, degeneración macular, glaucoma, etc. Y finalmente la figura de la ceguera total.

En Estados Unidos se refieren a veces a estos ciegos como NLP (no perciben luz), ya que estas personas no ven nada en absoluto. Sin embargo, investigaciones recientes han mostrado que, al menos en ciertos casos, incluso los ciegos totales podrían ser capaces de percibir luz, aunque de manera no visual.

¿Cómo es posible? Para responder hay que retroceder hasta 1923, cuando un estudiante de graduado en Harvard llamado Clyde Keeler descubrió que los ratones que criaba en su laboratorio habían experimentado una mutación que hacía que sus ojos carecieran de fotoreceptores (las células sensibles a la luz que se localizan en la retina).

Lo asombroso era que, a pesar de que los roedores eran completamente ciegos, parecían reaccionar ante la luz. Sus pupilas no sólo se encogían a su contacto, sino que los ritmos circadianos de los ratones variaban en función a los ciclos luz-oscuridad.

Teniendo en cuenta que creíamos que la luz se percibía únicamente a través de 2 clases de fotoreceptores (conos y bastones) y que los roedores carecían de ambos, Keeler concluyó que debería existir una tercera variedad desconocida.

Hizo falta que pasaran ocho décadas para que su sugerencia se tomara en serio.

Efectivamente, tanto los ojos de los ratones como los de los humanos contienen una clase de células que detectan la luz sin contribuir a la visión. Se les llama células del ganglio retinal intrínsecamente fotosensibles (ipRGCs) y en realidad no se encuentran en la retina sino en la capa nerviosa que transmite las señales desde los conos y los bastones hasta el cerebro.

Así que como vemos, siempre que un ciego total no tenga dañado el nervio óptico, en realidad sus ojos pueden estar percibiendo la luz de forma inadvertida. De hecho, el cerebro de los ciegos totales que cuentan con ipRGCs operativas percibe las diferencias noche-día y los trastornos asociados a los cambios estacionales.

Podría darse el caso incluso de que estos fotoreceptores fueran los culpables de ciertas migrañas asociadas a la luz que algunos de estos ciegos totales padecen.

Y es que ellos no lo saben, pero su cerebro "ve" a su manera.

Leído en Life's little mysteries.

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