¿Por qué nos ayudamos? Las bases evolutivas del altruismo

Cuaderno de Ciencias

Han pasado más de doscientos años desde el nacimiento de Charles Darwin y más de ciento cincuenta desde la publicación de su obra “El origen de las especies” en el que exponía sus teorías sobre la evolución por selección natural y, aún así, actualmente el gran público todavía conserva muchas ideas incorrectas sobre el tema. Un hecho que el biólogo francés Jacques Monod escenificaba en una clara cita diciendo “un aspecto curioso de la Teoría de la evolución es que todo el mundo cree entenderla”…

Por eso todavía hay muchas personas que piensan que la evolución es solamente una especie de lucha y pelea diaria contra todo y contra todos en la que el pez grande se come al chico y donde la competencia y el egoísmo son las únicas armas válidas para adaptarse. Conceptos como “la supervivencia del más fuerte” o “el mejor adaptado es el que sobrevive” a pesar de ser influyentes en la evolución de una especie, son incompletos y a menudo confunden al público sobre los verdaderos mecanismos evolutivos.

Es un tema tan antiguo que se ha estado debatiendo desde finales del siglo XIX. Es decir: ¿Por qué nos ayudamos?, ¿Existe una base evolutiva en las conductas altruistas?

[Relacionado: La evolución frente a nuestros ojos]

Las primeras aproximaciones al tema podemos atribuírselas al naturalista y político ruso Piotr Kropotkin con la publicación de su obra “El apoyo mutuo, un factor en la evolución” con la que comenzó una larga serie de trabajos científicos que confirmaron que hacer el bien, cooperar, ayudar y en definitiva las conductas altruistas son factores decisivos en la evolución.

Hoy en día ya no hay discusión alguna sobre el altruismo y su papel fundamental en la evolución de las especies. Como bien afirma Juan Ignacio Pérez, los seres humanos somos primates altruistas: Compartimos nuestros bienes, ayudamos al necesitado, cooperamos y dividimos el trabajo.

En la Naturaleza la colaboración y cooperación, incluso entre especies diferentes, es algo muy frecuente, y en numerosos casos es mucho más efectivo que la competencia. El altruismo ha demostrado ser una importante estrategia que favorece la continuación de los genes de una determinada especie.

El célebre etólogo Richard Dawkins nos ofrece un ejemplo fascinante de conducta altruista en su libro “El gen egoísta” en la que algunas especies de pájaros, cuando se acerca un predador como un zorro o un lobo, el “pájaro padre” se aleja cojeando del nido, arrastrando un ala como si estuviese herido. El depredador, pensando que es una presa fácil, persigue al pájaro “herido”, siendo alejado de esta manera del nido donde se encuentran los polluelos… Al final, el pájaro deja de fingir y sale volando, consiguiendo salvar a su prole, aunque eso sí, poniendo en riesgo su propia vida.

Con esta conducta, el ave pone se pone a sí misma en peligro, pero a cambio aumenta las posibilidades de supervivencia de sus polluelos… una estrategia que bien podemos llamar altruista y que contribuye positivamente en la continuación de su descendencia y por tanto de sus genes a la siguiente generación: evolución ante nuestros ojos.

En humanos los comportamientos altruistas son mucho más frecuentes, pero además se dan con el añadido de que en muchas ocasiones se realizan a favor de personas que no son de nuestra familia o de nuestro entorno… desde ceder el asiento en el metro hasta realizar donaciones económicas, las personas somos altruistas desde muy temprano…

El altruismo en la Naturaleza suele tener un interés común y usualmente, las especies cooperan y se ayudan con el objetivo final de obtener un beneficio. Sin embargo, el altruismo total, el hacer algo que no te beneficia en nada, tan solo se ha observado en primates, aunque en el caso de primates no humanos suele estar siempre sesgados y se circunscriben a familiares o compañeros con los que se mantienen relaciones de reciprocidad; de hecho, nunca se hace extensivo a individuos extraños.

Los humanos, hasta lo que hemos podido comprobar hasta el momento, somos los únicos primates que nos comportamos de forma altruista incluso con completos desconocidos.

[No te pierdas: Nuestro cerebro produce su propia versión del “Valium”]

Curiosamente existen experimentos en los que se ha intentado estudiar cómo y cuándo comienzan a aparecer estas conductas altruistas en humanos y resulta que ya están presentes incluso en niños pequeños de apenas 18 meses.

Uno de los artículos científicos más brillantes y sencillos que se han ocupado del tema se llevó a cabo en el Instituto Max Planck de Antropología Evolutiva. El psicólogo Felix Warneken se dispuso a realizar una serie de trabajos rutinarios frente a un grupo de niños de poco más de año y medio, en los que simulaba que un objeto se le caía al suelo en un descuido. Resulta que la mayoría de los niños se acercaba a él, lo recogía y se lo devolvía al investigador sin que éste se lo hubiera pedido.

Contamos con cientos de estudios sobre comportamientos desinteresados en humanos que colocan al altruismo como un factor fundamental en la evolución de nuestra especie. Pero evidentemente, esta generosidad y filantropía, no es ilimitada y también se ha comprobado que las personas tenemos determinadas tendencias a la hora de comportarnos de manera altruista.

Uno de los más recientes estudios sobre esta materia se ha publicado esta semana en el Journal of Experimental Psychology con el objetivo de saber en qué situaciones nos comportamos de manera más altruista.

El experimento es bastante sencillo y buscaba saber si ayudamos más a personas que parecen tristes o a personas que están felices. Para ello los investigadores simulaban entrar a un edificio mientras mantenían una conversación telefónica ficticia en la que en unas ocasiones hablaban alegremente (diciendo “qué alegría”, “qué feliz me haces”, etc…) y en otras fingían estar decaídos y tristes. La idea era saber cuándo se conseguía más ayuda por ejemplo para abrirles la puerta de entrada.

Las conclusiones son curiosas, y hasta cierto punto contra-intuitivas, puesto que la gente que simulaba estar más contenta y feliz consiguió más ayuda… interesante, ¿verdad?

[Si te ha interesado este artículo, te gustará: ¿Podemos aprender cosas nuevas mientras dormimos?]

Referencias científicas y más información:

Hauser, D.J., Preston, S.D., & Stansfield, R.D. (2014). Altruism in the Wild: When Affiliative Motives to Help Positive People Overtake Empathic Motives to Help the Distressed. Journal of Experimental Psychology: General DOI: 10.1037/a0035464

Eric Horowitz “Are People Wired to Help the Needy?” Peer-reviewed by my neurons

Jerry A. Coyne “Why evolution is true” Ed. Crítica (2009) ISBN: 9788498920222

Juan Ignacio Pérez “Sobre los orígenes evolutivos del altruismo” La Naturaleza Humana EiTB (julio 2011)

Richard Dawkins “El Gen Egoísta: Las bases biológicas de nuestra conducta”. Salvat Ciencia. 1976, 1989. ISBN: 8434501783.

Giovani López-Órtiz “El altruismo como factor de la evolución” Universidad Autónoma de México. Cienciateca

Felix Warneken and Michael Tomasello “The roots of human altruism” Department of Developmental and ComparativePsychology, Max Planck Institute for Evolutionary Anthropology