Pequeñas momias de la naturaleza

La evolución entre especie rivales crea soluciones imaginativas y en ocasiones de una crueldad inaudita. Esto es lo que ha venido pasando secularmente entre una especie de escarabajo, llamado pequeño escarabajo de las colmenas, y las abejas que reciben su incómoda visita.

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El pequeño escarabajo de las colmenas es una plaga para los apicultores, que ven cómo se introduce entre sus abejas para devorar a sus larvas. En África, de donde es originario, las especies locales de abejas sin aguijón han desarrollado una técnica para inmovilizar a estos escarabajos cada vez que se introducen en sus colmenas.

Cuando las abejas detectan al invasor comienzan a atacarlo, pero el escarabajo adopta una postura protectora "a lo tortuga", en la que su duro caparazón actúa a modo de escudo. Ante este enroque del escarabajo, las abejas africanas les esperan hasta que el escarabajo se mueve a un espacio confinado, y entonces los inmovilizan en una tumba pegajosa creada con cera, barro y resina de árbol.

El escarabajo, momificado en vida, perece en una lenta agonía atrapado en su prisión para siempre.

Pero hete aquí que el pequeño escarabajo de las colmenas se ha extendido a otros continentes, entre otros América y Australia, donde las especies locales de abejas no se habían enfrentado nunca a su amenaza.

Para sorpresa de los científicos, una especie australiana de abeja sin aguijón (Trigona carbonaria) ha aprendido enseguida a hacerles frente, perfeccionando el truco de sus primas africanas.

Mark Greco, del Centro Suizo para la Investigación con Abejas, descubrió que las obreras de esta especie comienzan a cubrir enseguida a los escarabajos con batumen, una mezcla de cerumen con barro o arena e incluso fibras de plantas, empleadas por estas abejas para construir las entradas a sus nidos.

Mientras las obreras cubren a los escarabajos con batumen, sus compañeras de enjambre atacan todo el rato a los invasores para que no abandonen su postura defensiva. La idea es que no se incorporen o escaparán, de modo que las abejas puedan momificarlos atrapándo su caparazón en un sarcófago de batumen de forma muy rápida.

Para medir la rapidez de la estrategia, Greco introdujo una colmena de estas abejas australianas en un escáner de tomografía computarizada. Luego marcó a 10 escarabajos con sulfato de bario y los colocó a la entrada de los panales.

Los médicos, hacen beber a sus pacientes humanos un cóctel de sulfato de bario para poder observar sus tractos digestivos fácilmente con el escáner. Greco empleó el mismo truco con los escarabajos para poder seguir sus movimientos dentro del panal.

De este modo, el científico descubrió que incluso aunque algunos escarabajos lograron introducirse en el panal, todos quedaron completamente inmovilizados en apenas 10 minutos. Lo que demuestra que su estrategia es mucho más rápida y efectiva que la de sus parientes africanas, que esperaban al escarabajo hasta que se ubicara en un lugar en el que resultaran sencillos de confinar.

¿Cómo puede ser que estas abejas, que solo han compartido un breve período de su historia evolutiva en contacto con el escarabajo, hayan desarrollado una defensa tan efectiva?

Greco cree que la táctica debió surgir con anterioridad para responder a otra especie de amenazas, otra especie de escarabajo tal vez.

Podéis leer el trabajo del equipo de Greco en Natur Wissenchaften.

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