Nuevo estudio sugiere que el lenguaje oculto en el Manuscrito Voynich podría ser real

Cuaderno de Ciencias


Hace más de dos años os hablé en este mismo blog de uno de mis misterios favoritos, el relativo al que para muchos es el libro más extraño jamás escrito, el conocido como Manuscrito Voynich.

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Para refrescaros la memoria decir que este manuscrito del siglo XV, que lleva el nombre de la persona que lo adquirió en 1912 y que en la actualidad se conserva en la biblioteca de la Universdad de Yale, está escrito en un lenguaje desconocido, compuesto por palabras creadas con caracteres extraños, y profusamente ilustrado con figuras de plantas desconocidas, y ninfas desnudas que se bañan en extraños calderos.

La datación con carbono 14 realizada a la piel (papel vitela) en la que está escrito, deja bien a las claras que se trata de una obra del siglo XV por lo que a ciencia cierta se sabe que no es una falsificación promovida por el propio Voynich, conocido mercader de libros antiguos. Lo realmente curioso, es que a pesar de que nada se sabe sobre el contenido de la obra, el lenguaje parece guiarse por reglas de gramática reconocibles, lo cual parece indicar que no es un galimatías inventado sin ton ni son, sino que podría albergar algún contenido encriptado.

Desde su vuelta a la circulación a comienzos del siglo XX, el libro ha sido estudiado repetidas veces por expertos en linguísitica y encriptación, lo cual ha llevado a la comunidad científica a dividirse finalmente entre los que creen que realmente hay un mensaje oculto en el libro que se resiste a entregar sus secretos, y los que creen que simplemente es el engaño inteligente de un bromista del siglo XV que creó una obra destinada a venderse a buen precio a los coleccionistas de rarezas del Renacimiento.

Ahora, un nuevo enfoque estadístico realizado por Marcelo Montemurro de la Universidad de Manchester en el Reino Unido parece dar la razón a los primeros. Para analizar la obra, ha empleado una técnica estadística que barre la obra y recoge los términos más importantes desde el punto de vista de la cantidad de información o significado.

Más que buscar patrones en la palabras (de las que se sabe que comparten prefijos, por ejemplo), el método de Montemurro busca patrones más globales en la frecuencia y agrupación de palabras, lo cual podría indicar un significado. Para ello emplea una técnica que busca la "entropía" de cada término, una medida del equilibrio en su distribución.

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Este método reconoce que las palabras que son particularmente importantes aparecen más frecuentemente, al tiempo que las separa de las que acarrean poca información como "y" o "de". Si se aplica este métido, por ejemplo, a la obra Moby Dick, el término más importante resulta ser "ballena".

Cuando se aplicó este método al Manuscrito Voynich aparecieron términos de alta entropía con una probabilidad mayor de relación en las páginas en las que las ilustraciones sugieren que versan sobre sobre farmacopea y herboristería. Esto apoya la tésis de un significado oculto, ya que efectivamente esas dos secciones están más relacionadas en la vida real que las secciones que, supuestamente, tratan sobre astrología, biología o recetas.

La simple idea de que la conexión lingüística entre estas dos secciones sea mayor (lo cual también se aprecia a simple vista por la similitud de sus dibujos) parece dar nuevos bríos a los defensores de la autenticidad del lenguaje del Manuscrito Voynich. Pero es que además, la estructura que emerge del análisis completo del libro hace que no se puede descartar la opción de un lenguaje oculto, según cuenta Montemurro.

Todo ello pese a que otros trabajos, como el realizado en 2004 por Gordon Rugg de la Universidad de Keele, parecen haber dado con un método de baja tecnología que permite crear lenguajes inventados que parecen auténticos. En su método, Rugg empleaba tarjetas giratorias perforadas que dejaban entrever prefijos, sufijos y sílabas tomadas al azar de la palabras del Voynich. Mediante un simple giro de las tarjetas circulares, de las que fabricó varios modelos, Rugg creó palabras al azar que parecían seguir las normas estructurales de un lenguaje pese a no serlo en absoluto.

Otros de los defensores de que el Voynich es en realidad un engaño, sostienen que es imposible que alguien escriba a mano un libro de 200 páginas sin equivocarse nunca (no hay ni una sola corrección en el libro). A no ser claro está que de igual equivocarse, puesto que el texto no sea más que un galimatías.

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Sea como sea el apasionante debate sigue abierto. Apuesto a que si el anónimo autor de este libro resucitase, estaría encantado de ver que su obra sigue volviendo loco a todo el mundo seis siglos después.
El trabajo de Montemurro se publicó en PLOS one.

Me enteré leyendo NewScientist.com.