Nuestro cerebro produce su propia versión del “Valium”

Lejos han quedado aquellos años en los que estudiábamos la estructura de nuestro sistema nervioso en las clases de biología en el colegio. Ahora, después de tanto tiempo, palabras como tálamo, hipotálamo, lóbulos, cerebelo o tronco encefálico nos suenan confusas y, aunque reconocemos que son partes de nuestro encéfalo, tampoco recordamos mucho más. Por eso creo que, antes de comentar esta interesante noticia, sería buena idea recordar algunos conceptos que nos ayudarán a entenderla mejor.

La neurociencia es uno de los campos científicos que más ha avanzado en las últimas décadas. El estudio de la composición, la estructura y, por supuesto, el funcionamiento de nuestro sistema nervioso nos ha traído conocimientos espectaculares en poco tiempo, sobre todo porque había mucho que entender y lo más importante, aún nos queda una inmensidad por delante. Por eso, los descubrimientos relativos al funcionamiento de nuestro cerebro son muy frecuentes en la actualidad y las revistas científicas especializadas se llenan casi a diario de avances significativos en esta materia.

Aunque casi siempre que hablamos de neurociencia generalizamos, simplificamos y terminamos refiriéndonos al cerebro, debemos saber que éste tan solo es una parte del encéfalo que, a su vez, es la parte superior de todo un intrincado sistema de terminaciones nerviosas repartidas por nuestro cuerpo. No obstante, y aunque solo sea una porción de nuestro sistema nervioso, hay que reconocer que el cerebro es una de las más importantes. Un órgano sorprendente que mezcla señales eléctricas y reacciones químicas para construir nuestra memoria, nuestra consciencia, nuestros sentidos y en definitiva todo lo que somos y lo que percibimos a nuestro alrededor.

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Y cuando hablamos de sentidos y percepciones obligatoriamente tenemos que hacer referencia al tálamo. Se trata de una estructura muy importante y de la que dependen nuestros sentidos (salvo el olfato que tiene un funcionamiento independiente en el cerebro), nuestras sensaciones o nuestro dolor. Se encuentra en el centro mismo del cerebro y es una especie de torre de control hasta la que llegan en primer lugar los estímulos sensoriales.

El tálamo está implicado en una gran variedad de tareas ya que funciona como mediador entre las señales que recibimos mediante nuestros sentidos y su procesamiento que se convierte en percepción. Es por eso que la mayor parte de las neuronas del tálamo son neuronas de “proyección” -un 75% de ellas- ya que se encargan de transmitir la información que reciben.

Como en la mayoría de las neuronas, esa información es transmitida mediante pulsos eléctricos y la liberación de neurotransmisores en los espacios entre neuronas, las sinapsis. Estos neurotransmisores son moléculas “mensajeras” que activan, potencian, modulan o inhiben la actividad de las células nerviosas. Seguro que muchos conocéis el nombre de algunos de estos neurotransmisores: dopamina, serotonina, GABA, glutamato…

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Pues bien, volviendo a la noticia del titular y con el breve resumen que hemos hecho hasta ahora, un grupo de investigadores de la Universidad de Standford ha descubierto que nuestro cerebro produce de forma natural una molécula que funciona a modo de tranquilizante, similar al conocido “Valium”.

El Valium no es más que el nombre comercial de un fármaco -diazepam- que funciona inhibiendo esa transmisión de impulsos nerviosos que hemos visto anteriormente. De esta manera el fármaco tiene efectos diversos actuando como sedante, anticonvulsivo y antiespasmódico, relajante, ansiolítico… en realidad lo que está haciendo el Valium es actuar en nuestro cerebro, disminuyendo e incluso anulando las tareas de estas neuronas que proyectan información en el tálamo uniéndose a los neuroreceptores de GABA potenciando así su acción inhibidora.

Como vemos no todos los neurotransmisores se encargan de activar reacciones, algunos las inhiben. Así, el GABA es un neurotransmisor, es decir una de estas moléculas mensajeras de las que hemos hablado, pero su trabajo en el cerebro es inhibitorio: actúa como modulador disminuyendo el nivel de actividad de las neuronas.

Los científicos han descubierto que en nuestro tálamo una proteína, a la que han llamado “Diazepam Binding Inhibitor” (DPI) funciona de manera muy similar al fármaco Diazepam, potenciando la acción inhibitoria del GABA. Por eso la han llamado así: DPI, lo que significaría que esta proteína funciona como “Potenciador del efecto inhibitorio del diazepam”.

Leyendo el artículo de estos investigadores de Standford, publicado hace unos días en la Revista Neuron, además nos damos cuenta de algo muy interesante:

Los neurotransmisores GABA están muy relacionados con enfermedades como la epilepsia, el alzhéimer, el párkinson o la esquizofrenia cuando no funcionan bien o cuando existe una carencia de ellos. De hecho no solo el Valium actúa como potenciador de la acción inhibitoria de los GABA sino que muchas terapias contra estas enfermedades se basan en fármacos que aumentan los efectos de los GABA.

Así pues, la nueva proteína DPI de nuestro tálamo actúa sobre los mismos receptores nerviosos que los fármacos basados en benzodiacepinas aumentando los efectos inhibitorios de los neurotransmisores GABA y también se convierte en un potente compuesto anti-epiléptico y anti-convulsivo.

Como la mayor parte de los ensayos en neurociencia, los experimentos de los neurocientíficos de Standford se han realizado primeramente en ratones pero esta proteína puede significar un buen paso hacia nuevos y más eficaces tratamientos contra un gran abanico de enfermedades con componentes neuronales como la ansiedad, los trastornos del sueño o la propia epilepsia.

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Referencia

Catherine A. Christian, Anne G. Herbert, Rebecca L. Holt, et al. “Endogenous Positive Allosteric Modulation of GABAa Receptors by Diazepam binding inhibitor” Neuron - 30 May 2013 | doi: 10.1016/j.neuron.2013.04.026

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