Nos enfrentamos al “Air Hockey Robot”… y caemos derrotados estrepitosamente

Cuaderno de Ciencias

Jose Julio me confiesa que se siente abrumado. Me muestra su bandeja de mail y en las últimas horas ha recibido más de 1200 correos, notificaciones y comentarios. El video del robot “Air Hockey” que ha construido en su casa lleva en apenas unas semanas más de un millón de visualizaciones en youtube y ha aparecido referenciado en las principales webs de tecnología de todo el mundo.

Es informático y trabaja en una empresa cartográfica realizando mapas para dispositivos móviles y GPS. Sin embargo su otra afición, a la que se dedica tranquilamente en su casa sin ningún tipo de financiación, es la que le ha lanzado al estrellato como uno de los desarrolladores de drones y robots más populares de la comunidad internacional de DIYDrones (Do it yourself). Y precisamente hasta allí nos hemos desplazado, a una casa repleta de cachivaches, piezas de ordenador y artilugios electrónicos que abarrotan todas las estancias desde que entras por la puerta.

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Tengo que hacer algo de memoria para recordar cuando conocí a Jose Julio. Creo que fue hace unos 5 o 6 años en una convención tecnológica llamada Tenerife Lan Party, en la que ya por aquel entonces nos dejó alucinados a todos haciendo volar de manera autónoma un quadcopter por encima de los asistentes al evento. Desde aquel tiempo hasta ahora sus vehículos voladores han mejorado de manera increíble en todos los aspectos. Vuelan por sí mismos, calculan distancias y alturas, prevén trayectorias y evitan obstáculos automáticamente mientras se desplazan.

Pero uno de los problemas al que se enfrenta cualquier inventor es la dificultad de conseguir las piezas exactas que necesitan. No las puedes encontrar con facilidad y la mayoría ni siquiera existe, por lo que Jose Julio comenzó a introducirse en el mundo de las impresoras 3D con las que poder fabricar él mismo lo que iba necesitando.

El año pasado construyó su primera impresora 3D y con ella ha conseguido realizar algunos objetos realmente precisos ya sea creando él sus propios diseños o utilizando las muchas bases de datos que ya existen para esta tarea.

Por fin tenía una impresora que le permitía fabricar en casa sus propias piezas y con ella realizó su primer proyecto de robot completamente diseñado y construido mediante impresora 3D… el cuerpo, las ruedas, los engranajes, las poleas… un robot ideado, planeado y fabricado hasta el último detalle sin salir de casa, y acoplado a una app para poder controlar sus movimientos desde el teléfono móvil.

Y mientras lo construía surgió la idea… Observó su impresora 3D RepRap, analizó sus componentes, sus desplazamientos, sus materiales, sus motores, y pensó que con esos mismos elementos podría construir algo diferente. La idea empezaba a formarse en su cabeza: ¿Cómo podría hackear los componentes de una impresora 3D para convertirla en algo distinto?

De las muchas posibilidades que se le ocurrieron, Jose Julio quiso concederles un capricho a sus hijas pequeñas (muy aficionadas al “Air Hockey”) y decidió construir un robot que pudiera jugar contra ellas. La tarea que se le presentaba era de las más difíciles a las que se había enfrentado, pero ¿no es eso lo divertido?

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El primer paso fue construir la mesa del juego. Lo curioso es que en un principio no incluyó los típicos agujeros por donde sale el aire que consigue que la pastilla se deslice. Sin embargo, y aunque se podía jugar, lo cierto es que se desplazaba demasiado lenta por el tablero de juego, así que decidió incluir un sistema de aire… y lo gracioso es que lo consiguió tan solo utilizando dos ventiladores viejos de ordenador.

El robot iba a ser lo más complicado. Tenía las piezas y engranajes de un kit de impresora 3D y debía convertirlos en un dispositivo capaz de detectar el movimiento de la pastilla, calcular trayectorias rápidas y devolver el golpe.

Después de varios meses plagados de algoritmos, cálculos y una interminable lista de líneas de código el Robot “Air Hockey” estuvo listo para empezar a probarlo. El sistema comienza en una cámara (reutilizada de una vieja playstation) que capta la panorámica del terreno de juego. Las imágenes llegan a un ordenador que las procesa y calcula las trayectorias de la pastilla de hockey, enviando la información mediante wifi al brazo encargado de golpearla.

Nuestro ingenioso inventor reutilizó las piezas de su impresora 3D y construyó algunas nuevas (como las correas de desplazamiento o las sujeciones al brazo robótico) utilizando también esa misma impresora RepRap… todo fabricado sin salir de casa y sin comprar ni un tornillo fuera.

The Verge, Boing Boing, PC Computer, Gizmodo, Io9… cientos de webs han publicado durante estos días una referencia a este “papá que ha convertido una impresora en un robot para jugar al hockey” y las visitas a sus proyectos se han multiplicado por mil en esta última semana.

En lo que a mí me toca, y después de estar jugando un rato con el Air Hockey Robot he de confesar que, aunque conseguí meterle un gol y a pesar de que el desarrollo tiene que mejorar aún más para ser perfecto, el resultado final, muy a mi pesar, fue favorable a la máquina…

Irreductible 1 – Robot 3… Tras perder miserablemente contra el dispositivo electrónico y ante otra muestra mas la inminente llegada de la singularidad que anunciaba la película Terminator, solo se me ocurre decir “ya te pillaré en la revancha, endiablada máquina” :)

Podéis seguir los proyectos de Jose Julio en su twitter @jjdrones, o visitar su blog de “Ciencia y cacharreo” para descubrir otros robots e ideas alucinantes que ya ha fabricado y las que, a buen seguro, irá inventando próximamente…

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