Los misterios que nos revela la roca más antigua de la Tierra

Cuaderno de Ciencias

En muchas ocasiones la labor de un científico se asemeja a la de un detective. Llegas a la “escena del crimen” y tan solo cuentas con algunos rastros y pistas para componer el puzle y descubrir qué ha pasado realmente. Si además eres un geólogo tu trabajo es aún más complicado puesto que intentas descubrir qué ocurrió en un pasado que cuenta con millones o incluso miles de millones de años de antigüedad.

Sin embargo, a pesar de estas complicaciones, los científicos cuentan con algunas ventajas. El conocimiento de las leyes físicas ha posibilitado un enorme avance en la precisión de las tecnologías de datación. Una de estas nuevas técnicas se conoce como “tomografía atómica” y ha tenido un papel fundamental en el desarrollo de la noticia de hoy: el análisis pormenorizado de la roca más antigua que conocemos hasta el momento.

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Se trata de una diminuta piedra de zircón, de tan solo 200x400 micras de tamaño, encontrada hace ya varios años de Jack Hills al oeste de Australia. Lo que veis en la imagen superior es por tanto una fotografía ampliada de este minúsculo fragmento del pasado lejano de nuestro planeta que, tras su estudio por parte de investigadores de la Universidad de Wisconsin, ha sido datado en 4.400 millones de años de antigüedad.

Pero… ¿Cómo han llegado a esa conclusión?

Los detectives que vemos en series como CSI cuentan con sus métodos de análisis y deducción. El asesino siempre deja algún rastro o huella oculta que finalmente es descubierta y que termina por ser la clave para poder detenerlo. En el caso de esta antigua piedra la clave está en la descomposición de determinados átomos con el paso del tiempo. En concreto, los átomos de uranio y plomo… Estos elementos atómicos se van descomponiendo a lo largo de los años con una precisión tal que bien podrían ser considerados un exacto reloj geológico.

Así pues, si conocemos el ritmo al que se descomponen estos átomos de uranio y plomo, podremos saber con precisión cuándo se formaron… y resulta que este zircón surgió cuando la superficie de Tierra comenzaba a enfriarse en sus épocas más jóvenes.

Está bien, 4.400 millones de años de antigüedad, pero… ¿Para qué nos sirve esta piedra? ¿Nos puede ayudar a descubrir algo más aparte de la curiosidad de saber que es una piedra muy vieja?

Bueno, pues sí… Además de su edad, podemos saber o confirmar muchas otras cosas.

Cuando leéis en la prensa que se han descubierto restos fósiles en yacimientos como Atapuerca o en Dmanisi, es posible que muchos de vosotros penséis que tan solo son huesos antiguos, pero lo cierto es que en realidad son casi como libros en los que se puede leer nuestro pasado… La forma en que fueron enterrados, el estrato en el que fue encontrado, el tipo de dieta que llevaban, las enfermedades que sufrían, la edad a la que morían, las costumbres que tenían. Un simple fósil nos puede revelar una gran cantidad de información sobre cómo eran ellos y, en definitiva, cómo éramos nosotros.

Este diminuto trozo de piedra también nos habla de cómo era nuestro planeta en el momento en el que surgió y contiene pistas de lo ocurrido desde entonces.

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Los zircones son los minerales más antiguos que conocemos y se formaron como resultado de la cristalización de rocas magmáticas. El encontrar uno de estos zircones con una edad en la que pensábamos que la Tierra era aún una bola de fuego en formación, significa que ya en esa época temprana comenzaba a formarse una corteza sólida en la que temperatura descendía rápidamente.

Nuestro planeta tiene una edad aproximada de 4.550 millones de años. En esa época era un cuerpo ardiente y fundido de lava, gases y fuego, que empezaba lentamente a formarse. Sin embargo, el encontrar un fragmento ya solidificado, con 4.400 millones de años, significa que el proceso de enfriamiento de la Tierra fue mucho más rápido de lo que pensábamos hasta ahora.

Esto indica que el paso de bola de fuego fundido a planeta sólido con una corteza fría en su superficie, se produjo de una manera más acelerada de lo que creíamos.

Si además tenemos en cuenta que durante esa época de formación nuestro planeta sufrió una gigantesca colisión con un cuerpo planetario del tamaño de Marte y de cuyos restos surgió nuestra Luna, resulta que el proceso de enfriamiento después de este monumental choque cósmico, fue sorprendentemente veloz.

El estudio se ha publicado en la célebre Revista Nature Geoscience y resulta fascinante lo mucho que puede decirnos sobre nuestro mundo un trozo tan pequeño de él.

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Referencias científicas:

John W. Valley, Aaron J. Cavosie, Takayuki Ushikubo et al. “Hadean age for a post-magma-ocean zircon confirmed by atom-probe tomography” Nature Geoscience (2014) Volume: 7, Pages: 219–223 DOI:10.1038/ngeo2075