Los eléctricos colores del Kawah Ijen

Cuaderno de Ciencias

En el tiempo que lleva este Cuaderno de Ciencias en Yahoo el lector avispado se habrá dado cuenta desde hace tiempo nuestra fascinación por la geología y por una de sus vertientes más espectaculares: Los volcanes.

Por el blog han pasado algunos de los más peligrosos como el Nyragongo, otros colosales pero aún dormidos como el supervolcán bajo Yellowstone e incluso algún gigante que podría estar formándose bajo el océano Pacífico. Y junto a esta pasión magmática también hemos seguido los pasos de los aventureros más arriesgados como Dario Tedesco, el vulcanólogo que escapó por los pelos de una erupción o Alexandre Socci al que no sabría si calificar de apasionado o directamente de loco

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En el artículo de hoy vamos a unir estas dos aficiones para presentaros, por un lado un extraño y curioso volcán de belleza única y por otro, un nuevo fotógrafo arriesgado que se acerca hasta el límite para fotografiarlo.

Viajamos hasta Indonesia para conocer la meseta de Ijen, una gran planicie sobre la que la continuada acción geológica del subsuelo ha ido levantando numerosos estratovolcanes. Uno de los más activos conos de esta caldera, que en total ocupa unos 20 km de ancho, es el Kawah Ijen que se eleva hasta los 2800 metros de altura y que tuvo su última gran erupción en 1999, seguida de otra menor en 2001 en la que solo expulsó cenizas.

Entre los atractivos del lugar podemos encontrar un lago de aguas turquesas, en el que no os recomendamos un baño puesto que sus aguas tienen un ácido PH de 0.5 debido a las emanaciones de ácido sulfúrico del interior.

Pero es precisamente esta alta concentración de azufre lo que otorga al Kawah Ijen una de sus más insólitas características. Los gases tóxicos alcanzan temperaturas de 115 ºC y al llegar la noche los ríos de lava procedentes del volcán se muestran en todo su esplendor con un increíble color azul eléctrico.

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Pero no os dejéis engañar… A pesar de su belleza no es un sitio agradable o seguro. Las emanaciones son altamente tóxicas y desprenden un persistente olor a “huevo podrido” tan característico del azufre. Aun así, cada día una cuadrilla de 150 mineros se adentra en la base de la caldera para extraerlo en uno de los trabajos más desagradecidos y poco saludables del mundo.

Sin embargo, y aunque el escenario no es el más apropiado para estos trabajadores indonesios, la panorámica que ofrece la caldera y los inusuales colores que proceden de su interior representan todo un aliciente para cualquier aficionado a la fotografía.

Es aquí donde os presento a Olivier Grunewald, el hombre que mejor ha captado la extraña y peligrosa belleza de estos parajes volcánicos. En 2008 visitó por primera vez esta caldera sulfurosa de Indonesia y desde entonces ha realizado numerosos viajes para atrapar con su cámara algunas de las imágenes más impactantes que he visto en un volcán.

Grunewald lleva fotografiando volcanes desde 1997 pero las fotografías que ha conseguido realizar del Kawah Ijen le han valido multitud de galardones, incluyendo el prestigioso World Press Photo, cuyo premio ha ganado hasta en cuatro ocasiones.

En su web personal podéis disfrutar de su trabajo, no solo con su labor como fotógrafo de volcanes sino de varias secciones, también estupendas, de Naturaleza y Fauna.

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