Los dientes en el Paleolítico sufrían menos incidencia de caries

Vives en la Edad de Piedra, el clima ha cambiado acabando con la glaciación y tus presas habituales en otro tiempo (mamuts, rinocerontes lanudos) se han extinguido. Los bosques se expanden y tienes que aprender a cazar presas más escurridizas y pequeñas como ciervos y jabalís. La vida en el Mesolítico no es fácil para un cazador-recolector.

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Tu dieta se compone principalmente de carne - la "chicha" de toda la vida - eso de las frutas, verduras y cereales no va mucho contigo. Ni te imaginas como será tener un cepillo de dientes de esos que usarán los humanos del siglo XXI, porque aún faltan 10.000 años para que Bárcenas salga en los telediarios indignando a diestro y siniestro. ¿Cepillo de dientes? Ni siquiera usas cepillo para quitarle las garrapatas a un amigo recién llegado a tu vida y muy útil en las cacerías, el perro.

Te miras en el río, abres la boca para ver tu reflejo y ahí está tu sonrisa perfecta. Nada de caries ni enfermedades que horaden los dientes que te quedan. Después de tanta pelea con los fortachones de tu clan y tras tanto hueso roído hasta el tuétano es normal estar un poco mellado sí, pero... ¿y lo blancos que están los dientes que quedan en su sitio? Y eso que no les prestas mucha atención higiénica, todo lo más ayudarse con una fina ramita para sacarse un trozo de ganso salvaje entre dos molares.

¿Cómo es posible se preguntaría un dentista de hoy en día?

Eso es lo que se propuso averiguar - ya en el presente - un equipo internacional de investigadores liderados por un grupo australiano de la Universidad de Adelaida. Para ello se aprovecharon de una interesante peculiaridad de la placa dental: su capacidad para preservar bacterias humanas.

Tomando los cráneos de 34 "pacientes" prehistóricos nor-europeos, que prestaron sus mandíbulas para el experimento, los científicos pudieron extraer ADN de las bacterias orales de estos últimos cazadores-recolectores del Mesolítico, y los compararon con otros dos grupos de humanos más recientes: uno compuesto por agricultores de la Edad Media, y el último por habitantes del mundo que despertó a la Revolución Industrial en el siglo XVIII. ¿El objetivo? Observar cómo los cambios en la dieta de la población influyeron en la incidencia de enfermedades dentales muy comunes hoy en día.

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Los investigadores descubrieron que la composición de la masa bacteriana en nuestras bocas cambió con el inicio de la vida en las granjas medievales, y que también varió con la llegada de la máquina de vapor.

Al contrario que lo sucedido con los cazadores-recolectores, y con la dieta de los primeros agricultores, la dieta moderna está dominada por la presencia de carbohidratos y azúcares, lo cual ha empeorado la salud bucal por la acción de las bacterias que producen cavidades en nuestros dientes.

Tal y como explica la doctora Christina Adler, de la Universidad de Sidney: "Lo que descubrimos fue que el primer grupo (el de habitantes del Mesolítico) mostraba una frecuencia mucho menor de enfermedades bucales asociadas a bacterias de lo que se ve hoy en día, y que el número de especies de bacterias presentes en su boca (es decir su diversidad) era mucho mayor en el pasado".

Precisamente esa mayor diversidad bacteriana en las bocas de los cazadores-recolectores podría explicar que sus dientes fueran mucho más resistentes al estrés, y probablemente menos proclives a desarrollar enfermedades periodontales.

Al parecer, con la llegada de la Revolución Industrial, bacterias como la S. mutans, asociada al desarrollo de la caries, se hicieron dominantes. Sin embargo, la incidencia de enfermedades periodontales como la gingivitis no ha cambiado demasiado desde los tiempos de los granjeros.

Este último dato también tiene interés cardiovascular, porque algunos científicos habían sugerido que la presencia de inflamaciones permanentes en las encías como las provocadas por enfermedades periodontales como la gingivitis, podrían de algún modo estar relacionadas con el desarrollo de algunas enfermedades cardiovasculares.

Sin embargo, como este nuevo estudio parece sugerir que los dientes de nuestros antepasados medievales ya padecían la gingivitis en niveles similares a los nuestros, los investigadores creen que se puede descartar la relación antes sugerida.

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Lo que no parece claro es cómo se lo tomarán los defensores de la dieta Paleolítica, que también los hay, y salen reforzados tras este estudio. ¿Pondrán el grito en el cielo los vegetarianos? Todo puede ser...

El trabajo se publicó en la revista Nature genetics.

Me enteré leyendo la web de Abc.net Australia.

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