Las confusiones más comunes sobre la homeopatía

Javier Pelaez

El pasado 4 de febrero os dejaba un artículo titulado "¿Qué es el suicidio homeopático mundial?" que fue muy visitado y comentado. Sin embargo, en los comentarios (algunos de ellos muy críticos), se puede observar que aún existen muchas confusiones y malentendidos sobre qué es realmente la homeopatía y por qué no funciona.

Por todo ello, creo que sería muy conveniente regresar sobre el tema de la homeopatía y realizar un artículo con el que explicar los errores más extendidos respecto a esta pseudociencia.

Por Javier Peláez.

Es posible que muchos de vosotros uséis o hayáis usado la homeopatía. Desde aquí me gustaría indicar que, por supuesto, respeto la libertad de cada uno para tratase con la terapia que estime conveniente. Sin embargo, estoy convencido de que antes de tomar cualquier decisión, siempre es positivo contar con todos los puntos de vista y con la mayor información posible. Estoy seguro de que estaréis de acuerdo en que cuantos más datos e información tengáis a vuestro alcance mejores serán las posibilidades de elegir correctamente por vosotros mismos.

En primer lugar vamos a hacer un poco de historia para ponernos en situación y encontrarnos con el primer protagonista de nuestro artículo: Christian Friedrich Samuel Hahnemann, un médico alemán al que se atribuye su invención durante los primeros años del siglo XIX.

Como veis, aquí tenemos el primer malentendido de los que creen que nos encontramos ante una "terapia milenaria". En realidad, la homeopatía tiene algo más de 200 años y en aquella época tuvo relativo éxito por varias razones.

La primera y más importante es que en aquel tiempo el ejercicio de la aún incipiente medicina era realmente brutal. Se utilizaban técnicas y compuestos nocivos que empeoraban (o incluso envenenaban) a los enfermos en lugar de curarlos. Arsénico, plomo, antimonio o mercurio, eran utilizados en medicina de manera indiscriminada consiguiendo empeorar más que curar. Por este motivo, las soluciones diluidas de Hahnemann consiguieron salvar bastantes vidas, pero no porque curaran sino porque, simplemente, dejaban de envenenar a los enfermos.

Desde aquellos tiempos hasta ahora, los postulados de la homeopatía han continuado imperturbables basados en dos principios fundamentales que, por absurdos que parezcan, son los siguientes:

1. La ley de los similares. Consiste en la creencia de que si una sustancia causa unos determinados síntomas en una persona sana, curará esos mismos síntomas en una persona enferma.

Así comenzaron los primeros estudios homeopáticos que consistían en probar una sustancia tóxica, anotar los síntomas que producía y a partir de ahí, elaborar un preparado con esa sustancia para curar esos mismos síntomas en pacientes enfermos.

Una creencia realmente descabellada, que jamás ha podido ser probada científicamente y que lleva a resultados tan surrealistas como los siguientes.

Si padeces insomnio la cura es... ¡la cafeína! Absurdo, pero no me miréis a mí, como dice James Randi, no ha sido idea mía. En efecto, si comprobáis los prospectos de determinados productos homeopáticos tranquilizantes comprobaréis que se realizan a partir de lo que llaman "Coffe Cruda", en efecto: cafeína.

En un divertidísimo video grabado en la prestigiosa Universidad de Princeton, el asombroso James Randi, que durante décadas se ha caracterizado por luchar contra las pseudociencias, explica muy claramente por qué la homeopatía no funciona.

2. La Ley de los infinitesimales. Una teoría que rompería todas las leyes de la física (incluida las de la termodinámica) y que consiste en que cuanto más diluida esté una sustancia, más potente es.

Menos es más.

Si la primera ley debería dejarnos por los menos con bastantes dudas de su eficacia, esta nueva ley de los infinitesimales debería dejarlo todo muy claro.

El proceso es así: se toma una sustancia (siguiendo los postulados de la primera ley) y se disuelve en agua una y otra vez. Cada disolución debe estar precedida de un proceso de "sucusión", lo que significa que cada vez que disolvamos la sustancia en agua, antes se debe agitar y mezclar (hacia arriba, hacia abajo y hacia los lados).

Pero, ¿hasta qué punto se disuelve esa sustancia?

Pues bien, la respuesta la podéis encontrar en los propios prospectos de los productos homeopáticos y se designan con un número seguido de la letra C o CH (podéis comprobarlo en cualquiera de ellos).

Pongamos un ejemplo con las disoluciones de 30CH.

Esto significa que se disuelve (con su correspondiente sucusión) una parte de una sustancia en 10 elevado a 30 de agua. Para verlo más claro: 1 entre 1.000.000.000.000.000.000.000.000.000.000 (uno seguido de 30 ceros).

Aunque para algunos homeópatas, esto aún seguiría siendo "demasiado potente" y prefieren las disoluciones de 50CH, (uno seguido de 50 ceros), algo que, según el galardonado físico Sir Martin Rees, es equiparable a diluir una sustancia del tamaño de un grano de arroz en un océano del tamaño del sistema solar.

Como vemos, los principios en los que se basa la homeopatía no tienen ninguna base real y jamás han podido ser demostrados científicamente. Sin embargo, hay mucha gente que cree en ella... ¿Por qué?

Bueno, la respuesta no es fácil. El ser humano está acostumbrado a buscar patrones. Vemos una nube y creemos ver una figura, un conejo o un caballo. Nuestro cerebro ha crecido buscando esos patrones para sobrevivir y los sigue buscando para conectarnos con la realidad. Nos tomamos una pastilla, nos curamos y encontramos un patrón.

Sin embargo olvidamos cientos de cosas, como por ejemplo, nuestro sistema inmunológico.

Nuestro cuerpo tiene defensas propias que luchan contra las enfermedades y que nos auto-curan, nos cicatrizan y reparan. No obstante, tomamos una pastilla, nos curamos y creemos encontrar la relación entre esos dos hechos, sin pararnos a pensar qué hubiera pasado si no hubiéramos tomado ninguna pastilla... Seguramente, nuestro sistema inmunológico, nuestros linfocitos, nuestras plaquetas, nuestros glóbulos blancos, todas nuestras células defensoras nos hubieran curado igualmente.

El ejemplo más determinante de este hecho es una simple gripe. Actualmente no existe ninguna cura contra la gripe (salvo la vacuna antes de contraerla), lo único que podemos hacer es esperar a que nuestro sistema inmunológico se ponga en marcha y nos cure. Si alguien se toma una pastilla y después de unos días se cura, es posible que crea que esa pastilla le ha curado, pero no es cierto.

Otro elemento que nunca gusta recordar es el efecto placebo. Un fenómeno por el que los síntomas de una enfermedad remiten mediante el tratamiento con una sustancia que no tiene efectos.

Mucha gente dice aquello "pues a mí me funciona". Y es cierto que funciona. Pero, en la búsqueda de patrones comunes, se puede estar olvidando de que seguramente le hubiera funcionado con cualquier otro remedio: no existe ningún estudio científico que haya demostrado que la homeopatía funcione más allá de un placebo administrado en las mismas circunstancias. Al igual, hay que añadir, que lo que ocurre con placebos en niños y animales, no hay ninguna prueba científica.

Aun así, mucha gente puede estar utilizando la homeopatía porque se vende en farmacias (homeopáticas), la recetan algunos médicos o incluso hay países que financian tratamientos con ella.

Estas cuestiones son fáciles de contestar: la homeopatía se vende simplemente porque la gente la compra. Es un negocio (como otro cualquiera) y al no tener ningún efecto negativo (ni positivo, porque tan sólo es agua) no necesita demostrar su eficacia.

En efecto, según el Real Decreto 1345/2007 los productos homeopáticos pueden ser autorizados sin necesidad de demostrar eficacia alguna. Es decir, la homeopatía (puesto que es sólo agua) NO necesita demostrar ninguna eficacia para ser recetada, es más, hasta yo mismo podría hacerlo puesto que, para vuestra información, tengo el título de "Especialista en homeopatía" certificado por la mayor corporación homeopática del planeta.

Por ello, y como la homeopatía tan sólo es agua diluida millones y millones de veces, y no presenta ningún efecto, algunos países (recibiendo generosas compensaciones por parte de la industria homeopática) han permitido e incluso financiado estos tratamientos.

Sin embargo, esta situación se está acabando. El año pasado, uno de los principales países que la apoyaba, Reino Unido, ha comenzado a dar marcha atrás. En febrero de 2010, la Cámara de los comunes decidió que la homeopatía debía dejar de etiquetarse como una medicina, a la vista de la inexistencia de base científica más allá del placebo. Además, solicitó parar la financiación de estos productos, ya que es una forma de avalarlo y de ir en contra de sus principios, puesto que esta institución sólo financia tratamientos "tras seguir una apropiada consideración de sus pruebas".

En junio de 2010 la British Medical Association (Asociación Médica Británica) acordó calificar la homeopatía de disparate y avisó de los posibles perjuicios que podría conllevar al paciente el abandono de tratamientos convencionales en a favor de otros homeopáticos.

Para mayor información podéis leer las preguntas más frecuentes sobre la homeopatía en esta web.

[Relacionado: ¿Qué es el suicidio homeopático mundial?]