La teoría del choque entre las dos lunas del planeta Tierra

Cuaderno de Ciencias

No podemos decir que nuestro planeta sea joven. Si tenemos en cuenta su formación hace unos 4.500 millones de años y su más que probable final dentro de unos 5.000, bien podemos afirmar que la Tierra es, en realidad, un planeta adulto. Y, a pesar de la aparente tranquilidad de los días en los que vivimos, en el periplo que lleva recorrido no todo ha sido serenidad y calma.

Recordando el artículo del pasado martes y el resumen en video del explosivo nacimiento de la Tierra, hoy nos llega una noticia que podría resolver una duda que lleva intrigando a los científicos durante siglos y que corresponde a la formación de la Luna.

Nuesto satélite es el resultado de un espectacular choque entre la Tierra y otro cuerpo celeste de un tamaño aproximado al de Marte. Aquel encontronazo lanzó al espacio millones y millones de toneladas de material que, por efecto de la gravedad, se fueron uniendo para conformar nuestra Luna.

No obstante, en el proceso de formación de la Luna aún quedan muchos aspectos y lagunas para los que no existe una respuesta exacta, como por ejemplo las grandes diferencias que se observan entre las dos caras del satélite lunar. La Luna presenta dos hemisferios radicalmente distintos: en uno abundan las llanuras y en el otro se alzan altas formaciones montañosas que conforman un cuerpo extrañamente asimétrico.

Para intentar resolver estos misterios los científicos Martin Jutzi y Erik Asphaug han publicado un artículo en la prestigiosa Revista Nature titulado Forming the lunar farside highlands by accretion of a companion moon que arroja resultados sorprendentes. Según este estudio el material expulsado de aquel choque planetario no dio lugar a una sola luna, sino a dos. Esta hipótesis significaría que nuestro satélite tuvo a su vez una pequeña luna orbitando a su alrededor.

Valiéndose de investigaciones previas, los científicos han presentado simulaciones de impacto en las que esta pequeña hermana de nuestro satélite terminó colisionando contra la cara oculta, dando como resultado las formaciones rocosas existentes en ese hemisferio, tan diferentes a las extensas planicies de la cara visitada por los astronautas. Sorprendentemente, aquel impacto no resultó como esperaríamos, sino que se produjo "a cámara lenta". De hecho, si las dos lunas hubieran colisionado bruscamente, el producto final hubiera sido un gran cráter; sin embargo, los relieves rocosos de la cara oculta sugieren que el choque sucedió lentamente (unos 2,4 km/s).

Este encontronado a baja velocidad pudo ser el responsable de la diferencia en el terreno entre las dos caras de nuestro satélite. Una hipótesis que, de ser cierta, terminaría con muchos años de dudas sobre la evidente asimetría entre la cara lisa y la arrugada de la Luna.