La NASA resucita un gen de 500 millones de años

Imagen de una bacteria
Imagen de una bacteria

Imagina que los científicos logran resucitar un gen bacteriano de hace 500 millones de años e insertarla e una bacteria moderna. Bien, ya puedes dejar de imaginar, investigadores del Instituto Tecnológico de Georgia (Georgia Tech) han conseguido semejante logro mediante un proceso llamado "evolución paleo-experimental".

En 2008, Eric Gaucher, profesor asociado de Biología en el Georgia Tech, logró determinar con éxito la antigua secuencia genética de una proteína llamada Factor de Elongación Tu (EF-Tu).

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Además de resultar esencial para el organismo de la bacteria Escherichia coli (E. coli), y ser una de las proteínas más abundantes, la EF-Tu se encuentra en cualquier forma de vida celular. Es precisamente este rol vital lo que hizo que los científicos se decidieran por esta proteína para hacerse una serie de preguntas muy interesantes sobre la evolución.

Después de conseguir que esta versión arcaica de la proteína EF-Tu, con la secuencia genética que tenía hace 500 millones de años, encajara en el orden y posición cromosómica correcta de la versión actual del genoma de la bacteria E-Coli (lo cual no fue sencillo) los científicos produjeron 8 linajes bacterianos idénticos y se sentaron a ver cómo re-evolucionaba esta quimérica forma de vida.

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Lo que observaron en primer lugar, es que el organismo alterado tanto con genes antiguos como modernos logró sobrevivir, aunque crecía a un ritmo dos veces más lento que su "prima" moderna. Además, no era tan saludable como su versión actual, al menos inicialmente.

Tras las primeras 500 generaciones, los científicos secuenciaron los genomas de los 8 linajes para determinar el modo en que la bacteria se había adaptado a la convivencia con la versión primitiva del EF-Tu. Al hacerlo, descubrieron que su nivel de salud se había incrementado hasta casi alcanzar los niveles de bienestar de la bacteria moderna. Para su sorpresa, descubrieron incluso que algunos de los linajes alterados se habían hecho más saludables que sus compañeros modernos.

Sin embargo, al estudiar cómo había evolucionado el EF-Tu, descubrieron que en realidad esta proteína no había mutado. Las que si lo habían hecho eran las proteínas modernas que interactuaban con la versión primitiva del EF-Tu. Fueron estas mutaciones, las que mejoraron el bienestar de la bacteria.

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Resumiendo, el gen antiguo no había mutado hacia una versión más cercana a su forma moderna, sino que había sido la propia bacteria la que había encontrado un camino evolutivo que la permitió adaptarse al cambio.

Los resultados se han hecho públicos en una reciente conferencia organizada por el Instituto Astrobiológico de la NASA (NAI).

En palabras del científico Betül Kaçar, especialista del NAI en Orígenes Ribosomales y Evolución: "Creemos que este proceso nos permitirá abordar questiones que llevan años desconcertándonos, tanto en biología molecuar como evolutiva. Entre ellos, queremos saber si la historia pasada de un organismo limita su futuro, y si la evolución conduce siempre a un punto único y definido, o si en cambio ofrece múltiples soluciones a un problema dado".

Sin duda interesantísimas preguntas a las que tal vez podamos dar respuesta gracias a esta bacteria "Frankenstein".

Me enteré leyendo la nota de prensa del Georgia Tech.

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