La evolución frente a nuestros ojos

José de Toledo

A menudo pensamos en la evolución como un proceso largo de miles o incluso millones de años. Normalmente esto es así, pero hay casos de evolución muy rápida en las que podemos ver a las especies adaptarse frente a nuestros propios ojos.

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Elefantes sin colmillos para evitar la caza.

Los colmillos de los elefantes no son un mero adorno; son una herramienta que les sirve para defenderse y hallar alimento. De manera natural, entre un 2-5% de los machos de elefante asiático nacen sin colmillos. Sin embargo, en los últimos tiempos este porcentaje se ha elevado a un 5-10%

Existen dos posibles explicaciones para este hecho. La primera pasaría por un cambio en la selección de pareja por parte de las hembras. Pasarían de elegir machos con largos colmillos, capaces de defender a las hembras y de proporcionarles alimento, a aquellos carentes de colmillos. La explicación alternativa parece más razonable. Los machos sin colmillos tendrían más probabilidades de llegar a la edad adulta, ya que son cazados con menos intensidad. Al tener mayor éxito reproductivo, es decir, mayor número de crías, la característica "sin colmillos" se volvería más común.

Un invitado no deseado y un baile para deshacerse de él.

La presencia de especies invasoras supone un motor evolutivo único. Habitualmente no tienen relación con ninguna otra especie del ecosistema, suponiendo un reto totalmente nuevo para los seres vivos con los que se encuentran.

Las adaptaciones para hacer frente a estos nuevos vecinos suelen ser imaginativas. Por ejemplo, la lagartija escamosa de pradera (Sceloporus undulatus) "baila" para evitar a la hormiga de fuego (Solenopsis invicta).

Este comportamiento es común para todas las lagartijas de esta especie cuando son crías. Si se encuentran con las hormigas, realizan su "baile" y se agitan para quitárselas de encima, ya que entre varias de ellas podrían cazarlas y llevarlas a su hormiguero.

No ocurre lo mismo con los adultos. Aquellos que no conviven con las hormigas de fuego confían en su tamaño y no se baten al encontrarse con ellas. Sin embargo, los adultos de poblaciones que sí conviven con la especie invasora saben que su única solución es realizar el "baile" para quitárselas de encima.

En este caso, la evolución ha llegado más allá del desarrollo de un comportamiento para enfrentarse a ellas. Las nuevas generaciones de lagartija que conviven con las hormigas invasoras tienen las patas más largas para mejorar el "baile" y evitar la depredación.

Inmunidad frente a la contaminación.

El río Hudson es uno de los más famosos de Estados Unidos, especialmente por su localización en la frontera entre Nueva York y Nueva Jersey; también lo es por aparecer en muchas películas y series. Desgraciadamente, tiene otra característica que le hace conocido: es uno de los ríos más contaminados del planeta.

Un tóxico muy habitual en sus aguas es el bifenol policlorado (PCBs en sus siglas en inglés). Esta sustancia provoca cáncer y deformidades en las crías de todas las especies. A pesar de haber sido prohibido en 1979, no es biodegradable y permanece en el ambiente durante siglos. Todos los seres vivos presentes en el Hudson sufren las consecuencias de su presencia. Todos salvo un pequeño pez, el Tomcod atlántico (Microgadus tomcod), familiar del bacalao. Éstos han conseguido modificar la proteína que se encarga del metabolismo de los PCBs, evitando sus efectos nocivos.

Se trata de un caso de evolución rápida. En 20-50 generaciones, la población de tomcod del río Hudson ha conseguido inmunidad frente a una sustancia muy peligrosa, mientras que otras poblaciones cercanas carecen de esta capacidad. Esto hace pensar que la mutación existía ya, aunque en un porcentaje reducido, y que la selección natural ha trabajado a marchas forzadas.