¿Quieres esquivar a la demencia? Entonces piensa

Jubilados jugando al ajedrez en un parque. (Imagen Creative Commons de Zoetnet).
Jubilados jugando al ajedrez en un parque. (Imagen Creative Commons de Zoetnet).

Hace dos años, en una entrevista a un experto en ELA publicada en Scientific American, la periodista estaba interesada en saber si la asombrosa resistencia de Hawking a esta terrible enfermedad motoneuronal no tendría que ver con su genialidad. ¿Estaría de algún modo la intensa actividad intelectual del físico británico frenando el desarrollo de la enfermedad? La respuesta del experto fue simplemente "no", el ELA no afecta a las neuronas cognitivas. Sin embargo existen otras enfermedades degenerativas que sí atacan a estas neuronas (como el Alzheimer) en las que la actividad cerebral del paciente si podría actuar como un "tapón" que frenase su avance. Al menos eso se desprende de un recientísismo estudio publicado hace dos días en la revista JAMA Neurology.

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El citado estudio, realizado en la prestigiosa Clínica Mayo de Phoenix (Arizona), viene a decir que la mejor medicina preventiva para tu cerebro es simplemente poner la mente a funcionar. ¿Has tenido una buena educación? ¿Has trabajado toda tu vida ejerciendo una actividad que demandaba atención intelectual? Entonces tu cerebro está de enhorabuena, incluso aunque portes la variante genética APOE4 (apolipoproteína E), que incrementa el riesgo de desarrollo del Alzheimer.

La muestra empleada para el estudio fue de casi 2.000 pacientes con edades comprendidas entre los 70 y los 89 años, y casi una tercera parte de ellos portaban el gen APOE4. A pesar de que los resultados se han hecho públicos ahora, el estudio comenzó en octubre de 2004.

Todos ellos tuvieron que rellenar formularios donde describían su nivel de formación, la ocupación que profesaron antes de jubilarse, y las actividades cognitivas que habían realizado durante distintas fases de su vida. Las actividades consideradas como estimulantes del intelecto, si se practicaban al menos tres veces por semana, eran las siguientes: leer libros y revistas, juegos y pasatiempos (por ejemplo crucigramas, sudokus, etc.), tocar instrumentos, y participar en actividades artísticas o artesanales.

Cada participante en el estudio pasó por toda una batería de pruebas neuropsicológicas encaminadas a medir varias habilidades cognitivas, entre las que se incluían las funciones ejecutivas, el lenguaje y la memoria. Con los resultados de todas esas pruebas se elaboró un ranking de habilidades que englobaba a todos los participantes.

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¿Qué conclusiones se extraen del estudio? Pues que existe una notable relación entre lo alto o bajo que uno se situase en ese ranking, y el momento en que aparecieron las discapacidades congnitivas. Las diferencias se hicieron enormes especialmente entre los portadores del gen APOE4, ya que aquellos que se situaron en el 25% de cabeza del ránking, tardaron de media 8,5 años más en dar las primeras muestras de demencia, en comparación a los que se situaron en el 25% de cola.

También descubrieron que los efectos beneficiosos de haber recibido una educación superior durante la juventud duran toda la vida, ya que en promedio, aquellos que lograron mayor reconocimiento educativo (y que mantuvieron una actividad cognitiva constante) se mantuvieron alejados de la demencia 5 años más que el resto, independientemente de si portaban el APOE4 o no.

¿Significa eso que para los que no pudieron acceder a la universidad ya no hay nada que hacer? Pues no, para aquellos que comenzaron a practicar actividades estimuladoras del intelecto en su mediana edad, el impacto fue tremendamente beneficioso, especialmente si poseían un bajo nivel educativo (los de mayor riesgo). Para estas personas, el momento de la irrupción de la demencia se retrasó 3,2 años entre los portadores del gen APOE4 y ni más ni menos que 7,3 años para los no portadores.

Resumiendo: nunca es tarde para poner la mente a funcionar. Empieza ya mismo y disfrútalo cuando te llegue la edad dorada de la jubilación.

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Me enteré leyendo este artículo publicado en el Pacific Standard.

La foto Creative Commons la encontré en el Flickr de Zoetnet.

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